Ramos Allup, un viejo nuevo rostro de la política venezolana, desafía a Maduro

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The Wall Street Journal.– En 1998, poco después de que Hugo Chávez ganó la presidencia del país con un aluvión de votos, el entonces diputado Henry Ramos Allup se hallaba sentado solo en la abandonada sede de Acción Democrática, su derrotado partido.

El ascenso del líder populista casi había borrado del mapa a la formación a la que pertenece Ramos. Las facturas de luz y agua estaban impagas y gran parte de sus colegas se había unido al nuevo presidente. “Hasta los ratones se fueron al Chávez (…) sólo quedaron las cucarachas”, recuerda Ramos.

Después de 17 años de trabajo tenaz como miembro de la minoría legislativa contra Chávez, la paciencia de Ramos ha dado sus frutos. Como presidente del cuerpo legislativo ahora controlado por la oposición, el dirigente tiene un objetivo central: sacar a los herederos políticos de Chávez del poder e instalar la economía de mercado, que, en su opinión, sacará a Venezuela del colapso.

“Vamos a trabajar en resolver la crisis económica y social del país. Pero la principal crisis de Venezuela es política”, dice Ramos, de 72 años, en su oficina llena de dorados y mármol, la misma que hasta el 5 de enero pasado fue ocupada por Diosdado Cabello, el número 2 del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela. “Nos comprometimos a encontrar una solución pacífica, democrática y constitucional para salir de este gobierno dentro de los (próximos) seis meses”, asevera Ramos.

Desde la muerte de Chávez, de cáncer en 2013, la economía venezolana ha perdido casi una cuarta parte de su producción. El colapso de los precios del petróleo ha agravado los asfixiantes controles de cambios y de precios. Bajo el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro,la inflación llegó a 270% el año pasado, y los venezolanos deben lidiar con una escasez de alimentos y medicamentos y con una epidemia de delitos violentos.

“Este es un gobierno en su fase terminal. La economía lo está tragando (…) Cuando la economía atrapa la política, los políticos no pueden ofrecer soluciones distintas”, dice Ramos. Sin embargo, otros líderes de la díscola coalición opositora están en desacuerdo y creen que la crisis de Venezuela necesita un enfoque más tecnocrático, menos centrado en dar vuelta el orden político y más en hacer las reformas que los expertos dicen son vitales para la economía, que se prevé se contraiga 8% este año.

“No tengo ninguna duda que la gente votó por el cambio del modelo económico y no del gobierno”, dice Julio Borges, jefe del moderado partido Primero Justicia, en referencia a las elecciones del 6 de diciembre pasado que llevaron a la oposición al poder legislativo.

En esa elección, los venezolanos dieron a la oposición una mayoría de dos tercios, el poder suficiente para reformar leyes, desplazar ministros, nombrar jueces e incluso reformar la Constitución para remover al presidente.

La respuesta de Maduro fue socavar la nueva Asamblea Nacional. Utilizó la legislatura saliente para aprobar 10 leyes económicas que le permitirían eliminar la supervisión de la Asamblea sobre el Banco Central y transferir dinero del presupuesto a fondos gubernamentales bajo su control.

La semana pasada, el equipo económico de Maduro se negó a asistir a una audiencia en la Asamblea convocada por Ramos para presentar los datos económicos básicos que hasta ahora han permanecido secretos. Su ausencia fue una violación a las normas que dan a la Asamblea el derecho de convocar a cualquier funcionario público para ser interrogado.

Maduro también utilizó el Tribunal Supremo, que está repleto de sus aliados, para suspender a tres legisladores de la oposición del estado Amazonas sobre la base de la presunta compra de votos. Esto despojó a la alianza opositora de la mayoría de dos tercios que había obtenido en diciembre.

La respuesta del gobierno reforzó la línea dura dentro de la alianza y permitió a Ramos torcer el brazo de políticos más moderados. El presidente de la Asamblea se retrata a sí mismo como el hombre adecuado para la dura batalla por delante. “Cuando necesitas un triple bypass, ¿vas a elegir un cirujano con mucha trayectoria y experiencia o un recién graduado de medicina?”, se pregunta retóricamente.

Desde que asumió el cargo, Ramos ha cortejado la confrontación y la controversia. Pasó una mañana retirando cientos de fotografías y cuadros de Chávez del recinto de la Asamblea. “Sácame toda esta vaina de aquí (…) No quiero ver retratos ni de Chávez ni de Maduro aquí”, dijo.

Cuando los partidarios del gobierno le arrojaron huevos a la entrada de la Asamblea, dijo en broma: “Dámelos a mí para que pueda hacer huevos fritos”, una referencia a la escasez de alimentos.

En las sesiones de la Asamblea, Ramos ha cortado los micrófonos de aliados gubernamentales acostumbrados en el pasado a pronunciar discursos interminables y entregó a sus adversarios paquetes de hierbas tranquilizantes, una forma de decirles que se calmaran. A legisladores del partido gobernante les dijo que sus discursos se habían vuelto irrelevantes.

Esta semana, Ramos puso en funciones una comisión para evaluar la legalidad de los nombramientos de jueces del Tribunal Supremo hechos el mes pasado por Maduro con aliados del oficialismo. “A ese pelotón de ejecución que es el TSJ que se prepare, que lo vamos a revisar”, dijo Ramos en un reciente mitin.

Pero este hombre enérgico de baja estatura, cabello gris parado y una manera folclórica y martilladora de hablar ha mostrado moderación y capacidad de trabajar con los opositores cuando es necesario, dicen ayudantes, asesores y colegas. Por ejemplo, se ha mantenido en contacto con los funcionarios del gobierno provenientes de Acción Democrática, y cuando el hijo del actual vicepresidente, Aristóbulo Istúriz, murió en un accidente de tránsito, Ramos fue el único político prominente en el velorio.

Algunos analistas dicen que el llamado de Ramos a terminar con el gobierno de Maduro ayuda a endurecer las posiciones de ambas partes y que hace poco por resolver lo que las encuestas muestran que son las principales preocupaciones de los venezolanos: la escasez de alimentos y la inflación más alta del mundo. “La oposición sola no puede superar este crisis sin sectores del gobierno (…) Ambos lados sólo están imponiendo su versión del poder a otro, llevando el país a la parálisis”, señala Jesús Seguías, director de la encuestadora DatinCorp.

Originario del corazón industrial de Venezuela y nieto de inmigrantes libaneses, Ramos llegó a la cima del liderazgo opositor gracias a las relaciones que cultivó durante una carrera política de 58 años.

Un Nuevo Tiempo, el tercer mayor partido de la oposición, dio su apoyo a Ramos después de que éste visitó al fundador del partido, Manuel Rosales, al menos una docena de veces durante su exilio. El partido dirigido por Leopoldo López, encarcelado enemigo del gobierno, también votó por Ramos después de que este prometió poner en marcha un esfuerzo para sacar a Maduro del poder antes de julio. Con este respaldo, Ramos fue capaz de ganar la presidencia de la Asamblea a pesar de que Acción Democrática obtuvo sólo 25 de los 112 escaños de la oposición.

“Él es la mejor decisión que la oposición pudiera hacer en ese momento”, dice Pedro Benítez, profesor de historia económica en la Universidad Central de Venezuela, que ha trabajado estrechamente con Ramos. “Él ha mostrado ser la mejor apuesta para confrontar al gobierno de Maduro”.

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