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La Lupa

Sin crítica ni alternancia el referéndum no tendrá fuerza

El 3-12-23 ocurrió el esperado referéndum consultivo sobre la controversia por el Esequibo. Este artículo se hizo antes de conocer los resultados oficiales. Se basa en la percepción sobre la asistencia a la consulta. Mi pronóstico en el artículo del lunes 27 de noviembre para El Cooperante, es que la asistencia sería como mucho el 50 por ciento del REP. Lo mantengo, pero no me atrevo a dar un número específico una vez realizada la consulta. La participación tiene dos análisis. Uno sobre el sistema político y otro sobre la controversia en particular. Los electores han perdido la confianza en el sistema político porque todo es igual. Todo está determinado. Es hora que el gobierno acepte la alternancia en el poder y la crítica. Al menos la última para vitalizar un sistema que no ofrece un proyecto de vida sino llevar la vida, que es otra cosa. Cuando haya algún margen de sorpresa o incertidumbre en la política, las personas volverán a animarse hacia lo público. La segunda lectura es que la participación media es la sabiduría del pueblo para ser contención. Una alta participación envalentonaría al ejecutivo. Una participación media lo obliga a poner los pies en la tierra y trabajar para una disputa con Guyana por medios políticos y diplomáticos. Paradójicamente, la Corte Internacional de Justicia se pone a valer como espacio para el conflicto entre los dos países

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Caracas/Foto: Archivo.- Comienzo a escribir este artículo “en caliente” sobre el consultivo que preguntó 5 temas sobre la controversia por el Esequibo. Son las 2:30pm del domingo 3 de diciembre. La percepción en redes sociales es que la asistencia al referéndum es modesta. Comparto la percepción, pero con matices.

Voté en la consulta. Lo hice en la mañana. La presencia en mi centro de casi 6.000 electores fue modesta. Más que en el simulacro, pero no mucho. Las personas llegaban graneadas. Voté las preguntas como lo manifesté en tuiter en octubre cuando se dieron a conocer: 1, 2, y 4 Sí, y 3 y 5 No.

Tengo mi sesgo, pero no al punto de apostar al fracaso de esta consulta o al del gobierno en este tema en particular, al creer que eso producirá la crisis que llevará al famoso “quiebre de la coalición dominante” que es la alternativa de una oposición cómoda que no sale de las redes sociales. No llego a tanto. Quiero un cambio de gobierno, pero no al precio de hundir a Venezuela.

El Esequibo es un asunto de Estado y el gobierno que le toca llevarlo es el de Maduro. En todo caso, la disposición que tengo es como la del general de brigada de Israel -muy famoso en redes sociales- quien, al comienzo de la respuesta de Israel al ataque terrorista de Hamas, tuiteó que se pudo evitar, pero como militar debe cumplir con su deber, pero luego pedirá cuentas al gobierno de Netanyahu quien tiene responsabilidad en ese ataque, de modo indirecto.

Así será con el gobierno de Maduro. Toca defender al Estado, pero luego se le pedirá cuentas por sus acciones que debilitaron la posición de Venezuela en la controversia por el Esequibo. Lo anterior, no implica apostar a su fracaso. Tampoco le puedo hacer el trabajo a Guyana. El ejecutivo sí deberá ponderar por qué hay personas -que no son pocas- que prefieren perder el Esequibo para ver si el chavismo cae a defender la posición de Venezuela.

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Tampoco considero que la participación en el consultivo sea lo relevante. O, mejor dicho, ya no lo es. Lo fue en algún momento, pero la dinámica política pone el consultivo en otro nivel, una vez realizado. Lo que interesa son sus efectos y menos los que fueron. La asistencia tal como va refleja un problema más profundo, sobre el que vuelvo más adelante. Pero quedémonos en la participación.

