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Sanciones de la Unión Europea atacan la columna vertebral del poder madurista

Danny Leguízamo | 25 junio, 2018

Caracas.- Lo dijo El Cooperante en una nota con la firma de nuestra periodista Elizabeth Fuentes el 21 de junio: Funcionarios que sancionará la Unión Europea recibirán castigo velozmente. No tardó demasiado en ocurrir: este lunes, once nuevos funcionarios del régimen fueron sancionados con la congelación de sus activos en los países que la integran, así como la prohibición de ingreso en territorio comunitario. Entre las motivaciones que impulsan las medidas, figuran el fraude electoral del 20 de mayo, la usurpación de funciones de la legítima Asamblea Nacional, y violaciones a los derechos humanos en las manifestaciones acaecidas en 2017, en las que por cierto, fallecieron al menos 150 personas, decenas de miles resultaron heridas, y centenares fueron enviadas a prisión por haber cometido el horrendo crimen de oponerse a la dictadura comunista de Nicolás Maduro.

La comunidad internacional avanza. Lentamente. Pero avanza en el plan. O al menos en el plan que ellos piensan servirá para torcer el brazo del poder. La lista de los sancionados es particularmente llamativa por tres nombres: Delcy Rodríguez, Tareck El Aissami y Jesús Rafael Suárez Chourio. La primera, Rodríguez, es el centro del poder político en la nueva cúpula que reemplazó a las piezas de Hugo Chávez. Ella mucho más que su hermano, Jorge Rodríguez. Mientras tanto, Tareck El Aissami representa el poder económico de la cúpula. Y Suárez Chourio, cómo no, es parte del sostén militar. O sea, el sostén principal del régimen, porque a Nicolás Maduro, en verdad, lo sostienen tanques, cañones, fusiles y aviones.

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La Unión Europea apunta a ello con estas sanciones. A fracturar la columna vertebral de la cúpula del poder, aquella que tanto se esforzó Maduro en crear como un traje de diseñador para perpetuarse en el Palacio de Miraflores. Lo único que falta es que las medidas de la comunidad internacional tengan algún efecto real en el ajedrez político venezolano, más allá de la algarabía de las redes sociales y la consabida respuesta del Gobierno repitiendo el libreto fastidioso de “la planta insolente del extranjero”, entre otras estupideces.


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