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Investigación

Radiografías del hambre: Los tres casos que ponen en duda que solo indigentes comen de la basura 

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Caracas, 11 de marzo.- Pasadas las 5:30 de la tarde -hora donde la ciudad colapsa- empieza a verse en Chacao, un municipio que era considerado uno de los más ricos de Venezuela, grupos de personas, no más de cinco, tomando la basura que dejan los restaurantes, fruterías y edificios en las calles. Urgan, comen, buscan, huelen y van guardando en sacos, dejando impactados a todos los que pasan por el frente.

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Son varias las veces que ya he presenciado casos como estos, pero solo tres me han dejado realmente sin aliento. Cuando esperaba para entrar a un supermercado de la zona, vi cuando por los menos tres hombres, una mujer y un niño -de unos de 10 años- empezaron a buscar entre las bolsas y comer.

Trozos de sobras de patilla, los comían hasta casi devorarse la concha; uno de ellos agarró partes de piña y sobras de pollo, en realidad yo no veía qué más podía comer, eran casi los huesos, pero él comía. La mujer, que desconozco si era la madre del infante, no probó casi un bocado, yo no la vi, lo que sí observé es que lo que encontraba lo guardaba en un bolso. El pequeño sí comía, entre la oscuridad y a un lado de sus acompañantes, con una ganas como si no hubiese ingerido nada en días.

Los compradores que esperaban por pagar en caja y algunos a mi lado no ocultaban su asombro, intercambiaban miradas sin pronunciar una sola palabra. Sin embargo, algo a mí me llamó poderosamente la atención, además por supuesto del lamentable cuadro, y es que las personas que se "alimentaban" de los desperdicios no parecían estar sumidas en la indigencia, llevaban ropa vieja sí, pero limpia y bañados.

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El segundo hecho fue el de una  mujer morena, de estatura baja, le calculé unos 35 años, con una bebé de meses de nacida en sus brazos y un niño que podría tener ocho años, apostada en dos panaderías de la jurisdicción, pidiendo aunque sea un pedacito de pan o "algo para comer". A quien los ayudaba la mujer le pronunciaba un "gracias" con una leve sonrisa. A ellos se les notaba la necesidad y el abandono.

En Venezuela la pobreza extrema, según datos extraoficiales, alcanzó el 76%. La profunda crisis general que atraviesa la nación petrolera incluso desapareció a la denominada "clase media", la inflación -que ya acumula más de 42% este año- hace a los venezolanos cada día más pobres y una Canasta Alimentaria cada día más costosa (621.106,98 en enero) con un sueldo mínimo que a duras penas alcanza dos días.

"La pobreza extrema o indigencia se entiende como la situación en que no se dispone de los recursos que permitan satisfacer al menos las necesidades básicas de alimentación. En otras palabras, se considera como 'pobres extremos' a las personas que residen en hogares cuyos ingresos no alcanzan para adquirir una canasta básica de alimentos, así lo destinaran en su totalidad a dicho fin. A su vez, se entiende como "pobreza total" la situación en que los ingresos son inferiores al valor de una canasta básica de bienes y servicios, tanto alimentarios como no alimentarios", define la Comisión Económica Para América Latina y El Caribe (Cepal). Esta explicación describe en su totalidad el día a día de los venezolanos.

El último suceso fue hace apenas dos días, en las afueras de una frutería, eran dos mujeres, las vi de lejos, tomaban los cocos que estaban tirados y guardaron unos cuantos, revisaron y revisaron las bolsas y se llevaron pocas sobras, en escasos minutos, embolsaron lo que pudieron.  Las féminas, al contrario de los dos episodios antes mencionados, no encajaban -solo por su manera de vestir- en un caso de pobreza extrema, si por algún lado me las llegara a topar, no imaginaría nunca que tienen que recurrir a la basura para encontrar algo para "nutrirse".



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