Cierta oposición en redes sociales opuso la primaria al consultivo. Craso error, pero son los brillantes analistas, politólogos y periodistas de ese sector. En sus sesgos invalidan las primarias. Después se quejan por qué nadie habla acerca de esa elección o por qué el gobierno actúa como la hace. Invalidan al consultivo con la misma lógica que el TSJ invalida -erróneamente- a las primarias. Es curiosa la “equiparación”. El 22 de octubre, cuentas del oficialismo mostraron centros vacíos en tuiter. El 3 de diciembre, cuentas de cierta oposición, hicieron lo mismo.

Si se ve en términos del REP usado para ambas consultas -poco más de 20 millones- se confirma que cada sector mueve sus bases o públicos cercanos.

La oposición movió a 2,5 millones de personas. Para cuando escribo este parte del artículo, no hay cifras sobre asistencia al consultivo. Pero tomemos un escenario negativo: fue un 20 por ciento (pienso que será más. En mi artículo del lunes 27-11-23 solo llegué a pronosticar que la participación tendría como tope el 50% del REP).

Un 20% sobre el REP son 4 millones de personas, lo que confirmaría lo que la maquinaria del PSUV mueve. Si la participación es 40% -algunos estudios de opinión lo estimaron, creo Datanálisis- son 8 millones de votantes. Si es 30% hablamos, en números redondos, de 6 millones de electores los que acudieron a votar el 3 de diciembre. Si se acerca al tope de mi pronóstico, el 50% del REP, hablamos de 10 millones de electores que sufragaron.

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Cuando afirmo que se les hace un craso favor a las primarias es porque 4 millones -para tomar el valor más bajo- son más que 2,5 millones. Ah….que cada voto movilizado por el chavismo costó más que el que fue a las primarias, eso sí. El rendimiento del voto chavista es decreciente. Es un hecho, pero en términos de comparar cifras absolutas, su maquinaria mueve más que la oposición, aunque con más esfuerzo y costo que en el pasado. El agotamiento de la maquinaria chavista tampoco es algo nuevo.

Seguramente el “framing” de la votación de ayer que hará esta oposición será mostrar que no fue nadie frente al entusiasmo de la primaria, en la misma línea -que hasta ahora ha fracasado- para ver si genera algo adentro del chavismo y se produce el “quiebre”.

El “wishful thinking” del brillante análisis es que el chavismo evaluará que con Maduro no tiene vida y buscará otro candidato, que perfila en Delcy para una competencia “mujer contra mujer”, que es el sueño en redes sociales. Paso con análisis de este tipo, aunque sean aplaudidos y faculten para una invitación a un “Beer, yuca frita, and politics”. No, gracias.

Pienso que la asistencia al consultivo es el síntoma de algo más profundo, que he analizado en anteriores artículos para El Cooperante. Un desencanto que hay con el sistema político chavista en general. Desesperanza que ya toca a las bases del PSUV. 

El análisis de la jornada del referéndum tiene dos niveles de análisis con la participación como variable independiente.

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Un nivel es frente al país en sí y lo que dice sobre la estabilidad y el sistema político. El segundo, sobre la controversia con Guyana sobre el Esequibo. El primer nivel trasciende la consulta. El segundo nivel, se centra en el referéndum.

Abordo el primer nivel a las 5:15pm. En el canal 8 los llamados son a votar, “es sencillo, en menos de un minuto”. Cuando esto sucede, es que las expectativas de participación previstas por el gobierno, no se han dado. La periodista ancla de la hora dejó ver que la votación pudiera “extenderse hasta la media noche”. Era esperado que el CNE prorrogara la votación. Se hizo con el simulacro. Todavía no lo ha anunciado, pero lo hará en algún momento.

Con la percepción de asistencia que tengo para las 5:20pm del 3-12-23 pienso que el mensaje del elector es que quiere un sistema político que tenga vida, no lo que existe en Venezuela. La estabilidad sin vida institucional autónoma es rutina. Es languidecer en vida ¿Para qué ir a votar cuando todo es y será igual? Por ejemplo, el fiscal Saab habla en el canal 8. Llamó a votar “5 veces sí” ¿Será que el fiscal no reparó en que las opciones son Sí y No, y que no debe hacer eso por ser titular de una instancia pública?

