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Trabajadores petroleros huyen de Pdvsa y otros han robado para intentar ganar dinero

Luis De Jesús | 2 julio, 2018

Caracas/Foto de portada: The New York Times.- Miles de trabajadores de Petróleos de Venezuela están huyendo de la estatal petrolera y abandonan así empleos que alguna vez fueron codiciados, y que ahora perdieron su valor debido a que el país enfrenta la peor inflación de todo el mundo. Y esa fuga de empleados diluye las posibilidades de que la nación tenga con qué frenar su prolongado declive económico.

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Además, los empleados petroleros desesperados y los delincuentes han robado equipo clave, vehículos, bombas y cables de cobre de la petrolera: se han llevado lo que pueden para intentar ganar dinero. Esta hemorragia conjunta, de gente y de equipo, ha dejado aún más incapacitada a una empresa que lleva años tambaleándose, pero que también sigue siendo la fuente de ingresos más importante del país.

El momento no podría ser peor para el presidente Nicolás Maduro, quien fue reelecto en mayo en unas votaciones ampliamente condenadas por gobiernos del hemisferio. Los políticos opositores más destacados tuvieron prohibido participar en las elecciones, mientras que otros están presos o en el exilio.

Aunque Maduro ejerce un férreo control sobre el país, Venezuela está postrada en cuestión económica, rendida por la hiperinflación y los antecedentes de malos manejos. Hay hambre generalizada, conflictos políticos, una devastadora escasez de medicamentos que junto con el éxodo de más de un millón de personas en los años recientes han llevado al país a una crisis que se desborda de sus fronteras.

Si es que Maduro logra encontrar cómo salir de este caos, la llave sería el petróleo, prácticamente la única fuente sólida para respaldar la moneda en esta nación que tiene las reservas petroleras comprobadas más grandes del mundo. No obstante, mes tras mes Venezuela produce menos petróleo.

Carlos Navas, de 37 años, era parte de un equipo de perforación en El Tigre. Nunca pensó que su salario no sería suficiente para que su esposa y tres hijos tuvieran qué comer. El año pasado renunció porque dijo que el sueldo ya era insosteniblemente bajo.

Una tarde reciente se preparaba para salir camino a las minas de oro al este, las cuales están infestadas de malaria, a la espera de ganar lo suficiente ahí para poder costear alimentos para su familia y, en algún momento, poder huir todos hacia algún otro país. “Antes trabajabas y eras rico”, dijo Navas. “El salario alcanzaba para lo que quisieras. Ahora ya no puedes comprar nada, ni comida”.

Trabajo publicado originalmente por The New York Times, para ampliar la información, haga click aquí.