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Señalan en Colombia: “La guerra de Maduro contra los medios de comunicación”

Christhian Colina

El Tiempo.- La Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) anunció el pasado viernes que abrió una investigación a la cadena estadounidense de noticias CNN por haber difundido informaciones “falsas” sobre saqueos y violencia en Maracay, capital del estado Aragua, a lo que luego se excusaron por colocar un texto incierto. Al incidente se suma que en febrero de 2014, la periodista Patricia Janiot fue obligada a abandonar el país por la revocación de su licencia luego de cubrir las protestas de ese año.

En Venezuela impera una paradoja: Los dirigentes políticos opositores pueden expresar sus opiniones, pero son perseguidos por ellas y los medios que las difundan pueden ser cerrados, comprados agresivamente o ahogados. Del primer caso, un ejemplo es Radio Caracas Televisión en el 2007, que aunque técnicamente fue la no ampliación de una licitación, el público lo entendió como un cierre. En el 2014 se ordenó la salida del aire del canal NTN24 Venezuela mientras este informaba sobre las protestas en las calles en las diferentes ciudades.

Una buena parte de la prensa a nivel regional ha sido entregada al Gobierno tras compras abusivas por parte de empresarios oscuros que luego cambian la línea editorial. Así pasó con uno de los diarios de mayor tradición en el país, El Universal, y con cientos de periódicos regionales. La falta de dotación de papel periódico es el arma preferida para el ahogamiento de medios impresos libres. Al tener que racionar la cantidad de papel para seguir circulando, los periódicos comienzan a rebajar paginación.

En Venezuela, la palabra “imparcialidad” está asociada a otras como “oposición”, “imperio”, “golpismo”, “fascismo”. Desde afuera ya no es posible encontrar la imparcialidad. De un lado está Telesur, un canal de altísima calidad profesional, pero hecho a la medida del chavismo, y no exactamente ya del otro, Globovisión, extrinchera de la oposición, reblandecido hasta el silencio cuando terminó pasando a manos de empresarios amigos del Gobierno en el 2013. Ni qué decir del canal estatal, Venezolana de Televisión (VTV).

La cobertura informativa de Telesur en otros temas coyunturales internacionales es de las mejores del mundo, pero en lo que atañe a Venezuela es nula. Globovisión rebajó sus espacios informativos y ahora su parrilla está llena de programas de salud, belleza y tecnología. Televen y Venevisión han optado por la autocensura. Su cubrimiento informativo apenas reseña acontecimientos.

La guerra contra los medios internacionales no se reduce a CNN. Varios corresponsales de medios internacionales tuvieron que abandonar el país, como la corresponsal de la cadena catarí Al Jazeera Mónica Villamizar Villegas, a quien el presidente de la Asamblea General, Diosdado Cabello, señaló públicamente de ser agente al servicio de Estados Unidos.

Las revelaciones este año del diario español ABC sobre la existencia de un “Cartel de los Soles” que enviaba droga a Europa, dirigido por Cabello, hicieron que el aparato gubernamental se dirigiera de nuevo contra los representantes de la prensa extranjera en Venezuela. El diario El Nacional hizo eco de esas denuncias y fue sujeto, un vez más, de acciones legales contra su director, Miguel Henrique Otero.

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