Eso es lo que el público ve. En criollo, unos poderes que “se despachan y se dan el vuelto” ¿Para qué ir a votar, entonces, cuando todo está determinado? Más en un tema que el público conoce, pero ve lejano: el Esequibo. Su “potencia nacionalista” es menor a la de la frontera con Colombia o los problemas limítrofes con el vecino colombiano, que tocan más de cerca la fibra nacional. El Esequibo está lejos. Táchira está más cerca y es más sentida en la piel venezolana. 

El clima de “unidad nacional” que el gobierno buscó con la campaña no funcionó del todo, no por la unidad sino por lo inerte de ese clima. Todos son lo mismo y dicen lo mismo. No hay ninguna diferencia. En la cobertura del consultivo que hizo VTV, veo que entrevistan a un diputado de AD-TSJ. Habló como un integrante del PSUV ¡Hasta comentó que hizo su 1 x 10! Pienso que el elector no quiere eso. Quiere partidos que se diferencien. Que hagan oposición no insurreccional, pero de verdad. No ser extensiones oficiosas del PSUV. No desea una vida institucional monótona, donde todo es de un color así sea amable, como es ahora.

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Como abogado del diablo, diría que este clima de unidad abrió la comunicación entre el chavismo y el no chavismo. Lo importante es si esta comunicación irá más allá de los acuerdos y abordará las diferencias.

Todo en Venezuela es tan repetitivo que el PSUV mostró un video de indígenas venezolanos que bajaron la bandera que izó el presidente de Guyana y subieron la de Venezuela. El video se mostró como símbolo de lo que pasó el consultivo, del compromiso del pueblo. Nada nueva esta acción. O el video de Madelein García con las 4 horas de caminata para votar en San Martín de Turumbán. 

Para la ANC de 2017 -otra elección clave para el chavismo- se mostró un video de pobladores al cruzar un río para votar para la constituyente, como símbolo del sacrificio para cumplir con el deber, “Palo Gordo: El pueblo que cruzó ríos y montañas para votar en la Constituyente”. Así titularon portales pro oficialistas. Se cambia el nombre por el de 2023 y se tiene lo mismo.

Nada es diferente en Venezuela. No debe sorprender la apatía de las personas para no ser parte de una rutina que ya conocen o intuyen.

El mensaje para el gobierno es que los poderes tienen que funcionar realmente. La AN tiene que ser una AN de verdad. No simplemente una caja de resonancia o de regaños de su presidente, Jorge Rodríguez. Debe tomar nota de la participación porque el parlamento fue el que convocó al referéndum.

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La sociedad no quiere insurrección -lo que todavía busca cierta oposición, aunque en modo de “Tirar la piedra y esconder la mano”- pero sí vida política crítica, con debate, con diferencias, no la monotonía del “aquí no hay colores ni partidos” que es la consigna de ahora, pero que no tiene debate ni crítica.

De quienes se sumaron al consultivo, el único que noté con una diferencia fue a Manuel Rosales, quien en un acto en Zulia el 28-11-23 al que asistió la VP Delcy, leyó un buen discurso sobre el Esequibo, pero también hizo sus puntos para diferenciarse del gobierno y reclamar su espacio como estado y gobernador. Con cortesía, pero lo hizo. Fuera de las palabras de Rosales, todo fue la monotonía verbal de “no hay partidos ni colores”. Mi hipótesis para explicar la asistencia al referéndum es que el país se cansó de la inercia institucional. Lleva su vida, pero quiere otra cosa. Incluso el chavismo. Por eso no participa con la fuerza del pasado. Ya sabe que su presencia no cambiará las cosas. Todo seguirá igual.

Como escribí en mi artículo de la semana pasada para El Cooperante, la última vez que vi un chavismo con ganas fue para la ANC de 2017. Pero ahora no. Mi hipótesis es que el chavismo dejó de tener esperanzas con su gobierno.

