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Policía ante asesinatos de uniformados: “Nos hemos convertido en una estadística”

Christhian Colina

El Nuevo Herald.- El jefe de la pandilla sale de un dormitorio oscuro con dos tétricos trofeos: un chaleco antibalas y una pistola de 9 mm, ambos quitados a un policía asesinado. El nombre de Venezuela ha sido por mucho tiempo sinónimo de derramamiento de sangre. El país cuenta con la tasa de homicidios mayor del mundo después de Honduras, y la violencia es algo tan cotidiano que solamente los crímenes más espectaculares parecen llegar a las noticias.

No obstante, la policía es la que está siendo atacada. Ha habido asaltos a estaciones de policía con granadas de mano y ametralladoras. A los patrulleros los asaltan para arrebatarles sus motos, los chalecos antibalas y las armas. Hasta el momento este año, 125 agentes de policía han sido asesinados sólo en el Gran Caracas. Si la misma tasa existiera en Estados Unidos, sería el equivalente de 6.572 policías asesinados. En lugar de eso, solamente han muerto a tiros 32 policías en Estados Unidos.

“Enrique” –quien encabeza una pandilla de 15 narcos, traficantes de armas, ladrones y secuestradores endurecidos– aceptó hablar bajo la condición de mantener el anonimato. Exhibiendo la pistola Glock que según él su pandilla se la quitó a un policía el mes pasado, dijo que las autoridades no tenían suficientes armas.

“La policía quiere hacernos la guerra, pero no pueden”, dijo. “Nosotros estamos mejor armados”. En teoría, las armas de fuego están extremadamente reguladas en Venezuela y el gobierno realiza operaciones ocasionales para sacarlas de las calles.

Pero Enrique dijo que policías y militares necesitados de dinero suministran a las pandillas todo lo que quieran. Una AR-15, AK-47 u otra ametralladora pueden costar 1.2 millones de bolívares, o sea, unos $1,700 si se compran con dólares del mercado negro. Una granada de mano cuesta unos $71. “La policía está muy corrupta”, dijo. “Ellos no ganan nada, y por eso, para hacer un poquito más de dinero, te venden sus armas de fuego o sus municiones. Si no fuera por la policía no tendríamos armas; no tendríamos nada”.

Jesús Eduardo Lamas es el subdirector de la fuerza policial de 1.658 miembros del estado de Miranda, el cual incluye parte de la Gran Caracas. De los policías muertos este año, seis han sido agentes suyos. Aunque él admite que puede haber casos de policías corruptos dentro de la fuerza de policía nacional, la vasta mayoría de los agentes son honestos, mal pagados y trabajan duro.

Un policía en la escala más baja de Miranda gana 386 mil bolívares al año en sueldo y beneficios. Si se viera obligado a cambiar ese dinero por dólares en la calle, resultaría alrededor de $550. Cualquiera de los hombres y mujeres que trabajan a su mando podría ganar más haciendo otra cosa, dijo, pero ellos aman su trabajo con pasión. “Ser policía en este país ahorita requiere un alto grado de heroísmo”, dijo. “Los criminales están mucho mejor armados que nosotros… Ellos tienen acceso a armamento que nosotros ni siquiera tenemos autoridad para portar”.

Lamas dijo que las granadas o bien provienen de las fuerzas armadas o están siendo entradas de contrabando en el país. “Después que las detonan es prácticamente imposible saber de dónde vienen”, explicó. “Pero nosotros como policía no tenemos acceso a esas armas. Todo eso tiene que venir del gobierno nacional”.

Rafael Graterol, comisionado de la Policía de Miranda en La Urbina, dijo que sus agentes se han convertido en blancos tanto económicos como simbólicos. “Matar a un agente de la policía es una doble victoria (para los criminales) (…) ellos consiguen nuestras armas, pero también consiguen el respeto de los demás miembros de su pandilla. Lo más triste es que nos hemos acostumbrado a convertirnos en una estadística más”.

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