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La Lupa

Ramón Guillermo Aveledo: La lógica de los extremos no debe seguir imponiéndose

Descarta la confrontación como salida a la crisis política entre el grupo en el poder y la oposición

Archivo

Caracas / Foto Portada: Archivo.- La ecuación de Ramón Guillermo Aveledo para salir de la crisis pasa por la combinación de distintos factores: la actuación de la comunidad internacional, la protesta, y que los actores políticos ofrezcan una promesa atractiva y creíble "en la que nadie se sienta excluido", pues las elecciones parlamentarias y la consulta popular evidencian que "la mayor parte de los venezolanos está desencantada de las opciones políticas y quiere otra cosa".

Lea también: Guillermo Tell Aveledo: El gobierno interino tiene capacidades limitadas porque hay una derrota política importante

Aveledo es doctor en Ciencias Política con Diplomacia en Gerencia, Literatura Inglesa y Técnica Legislativa. Profesor de Postgrado en la Universidad Metropolitana (Unimet) y de Maestría en Derecho Constitucional de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Desde 2010 preside el Instituto de Estudios Parlamentarios Fermín Toro y en 2018, fue elegido miembro de número de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales. Aveledo se desempeñó como secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) desde marzo de 2009 hasta julio de 2014. En una entrevista concedida a El Cooperante afirmó que mientras el grupo en el poder insista en "hacer trampa" y "violar la constitución" no se resolverá la crisis política.

Sobre la continuidad legislativa y la existencia de dos parlamentos, expresó que la de mayoría oficialista no es reconocida por la mayoría de los venezolanos ni por la comunidad internacional, mientras que la que preside Juan Guaidó, tiene un funcionamiento "bastante impedido", ambas han devenido en una grave crisis de representatividad donde el más afectado es el ciudadano de a pie.

Los venezolanos deben vencer la antipolítica y la lógica de los extremos no debe imponerse sobre la inmensa mayoría que se mueve alrededor del centro. Para Aveledo una parte de la solución al problema es la negociación, pero advierte que el país no puede esperar a pagar el precio de una dictadura o la guerra para un reencuentro con la política y la convivencia, extraviadas desde hace más de 20 años

¿Cuál es el balance que usted hace de un país cuyos bloques en disputa buscan legitimar dos parlamentos?

Esta circunstancia evidente es un síntoma de la grave y prolongada crisis no resuelta en el país y es una realidad que ocasiona graves perjuicios a la mayoría absoluta de la población, población que reclama un liderazgo como salida a la situación política. Por eso ninguno de los dos grupos puede insistir en los caminos que hasta ahora se han trazado.

El gobierno cree que puede superar la situación desconociendo la realidad, haciendo trucos y trampas a la Constitución para mantenerse, desconociendo la realidad compleja y plural de la sociedad y el lógico descontento de la mayoría. Mientras que un sector de la oposición viene insistiendo en una ruta que parece orientada por la creencia de que esto no puede seguir así y que el grupo en el poder colapsará. Esto ha producido un empate catastrófico que siempre favorece al que maneja el poder y la realidad es que a quien perjudica es a la inmensa mayoría.

¿Cuál es la AN que representa hoy a los venezolanos?

Uno de los problemas más serios es ese. Lo que ha llamado el profesor Penfold -politólogo venezolano muy distinguido-, la crisis de la representatividad. Tenemos recién instalado un parlamento electo que no ha sido reconocido por la mayor parte de la población venezolana ni por la comunidad internacional. A esta “nueva AN” no la reconocen nuestros vecinos del Grupo de Lima, ni los Estados Unidos, Japón ni muchos otros países, que son factores muy importantes en las posibilidades de que Venezuela se recupere económicamente.

Por otro lado, tenemos a la AN elegida en 2015, cuyo mandato constitucional culminó este 4 de enero y por obra de la modificación del Estatuto de la Transición ha resuelto prolongar su mandato. Sin embargo, sabemos que su funcionamiento esta físicamente bastante impedido, con una cantidad de diputados que no están en el país; no tiene sede para funcionar, es perseguida y sus decisiones no tienen ninguna eficacia jurídica dentro de Venezuela, aun cuando es muy evidente que tiene mucho apoyo internacional y un apoyo popular que es crucial.

El apoyo popular a uno u otro bloque es minoritario, la proporción mayor del país no se siente representada por la oposición, ni por el grupo en el poder. Pero, eso no quiere decir que no haya un segmento de respaldo popular también, evidentemente lo hay porque sería imposible no reconocerlo. Más bien, lo que podríamos decir como colofón y línea principal es que estamos frente a una gravísima crisis de representatividad.

En una democracia, el control del poder  y la legislación se confía a un órgano representativo, un cuerpo plural y que habla en nombre de esa diversidad de la sociedad. La convicción monocolor es impropia en los parlamentos, porque por definición son plurales y cuando no es plural deja de ser parlamento en la práctica, o nunca lo ha sido.

Las sanciones no han servido para presionar una negociación efectiva. Hay quienes argumentan que en Estados Unidos "mostraron el garrote y no la zanahoria"  con las sanciones. ¿Qué necesita la oposición para ejercer contrapeso a la hora de negociar?