No se cambia a la oposición porque es consecuente, cosa que habla bien del pueblo chavista, pero no tiene expectativas sobre la gestión del ejecutivo. En 2017, había una expectativa de un vuelco en la gestión. Pero no ocurrió. En cada elección, Maduro prometió esa vuelta, pero nada. Al final, se impone la inercia de un gobierno que está cómodo y buchón en el poder ¿Para qué cambiar? En un país el que tampoco tiene muchas ganas de protestar o hacer contrapeso, sino se privatizó en su vida ¿Cuáles incentivos tiene el ejecutivo para mejorar su gestión? Ninguno. Pero cuando es convocado, el pueblo manifiesta su agotamiento con un gobierno y vida institucional gris, que es la de Venezuela. Hay estabilidad política, sí, pero es una sin vida, que no reta, que no desafía al famoso “qué es lo que hace que la vida valga la pena de ser vivida”. En Venezuela, simplemente la rutina.

El país quiere cambio, quiere otra cosa: alternancia y crítica. El gobierno no ofrece ninguna de las dos. La primera no puede por la naturaleza del poder. Está bien. Convengamos en eso (aunque no es así). Pero tampoco ofrece crítica. De hecho, la promesa del presidente Maduro en 2020 de una AN que interpelara a ministros, por ejemplo, se evaporó. Nunca se cumplió. Es una AN para aclamar con la excusa que no hay diferencias sino “consensos”. La política no es solo consensos también es conflicto. Mi hipótesis es que la sociedad quiere ver la diferencia y no solamente los consensos, que es lo que tanto el gobierno como cierta oposición quieren imponer. La “línea” y solo queda alabarla o ser execrado si es criticada. Una democracia sin diferencia no es democracia.

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El mensaje de los electores al ejecutivo es que ya es hora para aceptar la alternancia en el poder y la crítica. Al menos, que promueva la segunda dentro del propio gobierno para ver si éste se dinamiza.

Por supuesto, al ejecutivo puede no interesarle la participación del votante o el cambio. Las elites -todas, las del gobierno, las de la oposición, y las que no se doblan- están muy bien. Realmente, el sistema político es para ellas. Venezuela es para ellas no para la mayoría. Así que la inercia puede durar sin solución de continuidad como pasa ahora. Las opciones serán la “salida” de Hirchmann -porque “voz” no hay o es “voz muerta”; irse del país, por ejemplo- adaptarse a la inercia de un sistema, o acumular agravios y esperar a “ver el cadáver de mi enemigo pasar por la puerta de mi casa”, que es lo que noto en redes sociales como la opción predilecta. Casi todos asumen que en algún momento “algo pasará” y la “historia los absolverá”. Les tengo una mala noticia: eso no pasará. Lo que sucederá es que los mejores años de sus vidas pasarán y envejecerán a la espera de algo que no vendrá.

La asistencia al consultivo, entonces, revela un problema más de fondo, que lo trasciende: la necesidad que tiene el país para una vida institucional realmente fuerte, que supone la crítica y la alternancia en el poder. Eso de que “todos nos queremos” y no “hay partidos ni colores” pero es uno el que dispone y manda -el gobierno- ya nadie la compra ni lo quiere. Desea diferencia, debate, conflicto -en el sentido político- y no solo un consenso para languidecer en un sistema que no ofrece un proyecto de vida sino solo llevar una vida, que son cosas diferentes. En Venezuela no hay proyectos de vida, solo se lleva la vida.

Quizás el mejor símbolo de la vida gris que llevamos los venezolanos es cuando se anunció el proceso para sacar la cédula. Miles se volcaron al Saime. El despelote de hace 20, 30 o 40 años. Nada cambia en Venezuela. Un Maduro que le dice al director del Saime, “Vizcaíno, resuelve” ¡Ah, el famoso “resuelve” de Venezuela, tan solicitado en tuiter por chicas jóvenes que quieren un hombre “que resuelva”! Una barra que aplaude al presidente. Patético. Triste. Pero al venezolano se le va la vida en la burocracia: sacar la cédula, “borrón y cuenta nueva”, echar gasolina, o ver cómo lleva su vida con la escasez de agua, luz, o gas. Esa es la vida gris de la que se quiere salir, “normalizada” por el discurso del gobierno y la comodidad de la oposición.

