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Luis Eduardo Martínez: Unidad a todo evento, única garantía para sacar al país de este atolladero

El Cooperante

Luis Eduardo Martínez Hidalgo. – Converso largamente con Carlos Vecchio. Su esposa Ana Victoria, Larissa, el pequeño Sebastián y la ahora universitaria Isabel, compartimos hallacas en un encuentro marcado por sueños y desvelos comunes.

Conocí a su Papá, Rafaelito Vecchio,  apreciado líder de Copei en Caripe, cuando yo era un bisoño dirigente juvenil de AD, en un tiempo cuando la profesión de credos políticos distintos no equivalía a enemistad y en el cual imperaba el respeto y los buenos tratos entre adversarios partidistas.

No había tenido la oportunidad de tratar personalmente a Carlos pero confieso que he seguido con admiración su quehacer por un mejor país que lo obligó, después de implacable persecución, a marcharse a un destierro que hoy muchos padecen.

A pesar de que son miles que se han ido y más lo que manifiestan su deseo de probar suerte en el extranjero, la vida afuera no es fácil tanto más si, quien padece el exilio, está existencialmente comprometido con la construcción de una nueva Venezuela.

Mi primera impresión fue muy grata al ver a uno de los líderes más sobresalientes de Voluntad Popular y de toda una generación que emerge, de la mano de su mujer y con su hijo en brazos. Yo que disfruto y amo mucho a mi familia, me identifiqué inmediatamente con él.

Hablamos de las elecciones parlamentarias recientes y celebramos sus resultados, coincidimos en el papel protagónico del pueblo pero también del desempeño institucional de la Fuerza Armada. Dibujamos escenarios nacionales y regionales para el mañana con la fe que ese mañana es pronto. Fueron varias horas de tratar temas distintos, sin dejar de saborear el pan de jamón y la ensalada de gallina que en la lejanía se disfrutan más. Dificulto que existiese algún punto en el cual discrepamos pero si hubo uno donde la sincronía fue total es el del valor de la Unidad, el de la Unidad como plataforma fundamental para el cambio necesario.

No hay duda que los recientes logros han sido posibles en Unidad.  La victoria arrolladora del 6 de Diciembre es el resultado de la Unidad. En la Unidad todo, fuera de la Unidad nada, es consigna que en muchas ocasiones he escuchado que ahora más que nunca es de indiscutible obligación.

Unidad implica solidaridad absoluta con quienes son ejemplo de sacrificio en la lucha que se adelanta por la libertad y la democracia –Leopoldo López, Antonio Ledezma, Manuel Rosales, el propio Vecchio, los militares de la Plaza Altamira, Carlos Ortega, los estudiantes presos y tantos más-; Unidad exige enarbolar juntos la bandera tricolor y tras ellas, en armonía,  las de todo color; Unidad obliga a diseñar una agenda común y acciones comunes en procura de continuar conquistando espacios;  Unidad pasa por la consideración, e incluso el afecto, a todo aquel que comulga con la urgencia del cambio, enterrando diferencias y olvidando viejas rencillas; Unidad verdadera y por siempre requiere de grandeza de espíritu y nobleza de corazón; Unidad demanda sobreponer los intereses del colectivo a los personales y dejar atrás ambiciones particulares que a pocos importan.

Hay quienes proclaman que el chavismo ha muerto como muerto está Chávez. Lamentablemente no es así; el chavismo degradado en madurismo está vivo y en ejercicio del gobierno que gestiona sin escrúpulos, con ingentes recursos, organización y millones de votos en el bolsillo que, por las razones que fuesen, a pesar de la gravísima crisis que atraviesa Venezuela, se mantuvieron firmes al lado del oficialismo. La Unidad es la única garantía de sacar al país del atolladero en el cual se encuentra para que mañana el pueblo viva dignamente.

No son fáciles los tiempos por venir porque todo indica que en el oficialismo, en lugar del entendimiento y porque no –tomando la palabra que en su momento acuñaron los franceses- la cohabitación, escogieron el camino de la confrontación lo que, otra vez, solo puede enfrentarse en Unidad.

Tras el encuentro con Vecchio, vuelo de regreso a Venezuela. En el avión  leo “El Pleito de los dos Rómulos” de Rafael Simón Jiménez, con –según el autor- verdades desconocidas sobre el golpe del 24 de Noviembre de 1948 que derrocó al gobierno constitucional de Rómulo Gallegos. Me sorprendo al enterarme que dos grandes hombres de nuestra historia reciente, Gallegos y Betancourt, dejaron de hablarse por la multiplicación de intrigas y rencillas minúsculas y con su ruptura facilitaron la caída de la primera experiencia democrática venezolana. Que ello nos sirva de lección y entonces la Unidad lo sea a todo evento.

 

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