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La Lupa

Presión y quiebre "soft": la nueva política de EE. UU. hacia Venezuela

La justicia norteamericana acusó a 5 personas entre las que está el exgobernador de Táchira, José Vielma Mora, por corrupción porque las cajas Clap tienen sobreprecio. Antes de este anuncio, mi análisis fue que no había relación entre la acusación contra Alex Saab y el gobierno de Biden, más allá de la operación para extraditarlo que EUA adelantó, seguramente porque habrá un nuevo gobierno en Cabo Verde. El actual perdió las elecciones. Una segunda acusación es demasiada casualidad y la política “la inventó el diablo” como dijo CAP. No es descabellado pensar, entonces, que los EUA se mantienen en la estrategia de la “presión y el quiebre” pero ahora por una vía “soft” que es la lucha contra la corrupción y no la amenaza de una acción militar “sobre la mesa o debajo de la mesa”. Quizás lo que se busca es que el chavista cuestione la grosera y grotesca corrupción de personas vinculadas a la cúpula del gobierno. Uno se puede inmolar por la patria, pero no por la corrupción

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Caracas- Para el portal de la casa, El Cooperante, escribí el 15-3-21 un artículo que examinó la política de Biden hacia Venezuela. La pregunta que orientó el texto fue ¿Tendrá éxito esta política? La respuesta del artículo fue que no básicamente porque, aunque con otros medios, la lógica era la misma que la política de Trump: la “presión y el quiebre”. Pero a diferencia de Trump que centró esta política en amenazas para ver si se producía “la fractura militar”, Biden propone lograrlo a través de una “presión multilateral”. En el artículo escribí que, en vez de la presión, los EUA orientaran recursos para que la oposición pudiera construir algo como una “infraestructura política” que le diera capacidades para competir en elecciones. No sé si mi idea fue buena, pero la oposición va a elecciones, no con una “infraestructura” tan sólida como la tuvo en el pasado.

De marzo a noviembre los EUA no han podido construir la anunciada “presión multilateral”. En un sentido, la región está balcanizada a pesar que se pudo lograr la Cumbre de la CELAC. Pero hay distancias ideológicas y problemas en los países que hacen complicado edificar una “presión multilateral”.

Blinken viajó recientemente a la región. En Ecuador pronunció un discurso centrado menos en la seguridad o en las amenazas, y más en hablar cómo hacer para que la democracia funcione. La propuesta del secretario de Estado es estimular el capital social -la confianza entre las personas de una comunidad- para que las asociaciones puedan brotar y el tejido democrático fortalecerse. Un discurso más humilde, en clave Tocqueville, que reconoce que las políticas centradas en el discurso de las “amenazas” no fueron eficaces en América Latina y, más bien, son un recuerdo ingrato en nuestros países la intervención de los EUA para tumbar gobiernos como el de Arbenz en Guatemala, Bosch en República Dominicana, o el de Allende en Chile.

La “receta Blinken” ya no son “hombres fuertes” como en los 70-80’s sino mejorar la calidad de vida de la población desde la propia comunidad. Una lógica de la “Alianza para el progreso” de Kennedy, pero más moderna: no solo aprobar recursos, sino como el secretario de Estado afirmó en Ecuador que “(…)se trate a las comunidades locales como socios en lugar de sumirlas en un pernicioso ciclo de deuda”. La medida del cambio de visión es que para los EUA las comunidades ya no son solamente receptoras de fondos sino socios en condiciones de igualdad en proyectos para mejorar su calidad de vida.

El no poder construir esta “presión multilateral” llevó a un cambio en la táctica de los EUA hacia el gobierno de Maduro. Las acusaciones contra Saab y Vielma Mora explican este cambio que busca estimular que el mundo chavista se mueva con una lógica que no apunta a la amenaza sino a la interpelación. En sencillo, no es el TIAR, es la corrupción.

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Aunque periodistas con mucho más conocimiento sobre el caso Saab como el colombiano Gerardo Reyes, entrevistado en el programa “Cocuyo claro y raspao” del día 21-10-21 que conducen Luz Mely Reyes y Xavier Coscojuela, opinó que la acusación contra Vielma es un mensaje a Saab para decirle que la justicia norteamericana puede tener una acusación gruesa contra el empresario acusado de lavado de dinero para intimidarlo, la seguidilla de los anuncios de cargos primero contra Saab y luego contra Vilema Mora, hace pensar que la casualidad no es tanta.

Quizás lo que los EUA buscan es ver si estas acusaciones mueven algo dentro del mundo chavista en contra de Maduro o que la dirección del gobierno sea cuestionada. La estrategia de Trump cohesionó al chavismo porque éste se sintió amenazado y la respuesta del gobierno fue un discurso nacionalista tipo “La planta insolente…” que lejos de debilitar a Maduro lo reforzó. El y Cabello recibieron la legitimidad de las bases chavistas que vieron peligrar su proyecto por una oposición que apeló a la insurrección, primero con las amenazas a los militares para ver si se producía “el quiebre” en la institución, hasta la fracasada “Operación Gedeón” de mayo de 2020. Trump y el interinato lograron cohesionar más al chavismo.