Voy al segundo nivel de análisis: sobre el Esequibo. La participación que se espera con respecto al referéndum tiene una lectura interesante, a mi modo de ver.

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La participación puede indicar que el pueblo jugó su rol de contención, para poner freno a las élites. En este caso, a la del gobierno.

Los “cabeza caliente” están en la élite, quienes son los que pueden darse ese lujo: tienen doble nacionalidad o “paracaídas de oro” para irse de Venezuela y denunciar que los persiguen, recursos, y sus hijos probablemente estén fuera del país. Los hijos de Ramona y Petra no tienen esas ventajas. Sus mamás lo saben y por eso en momentos de conflicto -como fue en 2002-2005 y 2014-2021- contuvieron a las elites para evitar un conflicto civil en el que serían los seguros perdedores, no así las elites que hubiesen monetizado la muerte de venezolanos. Por eso el pueblo no se enganchó en “La salida” de 2014 o en las marchas de 2017. Quedaron como intentos de elites para derrocar al gobierno de Maduro. 

Una participación muy alta en el consultivo -si tomo mi pronóstico, por encima del 51% del REP- a lo mejor envalentona al gobierno y procede con los escenarios más riesgosos. La toma del Esequibo, por ejemplo. Pero que la participación sea media o modesta no lo envalentona. Lo pone a tierra. Creo escuché del presidente Maduro luego de votar, afirmar que el resultado ofrecerá al gobierno como un “mapa” para actuar. Me luce que el presidente comprendió el mensaje de los electores. Es un mapa efectivamente, pero no uno para envalentonarse, sino para definir una estrategia política frente a Guyana.

Paradójicamente -quien lo hubiera imaginado, pero así es la política, se transforma todo el tiempo, atributo que no ven los brillantes analistas de cierta oposición, atados a recetas de la “transitología” y de la “politología seria”- la Corte Internacional de Justicia se puso a valer como espacio político para tramitar este conflicto territorial.

Los dos gobiernos lo entendieron así luego de la decisión de la corte el 1-12-23, por las declaraciones de ambos países. Los dos -también paradójicamente- celebraron o “tomaron nota” del acuerdo de la corte. Cada uno lo interpretó como un respaldo para su posición.

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Así que no fue que “Venezuela perdió” o “Guyana ganó”. Fue una decisión, pero decisión, que reconoce una disputa territorial entre dos países. Sí, la corte señaló que Guyana ejerce un control sobre el territorio, pero es en los hechos. No le reconoce título de soberanía. Señala sí que es “plausible” que el país vecino los pueda obtener en virtud del Laudo de 1899, pero hoy no los tiene. Justamente, es lo que la corte analiza para tomar una decisión.

Una participación con un tope del 50% del REP pone la pelota mayormente en una instancia que dirima la controversia. La que está a la mano, es la CIJ, pero puede ser otra nueva o que exista (el acuerdo de Ginebra de 1966, por ejemplo).

Tal vez sea mi “wishful thinking” o mi sesgo, pero la intensidad verbal de los protagonistas bajó las últimas horas, tanto de Venezuela como de Guyana. El vecino, en voz de su presidente, emitió un mensaje el 3-12-23 y señaló, entre otras cosas, que “Guyana no es enemiga de Venezuela”.

El mensaje fue antes de comenzar el referéndum. Guyana sí le tiene miedo a la consulta. Habrá que ver, luego de los resultados, si el mandatario guyanés mantiene el tono o se envalentona por la abstención en el consultivo.

Desde el lado venezolano, el tono más humilde se vio antes del 3 de diciembre en importantes voceros del PSUV como Diosdado Cabello. Pero una declaración muy significativa fue la de Jorge Rodríguez el día de la consulta. Luego de votar, ofreció sus impresiones.