Efectivamente, las sanciones son un arma de doble filo porque hay una historia en el mundo que no es favorable a las sanciones. La supervivencia de regímenes autoritarios a pesar de las sanciones ha sido muy largo: el régimen de Sudáfrica, la dictadura de las dinastías de los Castro y el “régimen franquista” en España. Cito esos 3 ejemplos para recordar que la eficacia de las sanciones hay que pensarla muy bien. Siempre he distinguido mucho de las sanciones personales. Las sanciones más generales, en cambio, que tienen efecto en la población y hace que "paguen justos por pecadores", son usadas por regímenes autoritarios para excusarse de sus fracasos en la conducción del país.

Durante años el régimen cubano se ha excusado en el embargo de EE . UU. para la situación de pobreza, de penurias a la que está sometida Cuba y aquí en Venezuela empezó desde el decreto de Obama. En ese entonces, hubo toda una campaña del oficialismo, una recolección de firmas que a toda velocidad proclamó Tibisay Lucena. En ese entonces, el decreto de Obama era culpable de los problemas que vivía la población y en realidad, eran causados por las malas decisiones e indecisiones del grupo en el poder.

Esto se ha prolongado, y culpando al presidente saliente Donald Trump, ha comenzado también el gobierno venezolano con una propaganda tramposa que solo cuenta una parte de la verdad. Yo sí creo que la vía diplomática siempre  es preferible a la vía bélica. Debemos tener en cuenta lo que puede hacer el apoyo internacional sobre la causa democrática y un cambio político.

Pero para esto, debe haber señales claras en cuanto a la disposición a negociar, porque que los grupos en el poder capitulen y se entreguen parece poco realista. Debe haber una disposición y tener muy clara la conducta de la comunidad internacional, u otros como Rusia o China que tienen otra visión del asunto. Pero también hay un componente que no debemos olvidar: el componente interno.

No podemos decir que el componente interno es el factor determinante, pero es un condicionante mucho más fuerte lo que pase en el país. Por eso insisto en una ecuación que combine distintos factores: la comunidad internacional, la protesta pacífica, la protesta social y que los actores políticos ofrezcan una promesa atractiva y creíble, que sea una invitación al cambio en la que nadie se sienta excluido. Uno de los defectos principales que ha tenido la política predominante en estos 22 años y nos ha llevado a lo que tenemos ahora, ha sido el unilateralismo. Es pensar que los demás sobran o somos mirones de palo en el dominó.

¿Es posible una negociación con el chavismo para salir de esta crisis?

Respecto a eso le puedo decir que la política no es exactamente el arte de lo posible. En realidad, es hacer posible lo que es necesario. La necesidad es el motor y lo que dinamiza la política; y la posibilidad es lo que le va dando fisionomía, lo que va pasando, la interpretación de los problemas en el campo de la realidad.

Hay que subrayar que lo necesario es el objetivo, pero lo posible es la medida de lo que se va logrando. Por definición, me expreso a favor del gradualismo porque a medida que se van logrando posibilidades en el camino de avanzar hacia los cambios necesarios, esos logros van acercándonos y ampliando las posibilidades del cambio. Pero, nos acerca a zonas de riesgo, a cables de corriente que hay que ir detectando para evitar el colapso del proceso.

Cada transición es una experiencia propia y lo mismo pasará con Venezuela, tarde o temprano. Hay un ingrediente importante que es la capacidad de negociar; y esto en Venezuela ha sido desprestigiado, porque así lo ha querido el grupo en el poder. Los venezolanos debemos vencer la antipolítica, porque no solo hay antipolítica desde sectores radicales de la oposición. Recordemos que también hay antipolítica desde el gobierno, a través de la imposición, la extorsión y la negación de la legitimidad.

Insisto en no tener que ir a la negociación después de una cantidad enorme de muertos, se puede lograr si hay una actitud política y no antipolítica en los actores. Con esto se pueden disminuir los riesgos y la violencia. Evitemos caer en lo inevitable y que decidamos negociar cuando haya que recoger los vidrios de un desastre y una confrontación interna.

Venezuela fue un país muy violento y pagó un precio muy alto para pacificarse en la primera mitad del siglo XX. Este es un país raro que desde el fin de la Batalla de Ciudad Bolívar en 1903, vivió un siglo entero sin guerras externas ni  internas. Debemos ver que no tengamos que pagar el precio de una dictadura extrema o el precio de una guerra para poder reencontrarnos con la política y la convivencia.

La lógica de los extremos no puede imponerse sobre la inmensa mayoría que se mueve alrededor del centro, unos más conservadores y otros más izquierdistas, pero el mundo del centro y el mundo variado de la reforma es el mundo que hace posible la democracia. La democracia no es posible cuando la confrontación es entre extremismos.

El gobierno interino cumplirá dos años. Hay un descontento palpable en algunos sectores del G4 con el desempeño de Guaidó. ¿Cuál es la radiografía actual del interinato?

