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Por estas razones no le auguran un final feliz a la “libre convertibilidad” decretada por el Gobierno

El Cooperante | 13 septiembre, 2018

Caracas.- “Ni un dólar para los golpistas, los desestabilizadores y los especuladores. Los dólares van para el pueblo”, fueron las palabras con el que fallecido presidente Hugo Chávez anunció la primera implementación de control cambiario de su Gobierno y la creación de un  la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) con la que se pretendía “defender” las reservas de divisas internacionales.

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La medida surgió después del paro petrolero de 2002-2003, como parte del primer convenio cambiario del Ejecutivo con el Banco Central de Venezuela (BCV) para frenar la fuga de divisas, cuando las reservas cayeron de poco más de 15,000 millones a 14,000 millones de dólares. También se estableció que Pdvsa, canal del 80% de los ingresos en dólares de la nación para entonces, debía vender todas sus divisas al BCV.

Pero a quince años de estos anuncios y con el país sumido en un profunda crisis económica, el Gobierno, ahora encabezado por Nicolás Maduro, emprende una serie de medidas con las que, aseguran, habrá libre convertibilidad de la moneda en todo el territorio nacional.

No obstante, expertos en materia económica advierten que esto no es del todo cierto, y es que el Ejecutivo seguirá teniendo el control del mercado, al determinar, entre otros aspectos, la tasa a la que serán vendidas las divisas. Para el economista Asdrúbal Oliveros, las nuevas medidas del Gobierno no significan el fin del control cambiario implementado en 2003, sino la continuación de estos. No se augura un final feliz para este nuevo intento de Maduro por crear confianza en el mercado en general. 


A su juicio, la “libre convertibilidad”, no es más que una mutación de los controles cambiarios que van desde Cadivi hasta el Dicom.

El golpe contra las casas de bolsa

Con Cadivi en pleno funcionamiento y la Ley de Ilícitos Cambiarios que, entre otras cosas, prohibía la libre transacción de divisas, las casas de bolsa fungieron como espacios de escape para aquellos inversionistas que no podían transar con el Gobierno o no tenían oportunidad de invertir en el mercado, fuertemente agobiado en 2008 por la inflación galopante.

No obstante, el exministro de Planificación, Jorge Giordani, consideró que esta actividad era la raíz del capitalismo, por lo que había que incluirla dentro de la larga lista de prohibiciones. En 2010, las casas de bolsa del país fueron señaladas por el Ejecutivo de incidir directamente en hechos de corrupción que propiciaban el alza del dólar paralelo y a su vez, la inflación, por lo que fueron obligadas a cesar sus operaciones.

Pero ante la escasez de divisas y el estancamiento del mercado, el Ejecutivo creó una figura a través de la cual transar todas estas operaciones: el Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (Sitme), el cual estaba adscrito al BCV, único ente autorizado para realizar todas las actividades que antes se ejecutaban desde las casas de bolsa.

En este mismo año, el bolívar sufrió dos devaluaciones continuas. La primera, fue cuando la tasa de cambio pasó de 2,15 bolívares por dólar a 2,6 bolívares para importación de productos básicos, y a 4,3 bolívares por dólar para todos aquellos que quisieran optar por el cupo electrónico o viajero de Cadivi. Y la segunda, fue cuando ambas tasas se unificaron, quedando en 4,3 bolívares la tasa oficial por dólar, tanto para jurídicos como para naturales.

De Cadivi a Cencoex

Para el año 2010, funcionaban conjuntamente Cadivi y el Sitme, ambos entes reguladores del mercado de divisas manejados por el Gobierno nacional.

En 2013, salió a la luz pública el escándalo de corrupción de los 25,000 millones de dólares, el cual, fue reconocido por los mismos personeros del oficialismo, encabezados entonces por Maduro, aún no electo presidente, pero designado por Chávez para ocupar el cargo ante su deterioradon estado de salud.

En ese año, para tratar de limpiar el “cadivaso”, Maduro autorizó la creación del Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex), con el que se pretendía erradicar la corrupción. El Cencoex se convirtió en un mega mecanismo de control, que asumió a Cadivi y al Sitme.

