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Las caras feas de la jueza chavista acusada de “trata de personas” en España

Elizabeth Fuentes | 13 mayo, 2019

Caracas.- No es la primera vez que la jueza chavista Glorimar Soto protagoniza un escándalo (puede ver la denuncia en Periodista Digital ). Acusada este lunes en España por Trata de Personas tras haber sometido a un régimen casi de esclavitud a su empleada doméstica, la inmigrante venezolana Belkys Abreu, la jueza hizo noticia en el Zulia el año 2013 cuando le ordenó a un escolta suyo que estrellara su camioneta 4×4 Runner contra la casa del gobernador y su familia, el opositor Pablo Pérez.

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El escolta, funcionario policial, fue atrapado luego del atentado y confesó que “estaba en una fiesta en el club Creole, cuando recibí la orden de que fuera a la Residencia del Gobernador y ejecutara el atentado”. Las credenciales de la jueza se consiguieron dentro del vehículo. Para la fecha, la jueza Glorimar Soto era la titular del Tribunal Tercero de Primera instancia Civil y Mercantil y estaba aún casada con Wael El Yaber, entonces asesor jurídico de la Alcaldía de San Francisco, en manos del chavismo, y presidente de la cadena de tiendas Todo Regalado, en Maracaibo.





Con tres empresas inactivas registradas a su nombre en Orlando, Florida -todas en la misma dirección -, la jueza Soto reside ahora en la urbanización Somosagua, Calle El Pinar, Pozuelo de Alarcón, Madrid, un sitio donde los precios de cada vivienda oscilan entre uno y tres millones de euros.  Por su parte, el exesposo de la jueza, abogado Wael El Yaber, posee una empresa registrada en Panamá.

Como dato curioso, la tesis doctoral que realizó la abogada Soto para la Universidad Nacional de Educación a Distancia,en Madrid, se tituló “El Estado como garante de los derechos fundamentales de las mujeres en Venezuela bajo el marco de la nueva ley orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia”, donde la hoy acusada por maltratar a su servicio domestico no solo dedicaba párrafos a elogiar el estado de las leyes en la Venezuela chavista, sino que escribía en contra de lo que hizo en la práctica con su empleada. “Bajo la aparente igualdad se ocultan situaciones en las cuales se sigue manteniendo la segregación laboral, evidenciada en bajos salarios, mayores tasas de desempleo para este género, peores formas de contratación, desprotección social o la simple ubicación en categorías bajas de puestos de trabajo”, escribió en la Introducción a su tesis, un ladrillo de casi 400 páginas a favor de todas las trabajadoras, a excepción de Belkis Abreu, la inmigrante venezolana rescatada por Alberto Casillas y cuya historia de abuso y horror como empleada de la jueza chavista dibuja a la perfección la metáfora del país que sufrimos.





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