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La Lupa

¿Se debilitan los polos políticos?

En redes sociales, se publicó una lámina de un estudio de Datanálisis del mes de febrero que reveló que casi la mitad de los venezolanos votaría por una opción “independiente” en unas hipotéticas elecciones presidenciales “post negociaciones”. Una opinión asumió este hallazgo como un indicador que los “polos se debilitan”. No lo creo. Lo que se atenuó es la esencia misma de lo que es ser del gobierno o de la oposición en la Venezuela de hoy

Juan Guaido
Foto: EFE

Caracas.- En redes sociales se publicó una lámina de Datanálisis de su estudio Ómnibus de febrero de 2021. Se preguntó acerca de la intención de voto para unas hipotéticas elecciones presidenciales “post negociaciones”. Los resultados fueron Juan Guaidó 11,4% Nicolás Maduro 12% un “candidato independiente” 45,8% y No sabe/no contesta 30,8%.

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Estos resultados se disputaron en redes sociales. Por supuesto, que esta lámina sola haya aparecido, no es casualidad. Es parte de la lucha por la hegemonía que hay entre los grupos de la oposición. Como profesional, siempre recomiendo estudiar completo el estudio de opinión, no una lámina, y tener una base de datos de la firma que se examina para observar las variaciones en el tiempo, que permita hacer inferencias con mayor solidez. Pero en este caso, es una sola lámina la que tenemos para considerar.

En redes sociales se hizo énfasis que la intención de voto por un “candidato independiente” significa el fin “de los polos políticos” o su debilitamiento. Sí y no.

Sí, porque la suma de Guaidó y Maduro arrojó un 23,4 por ciento. Es revelador si se toma en cuenta que la polarización Maduro-Capriles en mayo de 2013 -en una hipotética elección presidencial luego de las de abril de 2013- llegó a 86,8% en Datanálisis. En marzo de 2012 en la misma encuestadora, la polarización Chávez-Capriles sumó 76,1 por ciento.

Pero no significa el fin de los polos, porque si es una elección real, esos números se moverán y el “independiente” bajará. Es lo que ha ocurrido en otros procesos electorales. La sociedad venezolana todavía está bajo la influencia de la “última proclama” de Bolívar, “si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”. Pero por partidos El Libertador se refería a facciones, no a los modernos partidos que conocemos. El electorado asocia partidos con facciones e intereses opacos, y asume que un “independiente” no tiene intereses políticos. De aquí que las opciones independientes seduzcan, desde Uslar, se pasa por Renny; luego los “outsiders” de los 90’s: Sáez, Velásquez, Salas Römer, y el ganador en 1998, Chávez, para terminar en 2018 con Lorenzo Mendoza.

El público asume que los “independientes” son impolutos, sin intereses como los candidatos de partido. Antes de las elecciones de mayo en 2018 -en febrero- Datanálisis midió las preferencias electorales para una elección presidencial. El primero fue Lorenzo Mendoza con 22,8% y el último Ramos Allup con 2,6% quien es el prototipo del político de partido por excelencia. La antítesis del “gerente” frente al “del partido”.

La debilidad con el indicador que pregunta por quién se vota en una elección presidencial, es que se interroga acerca de una persona. Los candidatos motivan, más allá de la identidad partidista. La polarización Maduro-Capriles en 2013 fue casi del 90 por ciento.

Mejores indicadores para explorar la fortaleza o no de los polos, pueden ser la autodefinición política y la identificación por partidos. En la primera para mayo de 2013 -para seguir con nuestra comparación con estudios de Datanálisis- los no alineados sumaron 38,4% En mayo de 2020, este grupo subió al 58,3 por ciento. La suma de los auto identificados como del gobierno o de la oposición pasó de 56,3% a 36,4 por ciento en el mismo lapso. Es decir, hace 8 años, casi 6 de cada 10 venezolanos se autodefinía como del gobierno y de la oposición. Hoy, lo hacen poco más de 3 de cada 10.

Lo que es un hecho es que las personas se han alejado de las identidades políticas. Es lo que llamo la “autonomización de la sociedad de la política” que tiene su origen en que las individuos sobreviven a la hiperinflación, crisis de los servicios, crisis política, y con todo, llevan el timón en sus hogares y una vida. Operó en las personas un proceso de autoafirmación por el que se sienten eficaces somo individuos en un mundo que no controlan, y por eso prescinden de la política, que perciben como ineficaz, que “no sirve”. Ayuda a esto la dolarización que facilita -para quienes pueden- aislarse de los vaivenes de Venezuela. En sencillo, los ciudadanos aprendieron a vivir sin la ayuda de la política.

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La consecuencia es que los polos políticos son más pequeños pero hacen más ruido y controlan factores de poder como medios y redes sociales, por eso éstas son hoy el nuevo “campo de batalla” político. Los independientes, en cambio, llevan su vida y su único factor de poder es su autonomía frente a la política. Hoy la polaridad política es menos intensa pero sí hay polarización en las visiones, promovido por polos políticos más modestos pero más organizados.

Lo anterior plantea un reto importante. El discurso polarizador mueve principalmente a los más convencidos para votar o abstenerse, de modo que hay un status quo donde el chavismo se moviliza y la oposición e independientes se abstienen.

