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¿Se puede mantener la hiperinflación?

Luis Vicente León | 29 julio, 2018

Caracas.-Hemos comentado que la hiperinflación es de las pocas cosas que en economía se pueden considerar insostenibles. En todos los cincuenta y siete casos hiperinflacionarios que registra la historia, el problema terminó con un cambio de modelo económico hacia la apertura y en algunos de esos casos también se produjeron cambios políticos, como consecuencia de la debacle económica del país, aunque hay también historias donde una no produjo la otra. Es muy simple de verificar lo finito de esta distorsión: ¿conoce usted algún país que haya comenzado un proceso de este tipo y se mantenga permanentemente en él? Pues no, y la razón es que la hiperinflación es virulenta y aunque al principio parezca manejable, el crecimiento exponencial e inevitable de los precios lleva a que la situación sea insoportable. No es lo mismo manipular una inflación de 100% mensual a una de 1.000.000% mensual y no hay forma que la primera no derive en la segunda si no se producen los cambios económicos indispensables. 

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Lo que dice la historia es que los gobiernos terminan flexibilizándose y paran el crecimiento de los precios y la devaluación, pero que el fenómeno sea finito no define los tiempos en lo que eso ocurre. De hecho, la mayoría de los casos reportados en América Latina duraron menos de 6 meses, pero Nicaragua fue, en cambio, la experiencia más larga en la historia económica del mundo, con alrededor de cinco años.
Podríamos decir que el caso venezolano no pinta bien. Los procesos más largos han tenido en común el hecho de provenir de gobiernos autoritarios, controladores e intervencionistas. ¿Les suena?
Los anuncios de esta semana no parecen todavía encaminados a la solución real del problema, al menos en la parte concreta de los mismos. Es cierto que ejecutan una reconversión monetaria, un paso necesario pero no suficiente cuando no viene acompañada por la racionalidad global. Quitar tres ceros o el exótico cinco impar no apaga la candela. Lo que tiene que quitar es el modelo primitivo que la causa. Atar la moneda al Petro puede ser un intento desesperado de vincularla al precio del petróleo, pero usando como medio una moneda con baja circulación, sin confianza y prohibida en buena parte del mercado internacional, es como atarla a la nada. Tratar de entregar garantías con petróleo en el subsuelo no va para ningún lado, pues es inviable que alguien acepte una garantía inejecutable, bajo control del gobierno del que se debe proteger. Quizás buscan elevar reservas para buscar créditos, pero eso también es restringido. Es positiva la exención de impuestos a bienes de capital, pero el problema para importarlos tiene poco que ver con los impuestos y mucho con la desconfianza, que no se resuelve en este anuncio. Rescato la disposición mencionada por Maduro de debatir la posibilidad de abrir el mercado cambiario. No sé si eso se concretará en breve. La verdad es que van varias veces que se habla del tema y no termina en nada. Pero si ocurre, es sin duda una buena noticia económica y su impacto podría ser positivo en términos de bajar la presión para los oferentes de bienes y por ende de precios y cambio. Entiendo la posición del Dr. José Ignacio Hernández, mi amigo de años, sobre la ilegalidad e ilegitimidad de que lo haga la ANC. Él sabe de eso y no dudo por un segundo que tiene razón legal. El tema es que cuando uno tiene un hijo secuestrado y logra que lo suelten, puede que toda la operación sea ilegal, desde el secuestro hasta el pago del rescate, pero sin duda es una buena noticia tenerlo de regreso en casa y empezar a reconstruir su futuro. De nuevo, no sé si pasará en breve, pero lo que dice la evidencia histórica es que más tarde o más temprano… pasará.
Texto inicialmente publicado en El Universal

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