Pero la corrupción es diferente. Puede tener otras consecuencias. No es lo mismo estar dispuesto a inmolarse por un proyecto que se percibe amenazado por una fuerza externa, que hacerlo por personas acusadas de corrupción en un momento en que la situación del país si bien se espera menos contracción económica o un modesto crecimiento, en términos de la calidad de los servicios públicos ha empeorado. En otras palabras, es rudo vivir en Venezuela. Si es duro existir, que se hable de corrupción puede hacer esa vivencia más desagradable. Mientras los venezolanos pasan trabajo para llevar una vida, personas del círculo del alto gobierno se enriquecen y, como es la corrupción chavista, de manera grosera y obscena. Además, lo hacen con programas que, en teoría, benefician “al pueblo”: la vivienda y los alimentos.

Es más difícil para el gobierno defenderse de una acusación de corrupción que de una amenaza de Trump cuando anunció que destroyers estarían en aguas del Caribe. Lo segundo cohesiona, lo primero interpela.

Tan es así que cuando se anunció la extradición de Alex Saab y fue informado de los cargos por los que se le acusa, el gobierno reaccionó de forma muy terminante. Hasta Maduro entró en su defensa, quien se había mantenido al margen de la pelea por Saab. Cabello también entró en la defensa del hombre de negocios.

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Pero cuando se anunciaron los cargos contra Vielma Mora, nadie habló. No hubo reacción. Ni siquiera del acusado. Un silencio que me lleva a pensar que el gobierno de Maduro entiende este posible cambio de táctica de los EUA, se dio cuenta porque sobre reaccionó por el caso Saab y mostró vulnerabilidades, por lo que adoptó un perfil de normalidad, de la cotidianidad de una gestión de gobierno.

Los EUA miden a Maduro, lo “precisan” para ver cómo reacciona y hasta dónde llegará. Auscultarán si estos casos remueven internamente al chavismo porque, aunque deben ser probados en una corte, interpelan al ser acusaciones contra personas importantes del mundo oficial. No será suficiente afirmar que es un “ataque del imperialismo” sino habrá que responder preguntas como ¿realmente Vielma Mora cobró comisiones al aceptar inflar el precio de las cajas Clap? ¿qué hace el contralor de la república en un video en el cual defiende a Saab, cuando su organismo debería investigar si efectivamente hubo sobreprecios y engaño en los contratos de vivienda que recibió el empresario detenido en los EUA, y si hubo corrupción en el programa Clap en Táchira durante la gestión de Vielma Mora? Son preguntas que personas que apoyan al “proceso” se pueden hacer y que cuestionarían al gobierno y al PSUV.

A favor está que ni Maduro ni Cabello han sido mencionados en los documentos de acusación, tanto en el caso Saab como en el caso Vielma Mora. Una cosa es que se asuma que puedan saber de la corrupción y otra que realmente estén involucrados. Esa diferencia les da autoridad en su base. Pero esto no evita que la base chavista -y Venezuela en general- queden con la idea que lo que hubo durante los gobiernos chavistas fue una rapiña con los dineros públicos. La acusación contra Vielma Mora calcula unos 1.600 millones de dólares por actividades ilegales. Es la misma cantidad que el gobierno reclama por el oro que está en el Banco de Inglaterra. En el caso Saab, el monto de lo ilegal puede ser de poco más de 350 millones de dólares. En apenas dos acusaciones hay involucrados por manejos tramposos casi 2.000 millones de dólares. Los gobiernos chavistas permitieron una galopante corrupción que nos llevó a la carraplana. Un verdadero pillaje.

El ciudadano puede sentir y re-sentir que no tiene luz, agua, gas o gasolina porque personas del círculo del gobierno se robaron el dinero en nombre de programas para el pueblo, llámese Clap o llámese Gran Misión Vivienda Venezuela.

En el artículo de marzo para El Cooperante se concluyó que la política de Biden hacia Venezuela no tendría éxito porque estaba anclada en el “paradigma de la presión y el quiebre”. En la versión “soft” de las acusaciones judiciales contra figuras del y cercanas al gobierno, tampoco creo que se producirá “la fractura”. Sí puede generarse una conciencia de la importancia y el daño que la corrupción hace en la calidad de vida de las personas, en una sociedad que tradicionalmente ha sido y es tolerante hacia la corrupción y la acepta como parte de su vida. Sin embargo, la benevolencia puede cuestionarse porque las personas hacen una atribución disposicional acerca de las consecuencias de la corrupción para tener la vida ruda y mala que los venezolanos llevamos.

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Pero sin una oposición que le de sentido a esta conciencia no pasará nada. El gobierno se cuidará más. Adoptará medidas para disminuir el robo, pero no habrá cambio político porque la oposición no está en capacidad para hacerlo. No solo porque tampoco tiene autoridad para hablar de manejos transparentes -el caso Monómeros es la evidencia que destaca más, así se molesten los que hablan que “no hay equivalencia moral” entre el gobierno y la oposición - sino porque no tiene fuerza política ni relato de nación para interpelar al país chavista acerca de la corrupción de su cúpula.

La política de Biden hacia Venezuela tropieza con la misma piedra: el “quiebre” pero por la vía “soft” de acusaciones por corrupción contra personas cercanas al gobierno. Es “el mismo musiú pero con diferente cachimbo”. En vez de insistir en una política que fracasó, puede orientar a la oposición para que se construya como fuerza política la que, con un relato de nación, pueda hacer viable el deseo de cambio que hay en Venezuela y poder acabar con la corrupción que hundió a nuestro país.



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