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La Lupa

Una estafa por 15 millones de dólares une a los herederos de Oswaldo Cisneros

La familia en pleno introdujo una demanda contra Pedro Andrés Rojas Chirinos quien recibió millones de dólares por una venta que califican de fraudulenta. Poco antes de morir, el magnate le había comprado las acciones a una empresa que resultó ser un cascarón vacío, impedida legalmente de llevar a cabo ningún tipo de transacción. Rojas Chirinos alude en su defensa que es hermano de un diputado "alacrán" de AD, a quien usa como escudo para defenderse

pixabay

Caracas. A los  más de 40 abogados involucrados en la batalla por la herencia de Oswaldo Cisneros ahora hay que  agregar  otro  más, contratado por toda la familia para demandar al primer pez gordo - Pedro Andrés Rojas Chirinos,-  que ha surgido  en ese río revuelto en que se ha convertido  la lucha  por el millonario legado de Oswaldo Cisneros.

Al menos en esto, todos se han puesto de acuerdo. Rojas Chirinos es acusado de apropiarse indebidamente de 10 millones y medio de dólares en una operación que la familia del magnate califica de fraudulenta. El expediente en su contra  reposa en los tribunales, en la Fiscalía y en los organismos policiales correspondientes donde Rojas Chirinos ha sido acusado de estafa, asociación para delinquir y legitimación de capitales. 

La trama se escenificó en 2019 cuando  el presunto estafador - y probablemente alguien de confianza del empresario- aprovechó la coyuntura de un Cisneros muy enfermo,  con una  muerte cada vez más cercana y, por supuesto, la confianza en que la feroz  batalla que se desataría entre los herederos  podría contribuir a  ocultar esta movida.

En cuestión de días, Rojas Chirinos y su empresa lograron hacerse de  10 millones y medio de dólares como pago inicial por la supuesta venta de un servicio de pago digital donde la suma total era los 15 millones de dólares, pero luego de la muerte del empresario el segundo pago se paralizó y el caso pasó a tribunales. 

De acuerdo con fuentes confiables - amparadas en documentos públicos y privados-,  la sociedad mercantil SILVERLAND International Company Corp (empresa de Pedro Andres Rojas Chirinos y propietaria a su vez de TRANRED S.A. y DIGOPAY) vendió a Davine Property Inc., (empresa de Oswaldo Cisneros), las acciones de esas dos sociedades por 15 millones de dólares.

Se trataba de un negocio destinado a vender y alquilar los llamados “puntos de venta”; es decir, dispositivos digitales móviles para efectuar pagos electrónicos a través de tarjetas de crédito y débito, así como la plataforma tecnológica necesaria para ello, lo que se conoce en Venezuela como Milpagos.

Se sospecha que "alguien" de su entorno cercano logró convencer a Cisneros de que se metiera en este negocio y, a finales del año 2019, finalmente pactaron  la operación,  firmaron contrato y la empresa de Cisneros entregó la primera cuota de10.5 millones de dólares  a través del Chase Bank. 

"Pero ocurre que  compraron  un cascarón vacío", señala una fuente confiable, porque negociaron con una compañía que tenía impedimentos de hacer cualquier tipo de transacción, de acuerdo a la ley panameña.  Esa compañía, Silverland, estaba sancionada en Panamá porque no había pagado los impuestos correspondientes. No obstante, Rojas Chirinos logró engañar a  Cisneros ya que para el momento en que la vendió no podía hacerlo legalmente. Pero el vendedor omitió esa  información y, peor aún,  presentó información falsa.

Dijeron que la compañía estaba al día y solvente con el fisco panameño, cuando estaba sancionada.  Sin embargo, "recibió los 10 y medio millones de dólares y no entregó nada a cambio". Dinero que nadie sabe dónde está, como mucho del misterio que rodea la fortuna del magnate.

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Y aunque todas las empresas involucradas están registradas en Panamá, las negociaciones se hicieron en Caracas en noviembre de 2019. Y ya fue muy tarde cuando se descubrió en el Registro Público de Panamá que SILVERLAND tenía suspendidos sus derechos corporativos por falta de pago de la tasa única del Registro Público Panameño, sanción vigente desde el 3 de diciembre de 2019, de manera que para el momento de las negociaciones, y más aún, para la fecha en que Rojas Chirinos firmó los documentos, afirmando que no había ningún problema u obstáculo, SILVERLAND estaba impedida de realizar la transacción allí descrita.

Por otro lado, SILVERLAND debía hacer auditorías a sus empresas venezolanas - que suman tres- y protocolizar el traspaso de las acciones de conformidad con el derecho panameño. "Pero a la fecha nada de esto ha sido realizado por SILVERLAND y no existen explicaciones al respecto". 

Con la acusación respirando en su pescuezo, Rojas Chirinos ha echado mano, entre otras cosas, de su  hermano, Pedro José Rojas, un desconocido diputado suplente del AD de la llamada "fraccion alacrán" y que forma parte de ese "AD"  que se fabricó Bernabé Gutiérrez para hacer bulto,  porque, a todas estas, en el legítimo partido blanco nadie lo conoce  porque nunca fue militante.

Lo cierto es que, hasta ahora, la complicada situación de la familia Cisneros, enfrentada por la herencia en dos bloques conocidos - la viuda y sus hijos adoptados versus los hijos biológicos-,  había logrado que el Rojas Chirinos se confiara en que,  mientras ellos peleaban entre sí, nadie  iba  a percatarse del caso. Pero ya  descubierta la movida, el asunto pica y se extiende.

En su defensa, Rojas Chirinos  señala que siempre fue  un hombre de  absoluta  confianza de Oswaldo Cisneros:  "Asegura que es una víctima de la batalla, la voracidad y avaricia de los herederos, y alega que  es  víctima de una extorsión.", dicen los cercanos al caso. Así como también ha buscado defenderse ante los tribunales, arguyendo, entre otras cosas, que su hermano es diputado y echando mano de algunos contactos en la Fiscalía cercanos a Luisa Ortega Díaz.     

Con  una madeja de empresas registradas y  constituidas en Panamá y Venezuela, con un proceso penal en desarrollo, el  nombre de Pedro Andrés Rojas Chirinos abulta el ya complicado historial del legado de Cisneros donde  resulta muy difícil entender cómo un zorro viejo en negocios, uno de los grandes en las finanzas de América Latina, haya sido presuntamente  engañado de una manera tan fácil.

Quizás porque para Cisneros 15 millones de dólares no era un negocio muy grande, dirán algunos,  aunque otros  cercanos al caso especulan que  debe haber habido  personas de su entorno  involucradas en la transacción y  lo convencieron de hacerla. Personas que hoy son objeto de señalamientos en el tren ejecutivo de Cisneros porque, en todo este impasse, también se ha descubierto  que  hay ejecutivos que son de la predilección de cada uno de los grupos en conflicto,  ejecutivos  cuestionados por ambos grupos y ejecutivos  que no  son cuestionados por ninguna de las partes, todos los cuales conforman la quinta pata del gato que adereza esta historia que amenaza con ser interminable.



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