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La Lupa

Si alguien debería representar a Venezuela es un joven refugiado

El dramático caso del boxeador Eldric Sella revela la dura vida de quienes deciden abandonar el país en busca de un mejor destino. En Trinidad y Tobago fue jardinero, pintor de brocha gorda y obrero de la construcción hasta que una beca del Comité Olímpico promovida por ACNUR le permitió dedicarse a su profesión. Ahora ACNUR anda en busca de un país que le de asilo porque Trinidad le ha prohibido el regreso

Foto: El País

Caracas.- "Mi nombre es Eldric Sella, Soy boxeador y cuando no estoy tirando golpes me gusta escribir", se describió a sí mismo en su blog  este joven boxeador que lloró su derrota no solo como deportista sino como venezolano:

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“Yo represento a Venezuela también... Vine como refugiado pero, para mí, yo sigo representando a mi país, a los que se fueron y a los que están ahí y siguen luchando por un mejor país”, alcanzó a decir en la zona mixta tratando de contener las lágrimas.

Una tristeza que luego se volvió rabia porque el gobierno de  Trinidad y Tobago (cuándo no), luego de su debut olímpico le prohibió que regresara, un atropello más de los muchos que se han empeñado en cometer contra los refugiados de nuestro país. Asunto que ha conmovido tanto al Alto Comisionado de  Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que han decidido buscarle un país de acogida que lo ampare  porque Eldric Sella es un hombre de bien. Basta con leer parte de lo que ha escrito en su blog (https://eldricsella.com/sobre-mi-2/ ) para encontrarse con eso que aquí llamamos "un fajado", un muchacho que proviene de una familia con valores como se deja colar en su relato de niñez, cuando quería ser bombero y la abuela, que lo consentía, lo llevó al cuartel más cercano para averiguar cuándo podría comenzar la formación, pero lamentablemente aún le faltaban varios años para poder optar a su primer sueño. Entonces lo cambió y, como todos, quiso ser beisbolista, luego cantante y finalmente espía, asunto que lo llevó a estudiar y graduarse en un liceo militar. Pero ya las ganas de pelear profesionalmente estaban sembradas desde la primera vez -  a los 9 años- que pisó un ring de boxeo: "el gimnasio quedaba muy cerca de mi casa así que varios amigos y yo decidimos inscribirnos, solo por diversión y por tener algo que hacer. Con el boxeo me pasaba algo que no me pasaba con ninguna otra cosa; se me hacía muy fácil aprenderlo. Con el tiempo, de todos los muchachos que nos inscribimos el único que se quedó fui yo. Y aunque se me hizo fácil al principio y el entrenador me decía que yo tenía la capacidad de lograr grandes cosas, nunca fui muy consistente. Siempre desaparecía un tiempo del gimnasio, pero por alguna razón siempre volvía y continuaba con mis entrenamientos."

El resto es más o menos conocido. Desde su participación en un Campeonato Nacional a los 15 años hasta conseguir a los 18 un lugar en la selección nacional de Venezuela y viajar a los 22 a una competencia en Trinidad y Tobago, donde decidió quedarse y pedir asilo. Y allí le llegaría  la alegría de ganar una beca del Comité Olímpico Nacional que ayudaba de este modo  a los deportistas refugiados.

"Por cosas de la vida me vi obligado a dejar mi país y con eso (creía yo) la oportunidad de hacer mi sueño realidad. Aunque fue un poco frustrante eso no hizo que me rindiera y que dejara mi sueño morir, simplemente lo tomé como que el camino se había hecho más largo pero el objetivo seguía siendo el mismo.

Así que duré poco más de dos años en Trinidad y Tobago, trabajando para comer y pagar renta, y entrenando cuando podía".

Pagar la renta implicó hacer de jardinero, de obrero de la construcción  o pintor de brocha gorda "lo que sea que estuviera haciendo, siempre tenía en mente lo que quería hacer”. Y lo que quería hacer era boxear. 

Luego de su lamentable  debut en las Olimpíadas de Tokio, las malas noticias siguieron en fila porque ahora el gobierno de Trinidad y Tobago le niega la entrada por problemas de pasaporte -está vencido-, mientras allá siguen su novia que hace de manager  y su papa convertido en entrenador,  la única ayuda profesional que ha recibido.

Ante  la gravedad de su situación, Acnur  busca ahora la posibilidad de que  un país  pueda recibir a Eldric y a los suyos, tres más de los cinco millones de venezolanos que han huido de su tierra sin  más protección que sí mismos. Y eso sí que es un récord mundial.

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