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“El Gobierno aspira dos cosas: dinero fresco y mantenerse en el poder”

Daniel Asuaje | 24 enero, 2018

Caracas, 24 de enero.- La situación de juego trancado en RD, vale decir, de no concreción de acuerdos, merece una lectura detenida. Algunos afirman que al dialogar el oficialismo gana tiempo. Otros afirman, en cambio, que es indicio de la urgencia que tiene el gobierno por lograr un acuerdo negociado ¿Cómo interpretar lo que allí ocurre?  Por lo pronto el afirmar las dos partes la necesidad de dialogar pareciera significar que para ambas es más rendidor negociar que no hacerlo, solo que por razones distintas cada quien.

Una interpretación sutilmente diferente pero muy conectada, parecida, es que ambos interpreten que el costo no hacerlo es más alto que hacerlo. Aquí el acento no está puesto sobre los beneficios esperados, sino sobre las temidas pérdidas o costos de evitarlo. Posiblemente la decisión de quedarse sea el producto de una combinación de lo anteriormente nombrado.

Ciertamente, el gobierno está urgido de divisas frescas y suficientes para poder funcionar satisfactoriamente. De no contar en lo inmediato con ellas  desde luego que puede seguir funcionando, pero cada vez más menguadamente es decir, puede hacerlo, pero al costo de: arriesgar un estallido generalizado interno, un deslave de sus fuentes de apoyo interno habida cuenta que ya no es beneficioso, ni rentable apoyarlo, incrementar la presión diplomática, política y financiera internacional y, finalmente,  verse obligado a abandonar el poder de un modo más bien apresurado y sin garantías. De acuerdo con esta interpretación el gobierno no está ganando tiempo, más bien lo pierde y está cada vez más interesado en llegar a acuerdos.





Un examen más minucioso nos revela que el gobierno aspira a dos cosas: dinero fresco y mantenerse en el poder. Sea que lo logre o no, también aspira deteriorar a la oposición para anularla como  opción de relevo, olvidando que si la destruye otras opciones opositoras tomarán su lugar.  Pareciera que lo racional  sería asegurarse ceder  el poder en condiciones  de continuar siendo una opción política y sin ser víctima de revanchas.  Sobre el tapete el gobierno pone la suspensión de las sanciones y el reconocimiento de la ANC.  La oposición  pone su acento en condiciones electorales transparentes.

La oposición dialogante quiere desalojar  a Maduro y al madurismo del poder mediante  elecciones libres. Sabe que reconocer a la ANC es cuchillo para ser degollada.  Sabe también que de su venia depende que las sanciones sean atenuadas o levantadas y que la AN tiene la potestad para aprobar la consecución del financiamiento que el Ejecutivo tanto anhela. Quiere que las elecciones sean tan cerca de diciembre como sea posible para recuperarse electoralmente, mientras que el gobierno las ha estado buscando tan cerca como sea posible, pero sus crecientes fisuras internas podrían comprometer sus deseos. Por supuesto que la oposición no pierde de vista que las elecciones no deben ser tan tarde como para dar lugar a que el país termine siendo  condenado a más allá  del infierno y  que la salida electoral sucumba ante el caos de la explosión.


Una parte de la cúpula madurista  actúa bajo el aprovechar  mientras se pueda. Para muestra un botón: se corre fuertemente el rumor de haberse realizado una cuantiosa compra de silicón para facilitar la extracción de crudo pesado en la faja petrolífera del  Orinoco. Pues bien, se dice que el setenta por ciento ha sido extraído y vendido en Colombia. Los riesgos de caída de la producción petrolera más allá de los ochocientos mil barriles son cada vez más altos. Esto significaría según algunos, el desplome definitivo del régimen. Otros miembros de la cúpula  madurista creen que pueden sostenerse en el poder aun cuando el país entero entre en una situación de ruina económica y social pavorosa. Ambos saben que una intervención militar externa es todavía remota pero cada vez parece acercarse y comienza a ser deseada por muchos venezolanos.

Como puede apreciarse nadie la tiene fácil en este escenario. Los objetivos perseguidos por ambas partes tienen muy pocas aristas en común.  Pareciera que ambas partes están  en un tablero del cual ni pueden levantarse ni pueden acordar nada, por lo  que la mejor opción ha sido dinamitar el diálogo, tal es el efecto que podría tener las acusaciones de supuesto colaboracionismo por parte de los negociadores opositores en la captura de Oscar Pérez.  El tiempo también juega y  si bien empeora las posibilidades de cada una de las partes lo hace más grave para el gobierno, pero si comparamos, la peor parte la corre el venezolano común y el país como un todo.

Hay finalmente una hipótesis trágica: que la adicción al poder del madurismo sea tan fuerte e irreversible que esté dispuesto a hundirse llevándose tras de sí a todos sin apelación ni piedad. Ojalá los más racionales terminen por imponerse.

Texto publicado en El Univeersal

 

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