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Yo estoy consciente de esos desacuerdos y la atribuyo principalmente a una visión inmediatista que no solo nace de una natural tendencia nuestra venezolana a que “todo debe ser ya”.

Alrededor de la responsabilidad asumida por la AN y por Juan Guaidó hace 2 años, rescato su valentía, su valor personal para afrontar la responsabilidad de estar aquí y la ubicación que el espacio le dio a la aspiración del pueblo venezolano. Por otro lado, la insatisfacción se debe a que la gente entiende que la promesa de cambio no se ha cumplido y claro, en este análisis, los alegatos se dejan de lado y se olvidan las circunstancias en las cuales se desarrolla. Se ignora la complejidad, porque esto ocurre en una sociedad donde el grupo en el poder controla las Fuerzas Armadas, la violencia, la identificación, la seguridad, la administración tributaria; y todo esto le da muchas más herramientas para hacer su voluntad.

No siempre la evaluamos correctamente y en la evolución debe incluir que la responsabilidad no solo es de los ciudadanos, sino también del liderazgo que no ha logrado colocarlo a la par de las dificultades que existen. Porque lo que tiene por delante y los obstáculos que debe vencer la aspiración de cambio no son obstáculos pequeños y para vencerlos hace falta lo que yo he estado insistiendo: alma y calma.

Cuando digo alma me refiero a que se dote a la alternativa democracia de un significado, es decir,  es lo que nos caracteriza si queremos un cambio. No somos solamente los que no queremos a Maduro en el poder. Si no que queremos otra manera de vivir en Venezuela, otra manera de progresar, sin exclusión, sin división, sin diseminación y eso hay que demostrarlo para que la gente sienta que de verdad es algo que nos importa.

Mientras que, la calma se refiere a la estrategia. Tiene que haber una estrategia que comprenda la gente. No es que la tarea hay que hacerla destapada, porque ya bastante ventaja tiene el grupo en el poder para darle la ventaja de que la oposición juegue con las cartas sobre la mesa; pero sí debe lograrse que los ciudadanos puedan entender de qué se trata, que sepan que tenemos un rumbo y un camino, y entiendan el valor de comprar a crédito en ese camino. Es lamentable que ahora todos quieren ver los resultados antes de pagar, pero resulta que la cosa no es tan rápida, es a crédito. Uno compra y vende a crédito cuando confía en el otro…

¿Cuál es su valoración jurídica y política sobre la continuidad constitucional de la AN de 2015?

Es evidente que un juicio estrictamente jurídico formal de la situación actual es insuficiente. Está demostrado en la realidad que existen ambas asambleas, una tiene reconocimiento limitado y otra tiene el apoyo externa e internamente. Esto significa que el problema principal es político y debe resolverse con la política, no con antipolítica; y debe resolverse en el marco de la Constitución, porque ha sido la separación y distanciamiento de la Constitución la que nos ha llevado a esta situación, a la crisis política económica y social.

Si se hubiera respetado el derecho a la propiedad que está consagrado en la Constitución, y las expropiaciones se hubieran hecho de acuerdo al procedimiento, no tendríamos la ruina que tenemos en la producción industrial y en la agricultura. Si se hubieran cumplido los preceptos constitucionales como garantes contra la inflación y protectores del valor de la moneda no tendríamos una moneda pulverizada, en la cual ni el propio grupo en el poder cree, porque sabe que la moneda nuestra se ha diluido y se ha atomizado como si fuera un aerosol.

Recuperar la senda de la Constitución como marco para la convivencia debe ser el desafío principal de todos los actores políticos, eso va a pasar por supuesto por profundas revisiones internas. Ambos deben quitarse cualquier tentación de pensar que están en el camino de la victoria definitiva porque ningún lado lo está, aunque tenga la apariencia.

Deben atreverse a un dialogo político que sea significativo, que no sea ninguna farsa, que sea una cosa verdadera y sincera. La búsqueda de acuerdos nacionales parciales para irse aproximando al diálogo es un camino sensato, pero debe haber mucha sinceridad porque la falta de franqueza en este caso no sirve para nada. Nadie quiere que lo tomen por idiota, ni se prestará para una farsa a menos de que sea un farsante en sí mismo, y mientras esto se demore los que la pasan peor son los ciudadanos. Todos pagamos un precio muy alto ante esta falta de soluciones.

¿Qué dejó el ejercicio de la Consulta Popular en términos prácticos, más allá de la movilización de base?

Es una manifestación importante que significó una organización, una movilización y una expresión ante el país y al mundo de que la inconformidad está viva y que necesita canales de expresión. Sin embargo, los números oficiales de cada sector representan y nos dicen lo que las encuestas dicen: la mayor parte de los venezolanos está desencantada de las opciones políticas y quiere otra cosa.

Los venezolanos quieren otra manera de ver las cosas, no a otros protagonistas. No confundamos esto: “Como estos líderes están a la mala, queremos otros salvadores”. No es así. La gente quiere verle el queso a la tostada, que sus problemas se atiendan y el liderazgo político tiene en ambos procesos, lecciones que podría y debería aprender.





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