“Este nuevo registro, que será bien exigente, busca acabar con cualquier elemento distorsionador del cadivismo parasitario, que perforó las instituciones”, dijo Maduro cuando juramentó el nuevo ente, para el cual se designó al exministro de Petróleo, Rafael Ramírez, como director.

Tres años más tarde, se ejecutaría otra devaluación más para la moneda bajo la figura de Cadivi.

Sicad

En febrero de 2013 se efectuó la primera devaluación al mando de Maduro. Entonces, el dólar pasó de 4,30 bolívares a 6,30 bolívares. Sumado a esto, el Sitme fue eliminado y se creó, en cambio, el Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad), sin embargo, este nuevo método de control cambiario, a diferencia de su predecesor, no manejaba una tasa fija, sino una flotante que variaba acorde a la demanda y oferta.

Esto ocasionó que el dólar a Bs. 6,30 desapareciera paulatinamente y consecuentemente se originó una devaluación monetaria sin límites. Durante los casi dos años que estuvo activo este mecanismo, se liberó un promedio de 6,5 millardos de dólares en una tasa promedio de 10,88 bolívares, hasta el último conteo de subastas en noviembre de 2014, según Cuentas Claras.

De Sicad a Sicad I y II

Con la crisis económica más acentuada y la notable escasez de alimentos y productos básicos, el Ejecutivo decidió implementar nuevas medidas para agudizar el control de divisas. A un año de su creación, en 2014, Sicad pasó a ser Sicad I y además se instauró un sistema complementario llamado Sicad II, a fin de cubrir la alta demanda.

A diferencia del Sicad I, Sicad II pretendía ser un sistema independiente que, aunque supervisado por el BCV, no establecía límites al momento de la compra de divisas. Las personas, jurídicas o naturales, podían comprar divisas o títulos de valor en moneda extranjera tal como se hacía en las casas de bolsa eliminadas en 2010. Asimismo, mientras que el Sicad I era una subasta, el Sicad II funcionaba más como un mercado permuta.

Según el entonces vicepresidente para el Área Económica, Rafael Ramírez, el Sicad II era un sistema ciego en el que nadie intervenía, por lo que esperaba en que en poco tiempo equilibrara el mercado y anulara por sí solo al ya gobernante mercado paralelo.

“Va a ir satisfaciendo la demanda con la oferta, e iremos teniendo un sistema muchísimo más equilibrado, racional, y vamos a ir dando señales a nuestra economía en el sentido de que para nada es necesario y conveniente acudir al mercado paralelo”.

A través del Sicad II, se subastaron 5.4 millardos de dólares, sin embargo, este mecanismo sumó otro fracaso para el Gobierno, quien a un año de su instauración, lo unificó con Sicad I, que volvió a ser Sicad y asumió el cupo de viajeros y el cupo electrónico, todo a una tasa inicial de 12 bolívares por dólar.

Tres controles cambiarios en simultáneo

Con Cencoex y Sicad activos, en febrero de 2015 se creó el Sistema Marginal de Divisas (Simadi) con el cual, quienes no pudieron acceder a las divisas por los métodos anteriores podrían hacerlo a través de este. Simadi fue el sustituto, por así decirlo, del Sicad II, y es que a través de este se podía transar tal como en el mercado permuta a una tasa flotante que variaría acorde a la demanda y oferta.

“Este mecanismo es muy positivo porque va a permitir el acceso libre a las personas que requieran las divisas, donde los demandantes y los oferentes se puedan cruzar entre sí”, dijo el entonces el ministro para Economía, Finanzas y Banca Pública, Rodolfo Marco Torres.

A diferencia de su predecesor, el Sicad II, Simadi limitaba el monto de compra de dólares por día, con un máximo de USD 300. “Es todo un arsenal de orientaciones que se viene tomando a través del Ejecutivo Nacional, con mucha coordinación del Banco Central de Venezuela, para apuntalar, reestructurar lo productivo, y que esto satisfaga la demanda nacional”, dijo entonces el presidente del BCV, Nelson Merentes.

Pero al igual que con los sistemas anteriores, la demanda superaba la oferta y esto propició la venta del dólar paralelo cotizado desde 2010 por  Dolar Today.

