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Un país sin moral ni luces donde Nicolás Maduro se sienta a aprender historia en Netflix

Elizabeth Fuentes | 1 agosto, 2019

Caracas.- Si la serie Bolívar fue lanzada por Netflix el 23 de junio y el 9 de julio Nicolás Maduro la recomendó, la alabó y hasta pidió disculpas a los productores por haberla criticado sin haberla visto, significa matemáticamente que Maduro se empujó un maratón de 60 capítulos en 16 días, a razón de cuatro capítulos diarios como mínimo. Cuatro horas diarias durante dos semanas estuvo el hombre de Miraflores sentado viendo televisión, como si no tuviese ninguna otra responsabilidad y su agenda de desocupado le permitiera semejante lujo.

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Pero lejos de caer en el trillado cliché sobre todo lo qué ocurrió en el país esos 16 días y sus horas mientras el mandatario veía Netflix o echarle en cara que solo un porcentaje ridículo de venezolanos se puede dar el lujo de pagar Netflix, porque la gracia cuesta más de un salario mínimo, si resulta sorprendente conocer que quien se dice “hijo del legado de Simón Bolívar”, uno de los supuestos dirigentes del movimiento bolivariano, el que regala la espada de El Libertador a diestra y siniestra como si fuesen regalos de despedida de una fiesta infantil, haya dicho que está de lo más conmovido y maravillado por la serie y que ha debido tener mil capítulos “porque además del entretenimiento me permitió reconectarme con la historia otra vez”.





Tan desconectado de la historia patria está Maduro- la del siglo antepasado y la de este siglo también-, que no se tomó la molestia de leer lo que la académica e investigadora de historia, la doctora Inés Quintero, escribió sobre la serie en el portal ProDavinci, donde criticó “la visión maniquea de la historia patria, según la cual los malos de la película fueron los peninsulares lo cual, finalmente, explica la decisión independentista. Una visión simplista y ampliamente superada hace ya bastantes años por las investigaciones que se han hecho sobre el tema”.

Y con la sabiduría que la caracteriza, Quintero puso los puntos sobre las íes hasta en la historia de amor rosa entre Simón y María Teresa “un idilio de telenovela que deja por fuera el arreglo económico que estuvo de por medio para la realización de la boda: una gran dote en metálico y numerosas joyas, a lo que se sumó una cantidad adicional para indemnizar a la joven prometida por tener que venir a vivir a América ya que, de lo contrario, Bolívar no podría echarle mano a su fortuna..”, toda una herejía para la pareja presidencial que solo ve en Bolívar a un héroe impoluto.

“Desde la primera escena es el héroe, el Libertador, el hombre providencial que no se equivoca, que tiene claros sus designios y que triunfa frente a la adversidad. Habla como héroe —en modo proclama—, piensa como héroe, gesticula, camina, ordena, actúa como héroe y sus recuerdos también tienen el mismo empaque”, critica Quintero. Finalmente, la historiadora asegura que “puedo garantizarles que, cuando terminen de ver esta serie-telenovela, no será mucha historia la que habrán aprendido, sino todo lo contrario“.





Pero Maduro la recomienda, la vio completa, se emocionó con el Simón Bolívar de Netflix sin saber – su especialidad-, que el actor venezolano Luis Gerónimo Abreu que encarna a Bolívar, ha sido un opositor radical no solo a Maduro sino a todo lo que ha significado el chavismo durante todos los años en que, como la serie, nos han querido imponer una realidad maniquea donde ellos son los buenos y sus opositores los malos. Y en ese macán llevan veinte años, arrinconados en sus mentiras, escondidos en Miraflores y, cuando la realidad se les pone muy dura, se cobijan en Netflix. Donde por cierto hay muy buenos documentales sobre el derrumbe del comunismo, la caída del Muro de Berlín y la caída de Hitler, otro que se creía triunfador.

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