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Señaló que “no hay vencedores ni vencidos”. Buena frase. Bastante significativa para un importante dirigente del PSUV que regaña y al que su ego le hace trampas en las que cae. Rodríguez -al menos en esa hora- comprendió el mensaje de los electores y bajó el tono.

Escribí “al menos en esa hora” porque el presidente de la AN habló desde el comando de campaña, cerca de las 7pm. Un Rodríguez menos humilde -imagino porque tiene que dar la cara política, se dio cuenta que no puede mostrar tanta realidad como al mediodía- pero mantuvo el contenido central cuando declaró: un reconocimiento al pueblo de Venezuela.

Los resultados dan para llevar el contencioso con Guyana a un terreno institucional de pugnacidad, sea la CIJ o -lo ideal, es lo que prefiero- si se logra una conversación entre los dos países, sin que implique una renuncia a sus acciones, al menos inicialmente. EUA ve esta posibilidad como planteó Kirby el 1-2-23, al afirmar que, salvo que la CIJ decida sobre el caso, los dos países pueden platicar sobre la controversia.

Por eso la asistencia. El pueblo con su olfato político le dio poder y apoyó al gobierno, pero no mucho. Por experiencia propia sabe que las “súper mayorías” -como pasó en la AN de 2005 o en la de 2015- no traen nada bueno sino conflictos, incompetencia, o corrupción. El votante apoya, pero con menos intensidad. Le dio al gobierno un poder, pero no una “súper mayoría” para hacer lo que quiera. Le dio fuerza no para anexarse el Esequibo -si es o era la intención- sino para llevar la pugnacidad con Guyana en espacios políticos, diplomáticos, e institucionales.

Son las 9:25pm. El presidente del CNE anunció que la votación se extiende como mucho hasta las 8:30pm. Luce que será así. Al menos, es lo que me transmitió. Si pasa, será una buena señal de cierta independencia frente a los llamados para sufragar hasta la media noche.

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Se repite el mismo guion: un chavismo más animado en la noche, con menos “carómetros”. El canal 8 con videos optimistas y la “operación remate” con dirigentes importantes desde zonas populares. En VTV, se hace el tradicional conversatorio. Asiste William Castillo quien siempre va. El mensaje optimista. Es otra cara. Me luce que el chavismo ya procesó la participación que hubo. El chavismo se nota menos sombrío. Nada es diferente en el “by the book” chavista. Cuando el sistema político se permita algún grado de sorpresa o incertidumbre en sus resultados, las personas volverán a votar con ánimo.

Son las 10:45pm. Ya termino el artículo. El CNE ofreció los resultados. No comento porque será para el artículo del lunes. Dejo este artículo como lo escribí antes de las 10:45pm. Solo diría que la participación anunciada por el CNE está en el nivel alto de mi pronóstico que fue como mucho, 50% del REP. Esperaba un 40 por ciento (poco más de 8 millones de personas).

En número absolutos, más de 10 millones, pega. En valores relativos, no mucho. Es el 51% del REP. Un 49% se abstuvo que es una cifra importante. En términos relativos los resultados son buenos, pero no para estar exultante. No comento más. Esperaré a la publicación de los resultados por parte del CNE para el análisis numérico que será en el próximo artículo para El Cooperante.

Con estos resultados, no espero cambios en el gobierno en los términos planteados en el análisis (la crítica, al menos). Escucho al presidente Maduro hablar para comentar los resultados, y me luce que el ejecutivo seguirá en su inercia y en lo monótono de su sistema político. 

A pesar de la participación, el reto para el sistema político es cómo tener alternancia y crítica sin que sea suma cero, porque cada actor “guarda los puñales” para eliminar al otro. Así, por supuesto, lo que resulta es lo que hay: una paz autoritaria. Los votantes hablaron a favor de un sistema político adulto, que sea real, no una caricatura de sistema. Ya la sociedad no aguanta eso. Los problemas de Venezuela son de tal magnitud que las personas buscan realidades no espejismos.

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