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¿Requesens fue víctima del suero de la verdad? La droga hace que el preso diga lo que el torturador quiere

Elizabeth Fuentes | 13 agosto, 2018

Caracas.- Lo ha usado la CIA, según se desprende de los manuales de interrogatorio del Ejército de Estados Unidos  desclasificados  en 1996. Obviamente también  la KGB y hasta el gobierno de la India ha recurrido a diversas drogas “de la verdad” con el fin de hacer hablar o sembrarle recuerdos falsos  a sus adversarios políticos.

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De esta práctica deleznable  no se salvó ni siquiera Sadam Hussein, quien lucía poco después de ser capturado con la mirada perdida y una actitud dócil, similar a la que lució el diputado Juan Requesens en el corto video que mostró el ministro Jorge Rodríguez como presunta prueba de que estuvo involucrado en el atentado contra el presidente Nicolas Maduro.

Desde hace mucho tiempo los organismos represores han utilizado no solamente  la reconocida escopolamina, mejor conocida como burundanga, que deja a la víctima en estado de indefensión. Las agencias de espionaje y especialistas en torturas han elaborado cocteles explosivos con el fin de eliminar las viejas prácticas y recurrir a sustancias sicotrópicas que les permitan, con una sola dósis, obtener lo que quieren, sea o no sea verdad.

El pentotal sódico, el amytal sódico e incluso la  escopolamina, fueron  utilizadas por  la CIA para anular a los soldados que capturaron en la guerra de Irak  e incluso hasta en sus propios agentes con la intención de averiguar si alguno era  un espía doble. Después del 11 de septiembre se popularizó y se  comenzó a  administrar a presuntos terroristas bajo custodia.


“El pentotal sódico deja a la persona  confundida y semi-coherente… para que sea efectivo, tienes que saber positivamente lo que estás buscando, porque si te dicen eso que quieres escuchar, generalmente te contarán muchas otras cosas falsas también. Y el torturador tendrá que trabajar en su tono, porque alguien bajo la influencia de cualquiera de las ‘drogas de la verdad’ probablemente  diga lo que el interesado quiere escuchar. Esas drogas hacen que la gente sea un poco más servicial, pero principalmente logran que el torturado suprima las partes del cerebro que tienen que ponerse en marcha y que le impiden al detenido  evaluar qué está mal con una pregunta…para el drogado es más fácil  dejar volar su imaginación y decirle al que pregunta  exactamente lo que quiere escuchar”, sostienen  A.I. Kolpakidi y D.P. Prokhorov en el libro “KGB. Operaciones especiales de la inteligencia soviética”.

Y si bien el FBI y la CIA también los han utilizado,  fueron prohibidos en Estados Unidos por la Corte Suprema ya que se trataba de confesiones coaccionadas y ademas, en la práctica,  la información que obtenían resultó  excesiva por parte de los detenidos y llegó un momento en que los torturadores ya no podían confiar en lo que decían los presos porque confundían realidad con fantasías en sus interrogatorios.
El  decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, Alfredo Buzzi, explicó al diario La Nacion de Argentina, que el uso del pentotal para interrogar testigos  “Se usa en dosis menores,  donde el sujeto interrogado no es dormido a un plano profundo sino superficial, como si tuviera un sueño normal y así puede responder preguntas”. Luego no recordará nada de lo que dijo.

En el libro “KGB. Operaciones Especiales de la Inteligencia Soviética “, los autores aseguran que durante la era de Stalin  se creó  un laboratorio secreto  para estudiar los efectos de sustancias venenosas y psicotrópicas en el cerebro y el cuerpo humano. Alli, Mikhail Lyubimov,  ex agente de la inteligencia  soviética en Copenhague, contó que a principios de la década de 1960, la KGB creó el llamado  “Charlatán”,   nombre popular  de una sustancia utilizada durante los interrogatorios, preparaciones especiales que llamaron SP-26 [6], SP-36 y SP-108, y no eran más que  drogas que se mezclaban en las bebidas que le ofrecían a las personas durante las “conversaciones” con los oficiales de la KGB.

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En 2004, el ex mayor general KGB Oleg Kalugin contó cómo la KGB  le dio la droga SP-117, que no tiene sabor, color y olor. Y otro ex oficial de la KGB, Alexander Kuzminov, escribió en su libro “Biological Espionage” que el SP-117 se usaba efectivamente para verificar la lealtad de los agentes.

En los EE.UU.,  el suero de la verdad llegó a usarse hasta el año 2012, cuando  se trató de utilizar contra el culpable de una matanza en la ciudad de Aurora. Pero como esto violaba el derecho del acusado a guardar silencio, la validez de los testimonios aportados a partir de  drogas fue cancelada, al menos en los tribunales.

Pero el uso de las “drogas de la verdad” seguramente continúe en secreto y haya sido ampliado  a partir de la amenaza  del terrorismo a escala planetaria.  Basta  como ejemplo visitar cualquier tienda de espías, en Miami o cualquier ciudad de Estados Unidos, donde abierta y legalmente  venden cualquier sorprendente adminiculo  necesario para espiar o impedir ser espiado, para imaginar qué tan adelantadas deben estar las investigaciones en esta área.  Porque  si bien los vendedores aclaran que los objetos más profesionales solo se pueden expender a personal policial o gubernamental calificado,  también aclaran que lo que allí se vende está  “al menos siete años atrasado en relación a lo que se utiliza en las agencias gubernamentales reconocidas”.  Algo que podríamos trasladar al “suero de a verdad”, ese humillante instrumento  que hace de un prisionero el testigo perfecto de cualquier  plan conveniente para sus torturadores.

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