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Talento, creación y trabajo frente a un Gobierno de flojos

Elizabeth Fuentes | 17 junio, 2019

Caracas.- Ya sabemos hasta el cansancio que Elías Jaua y Jorge Rodríguez dedicaron buena parte de sus días de “estudios universitarios” a quemar cauchos todos los jueves frente a la Universidad Central de Venezuela. O las trácalas que se hacían entre compañeros del partido (PCV, MAS, Liga Socialista, etc), para conseguir un cargo en el Gobierno de turno a cualquiera de ellos sin que tuviese los méritos suficientes para lograrlo.

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También conozco de cerca la patética historia de algunos cineastas que se lucraron de los créditos que otorgaban los gobiernos de AD y Copei para realizar sus mediocres filmes anti sistema, con el pequeño detalle de que hacían trampas con el presupuesto, de manera tal que les quedase dinero suficiente para comprar equipos de alta factura a su nombre, que luego alquilaban a otros para seguir cobrando sin trabajar.

Y ni hablemos del reposero Nicolás Maduro, quien durante el poco tiempo que tuvo su quince y último garantizado por el Metro de Caracas, optó por “hacer la revolución” desde la comodidad de su casa, comiendo muy bien siempre, según me dijo cuando era asistente del asistente de Luis Miquilena y le hice una cortísima entrevista mientras esperábamos a que “don Luis” nos atendiera:

– A usted lo ha tratado muy bien la democracia porque está bien papeado…, le dije a Maduro dándomelas de irreverente.

Y el muchachote me lanzó una respuesta sobre cómo su mama y su papá lo habían alimentado y mantenido de lo mejor, conversación que debe estar archivada – espero-, en los anaqueles de Radio Capital AM, donde nada se pierde, todo se transforma.

También es larga la lista de mujeres que mantenían al compañero revolucionario y padre de sus hijos, mientras ellos se quedaban en casa con excusas varias: desde “no voy a trabajar en esa empresa capitalista” hasta “estoy rescribiendo la historia de Venezuela”, y ni siquiera un plato lavaban los muy flojos.

Y son esos flojos los que hoy nos están gobernando. Es esa flojera endémica la que lleva veinte años colándose en todos los pliegues del país, la que destruyó industrias y empresas del Estado, la que no ha sido capaz de fabricar ni un helado Copelia, como lo reclamó alguna vez Hugo Chávez, el responsable mayor de nuestra tragedia.

Y es contra esa partida de flojos que algunos se atreven a oponerse con varias armas que los inmovilizan: el trabajo, la creación, el talento, las ganas de hacerlo bien. Ese país que camina a contravía del régimen, que no le para pelotas, que sigue en su empeño de levantar desde una pequeñita empresa de helados caseros – como La Paletta, que probé en la boda sorpresa de Arianna, la hija de Valentina Quintero-, hasta empresas grandotas, como ron Santa Teresa, que decidió seguir empujando su exitoso negocio y se atrevió a celebrar en grande y con un concierto inolvidable el lanzamiento de un nuevo empaque, algo que podría ser un simple hecho publicitario en cualquier otro país, pero que en Venezuela adquiere ribetes de audacia, de arrojo.

“Hoy estamos aquí por rebeldía, los que desafiamos la norma de la destrucción, el desánimo, la desesperanza…hoy estamos aquí por reciedumbre,empeñados en la gesta de aspirar a una Venezuela de vanguardia”, dijo esa noche Andrés Chumaceiro,el director de la Hacienda Santa Teresa, aplaudido a rabiar. Y cerró la noche Alberto Vollmer invitando a imaginar ese futuro país “donde regresarán los que se fueron… y seremos un referente de recuperación vertiginosa”.

Más de uno lloró conmovido esa noche. Una noche cuando la palabra trabajo sonó revolucionaria, vaya paradoja.

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