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En supermercados estatales abunda la escasez: Comprar comida Venezuela es una lotería

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El Cooperante.- Caracas es por estos días la ciudad de las colas. En la capital de la Venezuela del “Socialismo del Siglo XXI” comprar alimentos, medicamentos o repuestos para vehículos es una prueba de resistencia. Hasta el presidente de la República, Nicolás Maduro, admite que esas colas son una “herida” en la “vida social de los venezolanos”, recoge el Diario Las Américas.

“Garantizar la atención, estabilización y mejoría de ese elemento tan pernicioso que nos introdujeron y que la dejaron como una herida allí, y que hoy está allí como una herida, en la vida social de los venezolanos, que son esas colas”, planteó el 19 de enero el mandatario que sólo tras la derrota electoral sufrida el 6 de diciembre de 2015 ha aceptado la gravedad de la crisis, aunque insiste en atribuírsela a una “guerra económica” y la califica como una “emergencia económica”.

Colas y más colas

Es sábado, el día que muchas familias escogen para hacer la compra, y las colas se reproducen en supermercados y farmacias. Se respira preocupación y cansancio. “Es terrible, yo siento como si estuviera mendigando la comida, pidiendo prestado, algo así, todos los días pienso en dónde iré a conseguir la comida, es terrible, muy deprimente”, afirma Ana Piñango, ama de casa, tras salir del supermercado Unicasa, ubicado en Bello Monte, una urbanización de clase media.

Comprar lo más básico es una especie de lotería, hay que tener paciencia, pero también suerte. A la 1 de la tarde en el establecimiento donde compró la señora Piñango, un centenar de personas espera en una cola que se extiende una cuadra. Otro grupo más pequeño se agolpa en la puerta para intentar saber qué productos se están despachando. “Nunca en la vida habíamos pasado por esto, yo tengo 75 años, esto da ganas de llorar”, lamenta una vecina de la tercera edad que observa el alboroto.

Muchos de los que están allí ni siquiera saben qué podrán adquirir, pero esperan desde el amanecer. “Llegamos a las 4 de la mañana, abrieron a las 8, había margarina, hace un rato llegó un camión de aceite, estamos esperando a que lo saquen”, explica una joven.

En supermercados estatales lo que abunda es escasez 

La escena de las colas se repite en Abastos Bicentenario, red estatal que administra el Gobierno y nació de la expropiación de una cadena privada. Son las 3 de la tarde del sábado, el calor aprieta y cientos de personas aguardan en una cola que se prolonga alrededor del establecimiento. La gente acude con sillas plegables y paraguas para protegerse del sol. Luis Gallardo está allí desde las 6 de la mañana y espera conseguir pollo. Si tiene suerte conseguirá el kilo en menos de 100 bolívares, un precio subsidiado, incluso, por debajo del que impone el Gobierno para el resto del mercado.

Guardias Nacionales vigilan e impiden la entrada a quien no haya hecho la cola. A través de las vitrinas se comprueba la poca diversidad de productos y se ven unas cuantas estanterías vacías.

Desde 2014 se institucionalizó en Venezuela un sistema de racionamiento. Por orden del Gobierno los supermercados y grandes cadenas de farmacias instalaron un sistema de máquinas “capta huellas” por el que deben pasar los consumidores para adquirir los productos con precios regulados. El dispositivo verifica si la identidad coincide con la información de la cédula y deja registro de la compra para que el mismo día no pueda repetirla en otro comercio.

De poco sirvió la medida. Ni acabó con las colas, ni ha evitado a los “bachaqueros”, como se denomina a quienes se dedican a cazar productos con precios regulados para luego revenderlos a mayor precio en mercados informales. Estudios de la encuestadora Datanálisis indican que hasta 65% de las personas que hacen cola se dedican a la reventa de la mercancía.

Estallaron las distorsiones

Mientras el Gobierno reitera que la situación es producto de una “guerra económica” causada por empresarios y la oposición, los gremios empresariales insisten en que el desabastecimiento es producto de la política de controles aplicada durante años y que poco a poco fue anidando las distorsiones que hoy parecen haber confluido.

El 28 de enero la Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos (Cavidea) también alertó al Gobierno que la situación es de “extrema criticidad”, como consecuencia de la baja asignación de divisas, la falta de materia prima y la imposibilidad de importarla por la deuda de 1.600 millones de dólares que acumulan con sus proveedores en el exterior, así como por el desfase provocado por el control de precios.

El deterioro ha sido progresivo. Cifras de Nielsen Venezuela, difundidas en septiembre del año pasado, indicaban que entre 2013 y 2015 la presencia de marcas en supermercados descendió de 3.404 a 3.234, mientras que el total de ítems ofertados bajó de 27.419 a 22.676.

En el sector farmacéutico también manejan datos que muestran una drástica disminución en el total de presentaciones de medicamentos que se comercializan en el mercado, también asociada a la poca disponibilidad de dólares para importar, a los estragos que el control de precios ha causado en algunos fabricantes y a la deuda en dólares que acumulan con sus casas matrices.

La tendencia a la baja de los precios del petróleo y la insistencia del Gobierno en ahondar el modelo levantado en los últimos años amenaza con agudizar la crisis. 

 

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