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La Lupa

Réquiem: toda la verdad sobre la noche triste de la oposición el 21N

Matrimonio y mortaja del cielo bajan. Réquiem por la inútil abstención. Réquiem por la inútil fantasía del interinato. Réquiem por Monómeros. Réquiem por bastiones perdidos. Y ahora, tras la resaca, viene el ratón moral. Toca recoger los vidrios. La política no se acabó el domingo. Hay muertes que terminan siendo comienzos de algo. Ayer pasaron muchas cosas que en el futuro, darán inicio a otras

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Caracas.- Los resultados del primer boletín de las elecciones regionales suministrados por el Consejo Nacional Electoral son como el muerto al que se le hace una autopsia: el cuerpo muestra al forense las circunstancias de modo, tiempo y lugar en las que se produjo el fallecimiento. El descalabro opositor no arrancó en 2021. Viene de lejos, dice Perogrullo. Se remonta a los tiempos de la inacción (la inercia) como forma de hacer política.

Durante las protestas de 2017 muchos dirigentes opositores irresponsables prometían acalorada y enloquecidamente, con frenesí, el fin del chavismo con plantones, trancazos, pancartazos y hasta manotazos. Como mínimo, antes de hablar, esos dirigentes tenían que estar medicados con alprazolam. Desde luego la salida no ocurrió. A la gente se le prometió un quiebre imposible: los quebrados fueron otros. Luego llegaron las regionales y la abstención le dejó a la MUD apenas cuatro gobernaciones, cuando bien pudo haber arrasado en 18 de ellas, tomando como base los resultados de las elecciones de diciembre de 2015. En ese entonces ya era demasiado tarde. Se había sembrado en el colectivo el sentimiento erróneo de que en dictadura no se vota. Que las dictaduras no salen con votos. Que para votar, primero, se necesita una extensa lista de requisitos, todos ellos muy pertinentes, pero casi imposibles de lograr en un régimen de corte autoritario.

Entre 2017 y 2019 hubo un punto de inflexión. Un punto muerto. No votar. No concurrir. El pacto firmado por 27 partidos para hacer primarias y escoger un candidato presidencial no fue cumplido. La decisión fue empujada por intereses de sectores económicos. Luego vino la juramentación de un gobierno interino imposible que prometía resultados imposibles en un lapso de tiempo indeterminado. En 2019 y 2021 el cuerpo ya respiraba con ventilación mecánica: entre ayudas humanitarias, rebeliones militares fallidas, coaliciones de fantasía (TIAR invocado incluido) y todas las opciones sobre la mesa, lo que hubo fue inercia, cucutazo con "damas de la noche" y un horrendo caso de corrupción en Monómeros por parte de funcionarios de un interinato que en la práctica no era tal, y que se limitaba a decir que “el respaldo” de sesenta países era un logro que no podía dejarse de pasar por alto. Se desvirtuó el rol de la oposición que a su vez era gobierno y parlamento. Se abstuvo de votar en 2020 y el chavismo, otra vez dijo Perogrullo, arrasó hasta el vómito.

La pelea a cuchillo que más tarde ocurrió entre Primero Justicia y Voluntad Popular distrajo también del objetivo y desencantó a muchos. Una pelea a cuchillo que Tomas Guanipa le negó a Anaisa Rodríguez en una entrevista concedida a este portal. No obstante, allí estaban Leopoldo López y Julio Borges (canciller del mismo interinato que según PJ debe llegar a su fin en 2022) cruzando acusaciones de manera recíproca.

Mientras tanto, las elecciones estaban a la vuelta de la esquina y la decisión de participar, en verdad, fue empujada desde las regiones a la cúpula opositora desde enero. El anuncio de la participación llegó tardísimo, el 31 de agosto. Y además de haber llegado tarde, no hubo un discurso coherente como en 2015. La oposición salía de la inercia. Salía a la calle. A reencontrarse con la base desanimada y decepcionada. Fue a la calle dividida. Con tarjetas judicializadas y agrias disputas entre candidatos que hacían sonrojar de la vergüenza, inclusive, al estómago más resistente. Fue una campaña gris, en palabras de Ricardo Sucre. Tambien hubo candidatos impuestos sobre liderazgos naturales que terminaron en tragedia, como el caso de Guanipa en Caracas, quien llegó detrás de la ambulancia, lejos de Antonio Ecarri.

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Al paciente se le retiró la ventilación mecánica la noche triste del 21 de noviembre de 2021, mientras Pedro Calzadilla leía los resultados de la crónica de una muerte muchas veces anunciada:

-La oposición perdió sus bastiones conquistados en 2017.

-El voto de la base se dispersó.

-El gobierno judicializó partidos y hubo quienes se prestaron para la jugada. Esto también dispersó el voto de la base, que es el corazón del asunto.

-Otro pedazo de la base decidió que lo mejor era abstenerse porque durante cuatro años le dijeron que con Maduro no se vota, cuando en realidad la cosa es al revés: se vota en unidad para triunfar en unidad. Revise el lector cuántos gobiernos a nivel mundial han caído luego de una masiva votación opositora. Y luego reste las gobiernos que han caído con la oposición sentada en un sillón, aferrada a la esperanza maldita de invasiones, coaliciones, tratados y juicios en cortes internacionales que pueden tardar una eternidad. De allí que el paciente no tuviera cura alguna para la enfermedad crónica que padecía y que terminó interesando sus órganos vitales.

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Matrimonio y mortaja del cielo bajan. Réquiem por la inútil abstención. Réquiem por la inútil fantasía del interinato. Réquiem por Monómeros. Réquiem por bastiones perdidos. Y ahora, tras la resaca, viene el ratón moral. Toca recoger los vidrios. La política no se acabó el domingo. Hay muertes que terminan siendo comienzos de algo. Ayer pasaron muchas cosas que en el futuro, darán inicio a otras. Empezando por la obvia recomposición del ajedrez.

Es hora de pensar en un plan para el próximo bienio, pues por los vientos que soplan, Maduro permanecerá en el poder al menos hasta 2024 cuando aspire a la reelección, tras haber jugado al reacomodo económico con la dolarización transaccional, abandonando el discurso chavista histórico y evitando exhibir los ojos del fallecido Chávez a todo evento y contra todo pronóstico.

Cuando ese día llegue –el de la reelección de Maduro- la oposición ya debe haber trazado un plan no en 2023, sino desde hoy. Desde ya. Y es que para mañana, otra vez, será demasiado tarde y no conviene otro réquiem por un descalabro. Que por favor nadie se atreva a decir de nuevo que la salida es sentarse en el sillón mientras el chavismo se atornilla en Miraflores. Ahí están los resultados de las regionales. Los gobernadores electos, todos vienen de la denominada "cuarta" y muestran gestiones inolvidables, como el caso de Morel Rodríguez en Nueva Esparta, Alberto Galindez en Cojedes y Manuel Rosales en Zulia. De ahí se debe partir para el nuevo comienzo. Enterrado el cadáver, que nadie se empantufle ni se enchinchorre, porque el 80% del país quiere salir de Nicolás Maduro.



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