Un nuevo sistema de control cada año

Un año más tarde, en marzo de 2016, entró en vigencia el Convenio de Cambio N° 35, a través del cual se implementaron el Dipro (cambio protegido) y el Dicom (cambio complementario), a fin de controlar la inversión de las divisas asignadas.

El Dipro, inició con una tasa de 10 bolívares por dólar, y su único mercado a cubrir  era el de bienes, servicios y remesas “prioritarias”.

Mientras que el Dicom, ofrecía divisas para el resto de las operaciones que no estuviesen incluidas en el Dipro, pero a una tasa variante por la demanda y la oferta, que inició en Bs. 206,92 por dólar, en referencia a la última cotización del Simadi, sistema al cual sustituyó.

Al igual que Sicad II, el Dicom, aunque no sería restringido en cuanto a la tarifa de venta del dólar sino que esta sería fluctuante y supervisado por el BCV.

No obstante, la activación del Dicom no se llevó a cabo sino después de un año. En mayo de 2017, el ministro de Economía y Finanzas, Ramón Lobo, anunció el relanzamiento de este mecanismo bajo el nombre de Dicom 2, el cual inició su primera subasta el 25 de mayo con un precio de Bs. 2010 por dólar. Su predecesor, el Simadi, cerró con una tarifa de Bs. 727,97, lo que significó una devaluación de más del cien por ciento.

Dicom no solo arrancó con una tarifa elevada, sino que también, pese a ser una subasta, limitaba el monto de compra de dólares, siendo el tope de USD 500 trimestrales para personas naturales, muchísimo menos que con el sistema anterior, que permitía hasta USD 300 diarios, y el equivalente al 30% del ingreso bruto mensual con base en la declaración de impuestos sobre la renta para las empresas.

Aunque el Dicom sigue vigente, no ha operado continuamente sino que ha estado meses paralizando y retomando las subastas. Además, ha sufrido varios cambios en su estructura. Por su parte, el Dipro finalmente desapareció del mercado a inicios de 2018, eliminando definitivamente la tasa preferencial para las empresas.

Derogación de la Ley de Ilícitos Cambiarios

Con la crisis económica en todo su apogeo, el Gobierno ha decidido emprender una reforma económica que, superficialmente, apunta la eliminación del control cambiario.

A finales de agosto se derogó la Ley contra Ilícitos Cambiarios, no obstante, se estableció el BCV y las casas de cambio autorizadas por este ente, los únicos que pueden realizar la libre comercialización de divisas. Asimismo, se estableció como tasa de canje inicial la misma del Dicom, entonces cifrada en poco más de seis millones de bolívares por dólar, monto cercano al de la tasa paralela.

La mayoría de los analistas coinciden en que la derogación no conduce a una verdadera liberación, pues tal como manifestó recientemente Tareck El Aissami, las “subastas” continuarán, y la confianza en que la tasa publicada al cierre de cada jornada no sea producto de la manipulación del Gobierno es casi inexistente.

Quince años de controles

Pese a que el Gobierno inició los controles cambiarios bajo el argumento de evitar la fuga de divisas y, a su vez, de las reservas internacionales, lo cierto es que en los últimos quince años, las reservas ha caído estrepitosamente. Cuando Chávez llegó al poder,en enero de 1999, la reservas cifraban poco más de 14,000 millones de dólares y cerraron en poco más de 15,000 millones de dólares.

Al cierre de 2003, pese al paro petrolero y la implementación de los controles cambiarios, la reservas sufrieron un alza notable, pasando el techo de los USD 20,000 millones. En 2008, año de la bonanza petrolera, las reservas internacionales de Venezuela alcanzaron los 42,000 millones de dólares, y aunque decayeron en los años siguientes, se mantuvieron en promedio en los USD 29,000 millones.

Pero en 2013, las reservas sufrieron otra estrepitosa caída, y se ubicaron en poco más de 21,000 millones. Después de 2014, no ha habido recuperación. El año 2017 cerró con las reservas más bajas desde 1995 y 2018 arrancó, igualmente, con las reservas más bajas desde entonces.

En resumidas cuentas, el mecanismo de control implementado en 2003, no ha evitado la fuga de divisas, y es que, aunque en los años de bonanza parecía haber surtido un efecto positivo, lo cierto es que el alza de las reservas se debió al gran ingreso por las exportaciones petroleras.

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