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Un agotado Maduro recicla viejas promesas para mantener su mermada base electoral

El Cooperante | 9 julio, 2019

Caracas.- La única opción posible para Nicolás Maduro es aferrarse al poder hasta las últimas consecuencias. Presionado por su entorno radical, el gobernante de facto apela al mayor reciclaje posible de frases hechas de años precedentes para ofrecer a su mermada base dura de votantes algún plan para un futuro que no luce nada promisorio. Durante la noche de este martes, Maduro recurrió a un lugar demasiado común en 20 años de chavismo. Parece haber descubierto que el secreto para reflotar la economía venezolana, es la producción.

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Ya lo había dicho Hugo Chávez en su día. Producción nacional. Su régimen autoritario logró exactamente lo contrario: tras expropiar más de 3 millones de hectáreas y amenazar a empresarios y productores agrícolas, Venezuela terminó duplicando sus importaciones de alimentos, medicinas y materias primas al cierre del año 2012 por una cifra superior a los 60 mil millones de dólares, según el Banco Central de Venezuela. En ese entonces, la campaña por la reelección obligó al moribundo mandatario a usar todos los recursos disponibles para que el país no percibiera lo que ya era una crisis. Una mega crisis.

Luego de la muerte de Chávez, Maduro recogió el testigo. Y recogió la crisis. La inflación que terminó en hiperinflación. Las reservas internacionales agotadas. Petróleos de Venezuela en el suelo. Acabó el chavismo con la producción nacional y también con la única empresa capaz de aportar divisas al país. Maduro tuvo la oportunidad de rectificar el modelo cuando el tipo de cambio paralelo todavía era cercano al oficial. No solo no rectificó, sino que profundizó las prácticas de su antecesor.

De allí que la estanflación (estancamiento con inflación) haya pasado a depreflación (depresión con inflación). La crisis campea por todo el territorio nacional y la noticia mundial es el éxodo de más de 3 millones de venezolanos. Luego de asumir un discutido segundo mandato y ser declarado en usurpación de funciones por el Parlamento, a Maduro no le ha quedado más remedio que deshacerse de algunos vetustos controles para subsistir en el poder.

Pero ya es demasiado tarde. Ni las mesas de cambio del dólar ni la libre importación de productos resolverán un problema que se originó en 1998. Maduro, con el discurso agotado, ha dicho este martes desde el Palacio de Miraflores:

“Nuestra mayor victoria es producir, producir es vencer. Es nuestra carta para jugarla y ganar frente a la maldad, el daño y el bloqueo financiero (…) Nadie nos va a esclavizar, aquí nadie se va a rendir frente al imperio norteamericano jamás, no lo hicimos hace 200 años frente al imperio español que dominó 300 años estas tierras. Estamos decididos a resistir, luchar y vencer”, dijo, según recoge la prensa oficial.

La aseveración, posiblemente, no convencerá a su propia base de votantes. Ya en el sótano de todos los sondeos de opinión, Maduro parece quemar los últimos cartuchos de un proyecto político comunista que fracasó y que fue llamado socialismo del siglo XXI.

 

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