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“Un 31 sin mi mamá e hijos es muy difícil”: Venezuela cierra otro año marcado por el éxodo

El Cooperante | 17 diciembre, 2018

Caracas.- Yordano Arciniegas, un venezolano de 28 años nunca olvidará aquel 4 de diciembre del 2017 cuando salió de Venezuela por carretera hasta Perú en busca de una mejor calidad de vida, la cual no encontró en su país natal, una hermosa nación hundida en una profunda crisis política, social y económica.

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Arciniegas, un periodista de vocación, recuerda, una y otra vez, ese frío lunes de diciembre cuando recibió el último abrazo de su madre, minutos antes de emprender un largo viaje que lo llevaría a vivir la experiencia más dolorosa de su vida. Desde que decidió formar parte de esos tres millones de venezolanos que migraron, su único pensamiento está en ayudar a su madre a salir de la crisis y llevarla a Perú. Sin embargo, una interrogante, probablemente sin una respuesta sincera, retumba en su cabeza: “¿Regresaré a Venezuela?”.





Me hago esa pregunta frecuentemente, porque no sé cuándo vuelva, tal vez en unos años. Lo que sí estoy seguro es que cuando ese día se dé, voy a las playas de Morrocoy a juro, extraño mis playas”, expresa a El Cooperante. Con gran nostalgia, asegura que lo que más extraña de Venezuela en estas fechas decembrinas es sentir la navidad.

“Todo diciembre en Venezuela se respiraba y sentía felicidad (…) Este año la pasaré con un grupo de venezolanos con los que comparto vivienda porque una de las cosas más difíciles fuera del país es estabilizarse solo, y por lo tanto la manera más fácil de ahorrar dinero es vivir acompañado (…) cuando emigras, diciembre se convierte en días cualquiera”.

Ese sentimiento es compartido por muchos. Alejandro Urea, un hombre de 33 años que decidió salir de Venezuela en agosto de este año, no deja de soñar con los abrazos de su madre e hijos. “Cuando pienso que no la pasaré con mis familiares me siento nostálgico porque estar lejos en un país diferente, donde hay otras culturas, es muy difícil”, señala a esta redacción en medio de lágrimas.





Afirma que nunca imaginó que viviría en otro país, a muchos kilómetros de distancia de sus familiares. “Un 31 sin mi mamá, papá e hijos es extraño. Un diciembre, uno extraña todo, es cuando uno realmente piensa que la familia lo es todo“.

Ambos ya han probado su primera hallaca y bollo. Pero, coinciden en la tristeza al pensar que en su país, muchos hogares no contarán con la misma dicha. “Ahora mismo se me viene a la mente del plato navideño, ¿mi familia va a poder comerlo? Se me pone el corazón chiquito, porque sé que en Venezuela, no todos tendrán su cena”, dice Arciniegas.

“Recuerdo algo que vivía allá y lo siento mucho aquí, y es que a mi siempre me ha gustado la historia de la Segunda Guerra Mundial. He visto muchos documentales de lo que ocurría en Alemania antes de la caída del muro y siempre recuerdo como todo el mundo salía huyendo. Nadie quería estar del lado comunista. Hay historias de historias. De personas que ayudaban a su familia a salir de ese horror, y la verdad es que nunca pensé que yo también lo viviría. Salvando las distancias, pero así estamos los venezolanos, huyendo del horror que se llama chavismo”, afirma Arciniegas.

Urea, al igual que muchos connacionales, pasará estas navidades con sus primas que lo recibieron en Barranquilla, Colombia. Ellas, asegura, le han dado un “apoyo incondicional”, a pesar de que son sobrinas de la esposa de mi papá. “Me ayudaron a conseguir el trabajo que tengo y estas fechas las pasaré con ellas”. A todas las considera como una bendición que Dios le puso en su camino.

Ninguna de los dos espera volver a Venezuela mientras el Gobierno de Nicolás Maduro esté en el poder. Insisten en que la crisis es muy dura y cada día se pone peor. “Es muy difícil querer reencontrarse con su familia y no poder hacerlo. Lamentablemente, este Gobierno ha separado a muchos, y para poder tener un futuro mejor y poder ayudarlos con sus necesidades, tomamos esta difícil decisión. Pero, no pienso regresar“, sentencia Urea.

2018, nuevo año marcado por la migración

Unos 5.000 venezolanos dejan diariamente su país, siendo el mes de agosto el mes de mayor éxodo registrando un máximo de 13.000. Eduardo Stein, representante especial conjunto de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) dijo en días pasados que la región tuvo que responder a una emergencia en algunas áreas.
Fue casi similar a un enorme terremoto. De hecho, estamos enfrentando un terremoto humanitario”, expresó Stein durante una rueda de prensa reseñada por Reuters.

Hasta el momento, según cifras aportadas por la ACNUR, unos 3,3 millones de venezolanos han huido de la crisis económica y política en su país, la mayoría de ellos desde 2015. De ellos, aproximadamente 365.000 han buscado asilo.

“Los motivos de estas personas para salir van desde el hambre a la violencia y la falta de seguridad (…) En la ACNUR creemos que muchos tienen razones válidas para buscar protección internacional”, agregó el jefe de la agencia de refugiados de la ONU Filippo Grandi.
Colombia ha recibido a un millón de venezolanos y la mayoría de los demás se han dirigido a Brasil, Ecuador y Perú.

Éxodo venezolano en aumento

Unos dos millones de venezolanos podrían unirse a un numeroso grupo de migrantes y refugiados el próximo año, para sumar un total de 5,3 millones, mientras el país continúa sumido en graves problemas.

La semana pasada, la ONU pidió donaciones por 738 millones de dólares en 2019 para ayudar a los vecinos de Venezuela a lidiar con la llegada de millones de refugiados y migrantes que “no tienen perspectivas de regresar en el mediano a corto plazo”.

El plan de la ONU, presentado a donantes el viernes, apunta a ayudar a los venezolanos a convertirse en contribuyentes productivos en los países que los reciban, comentó el director general de la OIM, Antonio Vitorio.

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