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La Lupa

Salvador, el niño que emprendió un negocio pese a su discapacidad visual

Con tan solo 11 años, emprendió su propia marca de plastilinas e invita a todos los niños con discapacidad visual a lograr sus sueños

Caracas / Foto Portada: Cortesía.- Con tan solo 11 años, Salvador Mantilla es todo un emprendedor. Él y su mamá diseñaron las plastilinas ecológicas «Abejita Creativa» hace un par de meses y hoy están muy satisfechos con el alcance que ha logrado la marca. Salvador sufre de discapacidad visual, pero eso no ha impedido que conozca el mundo que le rodea a través del tacto y poder alcanzar sus sueños.

Uno de cada 1 000 niños nace con la condición de Salvador: retinopatía de la premituridad. En conversación telefónica con El Cooperante, Maritza Giménez, su mamá, contó cómo ha sido la experiencia del emprendimiento y cómo se les ocurrió la idea de crear plastilinas escolares en tiempos de pandemia.

Maritza se dedica a ayudar a Salvador con sus tareas, debe hacer los proyectos y actividades en relieve para que las pueda «mirar con sus manitos».

«Un día ayudándolo en sus tareas me quedé sin materiales y tuve que buscar un método más económico y rápido para lograr el relieve. La pega y el bordado líquido se me acabaron y se me ocurrió investigar otra forma de crear relieves y encontré el método de la plastilina. En mi casa solo tenía unos colorantes de repostería y una harina de trigo, pero era todo lo que necesitaba. Esa misma tarde, empezamos a hacer las plastilinas para la tarea y nos quedaron muy bien».

Frente a una crisis económica sin precedentes, Salvador pensó que el mundo de la plastilina podía ser un salvavidas y que podía generar ingresos para él y su familia. Desde el 30 de agosto decidieron emprender y venderlas bajo la marca «Abejita Creativa». Maritza reconoce que al principio no fue fácil, las primeras no quedaban tan bien, pero hoy ya tienen perfeccionado el proceso.

Salvador participa de forma activa en la realización del producto. «Es él quien mezcla los materiales, los revuelve y hace el control de calidad. Mide si se pegan o si quedan muy chiclosas. Luego, pasan al proceso de lavado y etiquetado y elabora la bolsita de regalo».

Los materiales que usan son harina de trigo, bicarbonato, agua y colorantes de repostería, y el costo es de 1 plastilina por 2 dólares, 2 por tres dólares y 3 por 5 dólares.

Conocer el mundo a través de las manos

Salvador nació el 30 de noviembre de 2008, en la maternidad Concepción Palacios, cuando le faltaba una semana para cumplir los 7 meses de gestación. Fue diagnosticado con discapacidad visual y tuvo que pasar varias semanas en una incubadora. Por ahora, no existe una operación para esta condición. Se le desprendió la retina de sus 2 ojos y solo ve luces

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Pese al triste episodio, su madre se comprometió a que Salvador tuviera las mismas vivencias de otros niños y que la discapacidad visual no fuera un impedimento para su desarrollo. 

«Ha vivido muchas experiencias, conoce mucho la vida. Su primer año lo pasamos en China porque nos pagaron un tratamiento para mejorarle la visión y su primer cumpleaños se lo cantaron los chinos. Desde que nació, no ha dejado de tener vivencias y emociones».

Más allá de la discapacidad que padece, Salvador es un niño sano. Actualmente cursa 6° grado e iniciará la etapa secundaria el año entrante. Estudia en el Colegio Fermín Toro de Caracas y su mamá no escatima en afirmar que es uno de los mejores de su clase. Sin embargo, lamentó que en la parte social «esté un poco atrás» porque la sociedad es poco sensibles con niños que padecen su condición.

«No es porque sea su mamá, pero es bastante inteligente, capta y entiende todo. Realiza exposiciones de sus proyectos y trabajos, da detalles sobre lo que realiza y se desenvuelve muy bien. En la parte social sí estamos bastante mal, porque no hay orientación. Salvador es un niño que corre, que juega, que le quiere dar patadas a la pelota, jugar básquet, hacer carreras…Pero, tener una condición visual crea compromisos, y a veces, en vez de ayudarlo, los niños se fastidian y lo dejan por ahí. Esa parte si es bastante fuerte porque todavía no hay sensibilización real en nuestra sociedad».

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