Si algún día la oposición que países reconocen como “la legítima” decide participar en elecciones, va a tener que resolver un inconveniente. La autonomía de su público, como se observa en los cruces de la lámina de Datanálisis en cuestión, entre la intención de voto y la autodefinición política.

Veamos. Un 84% de los chavistas votará por Maduro y un 9% lo haría por un independiente. En la oposición, un 33% sufragaría por Guaidó y un 45% por un independente. Es decir, el voto chavista es cohesionado y el voto opositor es menos cohesionado.

Esto no es nuevo en el chavismo. En este mundo de color rojo, la aprobación de Maduro oscila entre 70-90% para Datanálisis en distintos momentos. Esto también es otro motivo por el cual pienso que los polos no se han debilitado. Lo que se ha debilitado, en todo caso, es la oferta electoral de los polos.

Busquemos otra fecha para comparar. Digamos 2015 que fue el año en donde el gobierno perdió la AN. En su estudio de julio-agosto de ese año, Datanálisis encontró que para los chavistas, el 52% opinó que la situación de Venezuela era negativa y un 48% que era positiva. Sin embargo, el 81,1% de los chavistas evaluó bien la gestión de Maduro y un 15% la reprobó. Con la labor del PSUV, los porcentajes fueron 80% y 15,6% respectivamente. En ese entonces, un 20,6% se autodefinió como del gobierno y un 18,4% se sintió identificado con el PSUV. Cinco años después -en mayo de 2020 en Datanálisis- los números de Maduro se mantienen en el universo chavista, a pesar que la evaluación del mandatario empeoró en un lustro. La evaluación negativa subió a 76,7% y la positiva bajó a 13,1%. Sin embargo, en el oficialismo, Maduro mantuvo su aprobación: un 81,1% de los identificados como oficialistas lo evaluó bien y un 9,1% lo evaluó de forma negativa.

Con base en los números de Datanálisis de 2015, la oposición ganó porque se impuso el voto castigo, pero también porque la opinión se identificaba como opositora, no tanto con sus partidos sino con ser de oposición. En julio-agosto de 2015, un 42,7% dijo sentirse de oposición y un 17,7% se identificó con los partidos de oposición. En cambio, un 20,6% dijo sentirse chavista y un 30,5% independiente. En mayo de 2020 los números son 27,3% 9,1% y 58,3% respectivamente.

Aunque el sentimiento de identificarse como opositor es casi 3 veces mayor que el sentimiento de ser chavista, eso no se traduce en una victoria política. Su estrategia de la abstención la puso en una situación tipo “Catch-22”: con su cohesión el chavismo se impone porque la lógica de la abstención anula a los públicos a los que la oposición pudiera acercarse para ganar ¿Cómo ese sentimiento lo transforma en política? Es la pregunta.  Es evidente que la caída de Guaidó en la opinión pública es porque no pudo sacar a Maduro en los plazos y con la estrategia que prometió. Pero no es algo exclusivo de Guaidó. Así pasó con Rosales, Capriles, Ramos Allup….y Trump. Antes elogiados, hoy criticados.

En el caso de Guaidó, la opinión se lo cobra, y aparece la seducción del “independiente” que logre lo que Guaidó no pudo en los tiempos que prometió. La oferta política y electoral de la oposición tendría que ser más elaborada que una etiqueta política porque tiene que conquistar más públicos. En la lámina de Datanálisis hay una cifra también interesante: un 31% afirmó no saber por quién votar en ese escenario hipotético.

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La gran pregunta para la oposición es cómo salir de su situación “Catch-22”. Una respuesta es evaluar qué la mueve y qué la cohesiona. Principalmente la mueven personas que prometen un “vete ya”. Tal vez sea la hora de cambiar el eje del “vete ya” a una oferta programática y de visión de país que la cohesione al margen de quien lleve el testigo opositor en un momento determinado.

No creo que la lámina del estudio de Datanálisis sea evidencia que los polos se debilitaron. La polaridad sigue en los temas, en las visiones. Por ejemplo, para mayo de 2020 la firma preguntó acerca de frases. Una fue, “La oposición venezolana debe exigir la creación de un gobierno de transición para atender la emergencia”. El 82,5% de los identificados con la oposición está a favor de la frase, contra 0,7% de los identificados como chavistas. Luego se inquiere, “La oposición venezolana debe cooperar con el gobierno de Nicolás Maduro para atender esta emergencia”. El 73,1% de los identificados como chavistas estuvo a favor de la frase, mientras que el acuerdo en los ubicados en la oposición fue apenas 2,5%. Las opiniones son polares. Lo no alineados se reparten más o menos 1/3 entre las dos respuestas y Ninguna/No contesta. Un trabalenguas: los no polarizados tampoco despolarizan a los polarizados. Luego, no parece haber enfriamiento de los polos.

Lo que se estremeció es ¿qué significa ser del gobierno o de la oposición hoy día, en las condiciones actuales de Venezuela? La interrogante es más urgente para la oposición que para el gobierno. Este muestra cohesión frente a Maduro. En cambio, el polaridad opositora. Está allí, pero dormida. Necesita “algo” que la despierte. Para mí, son las elecciones. Pero eso es otra discusión.

Mientras, habrá un vacío que lo llena ser “independiente” identidad que permite llevar una vida –“ser feliz”- en una Venezuela vertebrada e invertebrada al mismo tiempo, para parafrasear el título del conocido libro de Ortega y Gasset.





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