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«Si a usted le faltan pantalones, a mí no»: Blanca Rodríguez, la primera dama que enfrentó el golpe de Chávez

Blanca Rodríguez también enfrentó junto a Carlos Andrés Pérez la segunda intentona golpista del 27 de noviembre de 1992

Caracas.- A Blanca Rodríguez de Pérez le tocó enfrentar en La Casona el episodio sangriento de la asonada militar del 4 de febrero de 1992, que pretendía derrocar al entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Negada a rendirse frente a los más de 250 alzados que disparaban contra la residencia presidencial, ordenó recoger y curar a los heridos de ambos bandos, un hecho del cual también participó.

Nacida en Rubio, estado Táchira, el 1 de enero de 1926, doña Blanca María Rodríguez terminó convertida en la esposa de quien más tarde fuera dos veces presidente de la República: Carlos Andrés Pérez, cuyo segundo mandato sigue siendo materia de estudio de historiadores y dirigentes políticos.

De Blanca de Pérez, el país no puede ni debe olvidar sus obras durante el quinquenio 1974-1979. En los anales de la historia queda registrado el programa «Hogares de cuidado diario», que consistía en proveer de guarderías a las comunidades: los niños de la época tenían alimentos y un lugar al cual acudir mientras sus padres trabajaban. Las madres «cuidadoras» también recibían una remuneración por el servicio prestado.

Eran los tiempos de la abundancia. De la nacionalización del hierro y del petróleo, de la construcción de bibliotecas, autopistas, escuelas, ambulatorios, de las becas «Gran Mariscal de Ayacucho», de la fundación del Sistema de Orquestas Juveniles, y de un vertiginoso crecimiento económico conocido como «La gran Venezuela».

Tras la salida de Pérez del poder, Blanca Rodríguez presidió la Fundación Bandesir, que entregaba equipos médicos a personas discapacitadas.

Con la segunda presidencia de Pérez llegó también la más dura de las pruebas para la primera dama y para el país. Durante la infeliz madrugada del 4 de febrero de 1992, mientras Pérez se encontraba en el Palacio de Miraflores, un grupo de más de 200 alzados rodeaba y atacaba La Casona: el teniente coronel Hugo Chávez había decidido llevar a cabo una aventura golpista para derrocar a Pérez. Una aventura por fortuna fallida, pero que dejó un saldo fatal cuyos intereses sigue pagando Venezuela en pleno siglo XXI.

Más de seis horas duró el enfrentamiento a tiros entre los leales a la Constitución y los insurrectos. Convencida de su deber frente a la historia, doña Blanca Rodríguez se negó a la rendición. No huyó ni se acobardó. Mientras Pérez resistía en Miraflores con los recursos disponibles, su esposa enfrentó con reciedumbre a los alzados y puso a disposición de los leales un arsenal privado que el presidente escondía en la residencia.

Mujer con los pantalones bien puestos, cuando el comandante Luciano Bacalao le sugirió la rendición, Blanca le respondió con una frase de aquellas inolvidables:

«Si a usted le faltan pantalones, a mí no».

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