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La Lupa

Políticos con alas de cera: el “síndrome Ícaro”

La emoción por volar nunca va a desaparecer, pero antes de emprender es importante escuchar, atender a la experiencia y no sobrepasar los límites personales, sobre todo si ya se conocen. En el devenir político hay que establecer objetivos realistas y alcanzables, trazar una ruta consciente de los obstáculos y de las imperfecciones del momento. Ícaro, después de sobrevolar con éxito las islas de Samos, Delos, Paros, Lebintos y Calimna subió demasiado hacia el hermoso sol hasta que la cera se derritió y perdió sus alas, para luego caer estrepitosamente en el mar

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Caracas.- En la ciudad de Nápoles, Italia, específicamente en la galería nacional de Capodimonte, se encuentra el cuadro de Carlo Saraceni de 1585, la caída de Icaro. Esta leyenda artística dentro de la mitología griega hace referencia al sueño de vivir en libertad, el poder del ingenio y el deseo de ir más lejos sin reflexionar sobre aquellos impulsos que nos pueden conducir al fracaso. Ícaro, desobediente y ambicioso, no solo ignoró los consejos de su padre Dédalo, sino también subestimó el poder del sol y termino cayendo en las profundidades marinas. No te acerques tanto al calor si vuelas con alas de cera.

La caída de Ícaro es un mito contemporáneo vigente de nuestros tiempos. Sobre todo, cuando evaluamos las dificultades del presente como las paredes de un laberinto, como el de Creta. En la vida están aquellos que desde el terreno intentan escapar, guiándose por el ovillo y las señales del camino, descifrando los obstáculos del día a día. Otros, simplemente buscan alzar vuelo para tener una mejor perspectiva, salir por aire a pesar del riesgo y dejarlo todo atrás. En ambos casos, el escape es una necesidad para comprender la realidad a través de caminos diferentes pero la ambición desmedida puede terminar muy mal.

La emoción por volar nunca va a desaparecer, pero antes de emprender es importante escuchar, atender a la experiencia y no sobrepasar los límites personales, sobre todo si ya se conocen. En el devenir político hay que establecer objetivos realistas y alcanzables, trazar una ruta consciente de los obstáculos y de las imperfecciones del momento. Ícaro, después de sobrevolar con éxito las islas de Samos, Delos, Paros, Lebintos y Calimna subió demasiado hacia el hermoso sol hasta que la cera se derritió y perdió sus alas, para luego caer estrepitosamente en el mar. Dédalo por su lado, llegó sano y salvo a Sicilia, pero lamentando la creación que le permitió su propio escape, unas alas.

La mitología griega siempre ha sido un espejo para la humanidad cuando ponemos sobre la mesa el análisis de las pasiones humanas y sus desenlaces. Hoy la política debe alejarse del martirio, de las intenciones y las aventuras que ponen el riesgo la prosperidad de cualquier proyecto político. Para avanzar, es necesario tomar algo de pausa y construir una estrategia que se fundamente en lo racional, sin que esto represente volar tan bajo como una perdiz o volar muy alto como un halcón. Los excesos siempre generan efectos adversos y todos podemos ser víctimas de ellos. Un buen proyecto político debe terminar por materializarse y no por convertirse en una leyenda. Los Ícaros pasan a la historia, pero no pueden volver a volar.

Dejarse llevar por la propia arrogancia y rechazar la ponderación puede salir muy caro. En el mundo político electoral suele ocurrir el “Síndrome Ícaro”, lideres que al transitar unos cuantos kilómetros se dejan seducir por el brillo que está en el camino y no llegan a su destino final. Posicionan lo efímero por encima de lo sostenible, priorizan el escándalo, la rivalidad, evaden la comprensión de las dificultades del camino y la persuasión como instrumento de la política. El problema nunca serán las alas, ni emprender el vuelo, el problema a veces somos nosotros mismos y la mala administración de las emociones del momento.

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Desde la mitología griega a nuestros tiempos modernos, observamos que la aviación y la política tienen muchas cosas en común pero que mejor reflexión de los hermanos Wright, pioneros de la aviación que esta:

"La persona que simplemente observa el vuelo de un pájaro se queda con la impresión de que el pájaro no piensa nada para hacerlo. En realidad, esa es una parte muy pequeña de su trabajo mental. El pájaro ha aprendido el arte del equilibrio; esta habilidad no es evidente a nuestros ojos. Sólo aprendemos a apreciarla cuando tratamos de imitarla." W. Wright

 



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