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Qué pena con la señora Bachelet

Elizabeth Fuentes | 20 junio, 2019

Caracas.- Hace solo diez días, el canciller Jorge Arreaza acusó de mentirosa a la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), porque revelaron que son cuatro millones de venezolanos los que han huido del país, obviamente a consecuencia de la crisis generada por el Gobierno de Nicolás Maduro.

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“Los refugiados y desplazados no huyen porque es su elección sino porque se ven empujados por el peligro”, aseveró Filippo Grandi, el Alto Comisionado para los refugiados de la ONU luego de develar las escandalosas cifras y asegurar que, por primera vez, “tenemos una crisis en una región del mundo (se refería a Venezuela y Honduras) que hasta hace pocos años creímos que había logrado una relativa estabilidad”, dijo Grandi durante la presentación del informe anual de la ACNUR.





Pero como si se tratara de una proyección – el siquiatra Jorge Rodríguez sabe bien de qué se trata-, el Canciller Arreaza le respondió groseramente y con argumentos que seguramente conoce muy bien: “Mienten e inflan cifras para pedir y recibir más recursos con destino incierto, en medio de una rebatiña parasitaria, a costa de la dignidad y los derechos humanos de los venezolanos”, reaccionó ante las estruendosas cifras de refugiados venezolanos que había publicado el organismo. Cifras que además colocan a los venezolanos en el primer lugar a la hora de solicitar asilo – 341.800 solo el año pasado-, como reveló hoy el informe oficial de la ONU a propósito del Día Mundial de los Refugiados, una pizca frente a esos cuatro millones que tanto enfurecieron a Arreaza.

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Y resulta que ese es el mismo canciller que ha recibido con bombos, conciertos y platillos a Michelle Bachellet, la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, vale decir, compañera de trabajo e intereses de Filippo Grandi, el diplomático italiano que lleva media vida participando en operaciones humanitarias en Palestina, Afghanistan, Yemen o el Congo, por mencionar solamente algunos países, donde ha desplegado una trayectoria impecable pero a quien Arreaza insulta y agrede porque los números que reveló no le gustaron.





Con la misma prepotencia con la que niegan las cifras de inflación, pobreza o desnutrición, casi repitiendo el mismo gesto de Nicolás Maduro ante la prueba indiscutible que le mostraba el periodista Jorge Ramos -la grabación de jóvenes miserables comiendo de camiones de la basura- , Arreaza y su Gobierno tratarán primero de empalagar a la Bachelet hasta donde la realidad se los permita. Le mostrarán viviendas en fotos, bolsas CLAP, hospitales recién pintados y las celdas de los presos políticos más limpias que el Eurobuilding donde se aloja la exmandataria chilena.

Tratarán de convencerla de que las sanciones de Estados Unidos y sus aliados fueron las que hundieron a Venezuela en la miseria y que la oposición es el brazo armado de Donald Trump para acabar con Maduro y robarse nuestro petróleo.

Pero una vez que la Bachelet vea lo que tenga que ver y diga lo que debería decir, cuando la realidad se les atraviese a la señora y los resultados de su visita no sea precisamente favorables al régimen, ya veremos a Maduro y Arreaza y el resto del combo sacando a pasear nuevamente su lenguaje soez para despachar de un plumazo cualquier posibilidad de que otros logren oler la podredumbre que rodea al país, ese mal olor que nos cerca y nos asfixia y que tarde o temprano llegará hasta Fuerte Tiuna.

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