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Opinion

Valores e intereses en la política exterior de Estados Unidos de América: una breve referencia al momento actual

En un escenario ideal, se privilegiará que coincidan la satisfacción de valores e intereses. Es decir, aparentando que la decisión táctica es por razones de valor, en realidad se satisface el interés

Alberto News

Caracas/Por Belén Peraza.- La política exterior de los Estados Unidos de América se debate constantemente entre dos polos: valores o intereses. Particularmente en el período de la posguerra, bajo la égida de valores, se comenzaron a tomar decisiones relativas a promoción de democracia, derechos humanos, Estado de Derecho, promoción y protección de la libertad y la propiedad y la familia y ocasionalmente la igualdad. Significativamente, durante el gobierno de un Presidente Republicano, Richard Nixon, bajo el liderazgo del Secretario de Estado Henry Kissinger, la táctica cambió: Kissinger viajó secretamente a China, un país comunista, no democrático, aparentemente violador de derechos humanos. Negoció una cercanía que generó que tiempo después viajara Nixon, se reuniera con Mao Zedong y comenzara el inicio de un nuevo orden mundial. La racionalidad no era valores, era interés. Aliarse con China servía un interés: frenar a la Unión Soviética. Desde entonces la política exterior de Estados Unidos de América se ha disfrazado del desiderátum de valores buscando en realidad satisfacer intereses.

En un escenario ideal, se privilegiará que coincidan la satisfacción de valores e intereses. Es decir, aparentando que la decisión táctica es por razones de valor, en realidad se satisface el interés. Pero cuando ambos están en disputa, han sido pocas las decisiones que han privilegiado al valor por encima del interés. Ejemplos del triunfo del interés sobre el valor se encuentran en el genocidio de Ruanda, el apoyo a los regímenes dictatoriales de América Latina, a Musharraf en Pakistán, al Sha Reza Phalavi en Irán, a Mubarak en Egipto, a Ferdinand Marcos en Filipinas, a Suharto en Indonesia y a la familia real Saud en Arabia Saudita. En todos esos casos, entre la dicotomía de intereses y valores, privaron los intereses y no hubo forma de darle apariencia de triunfo de los valores. Ejemplos del aparente triunfo del valor podrían estar en Kosovo, Panamá, Granada y sanciones de las Naciones Unidas a Corea del Norte.

La administración de Donald Trump ha sido quizá más abierta en denotar la diatriba. Y buscando satisfacer intereses, intenta darle apariencias de que se busca privilegiar los valores. No siempre ha salido bien. Ante el desmembramiento del periodista saudita exiliado Jamal Khashoggi ocurrido en la sede diplomática árabe en Turquía, bajo el mando del Príncipe heredero Mohammed bin Salman, MBS, la administración Trump no pudo dar la apariencia de triunfo del valor y privilegió el interés, por lo cual no tomó ninguna medida en contra de Arabia Saudita. Otros ejemplos están presentes en Filipinas, donde el presidente Duterte ha promovido abiertamente escuadrones de la muerte para el exterminio de presuntos traficantes de droga, ante el silencio del gobierno americano.

En Egipto, después del golpe militar del general Al-Sisi en 2014 el gobierno de Estados Unidos de América fue silente. Ante las elecciones de Al-Sisi que han estado teñidas de reclamos por carencia de transparencia, la administración Trump ha permanecido en quietud, tanto como lo ha sido respecto a las denuncias de violaciones de derechos humanos, incluyendo las violaciones de derechos humanos de la minoría cristiana copta. Igualmente es digno de mencionar las elecciones presidenciales de Honduras, donde a pesar de los reclamos y protestas derivadas de la fuerte apariencia de fraude electoral, la administración Trump hizo mutis a su micrófono para criticar y/o sancionar al supuestamente elegido Juan Hernández.

Quizá no deba ser sorpresa que la administración Trump privilegia los intereses frente a cualquier alternativa. Una lectura rápida del libro emblemático de Donald Trump, el Arte del Acuerdo, deja claro que para el Sr. Trump la consecución de objetivos justifica los medios. Explícitamente y con ejemplos de su época de constructor, indica que su enfoque es transaccional y rápido. Todo se resumen así: qué logra a cambio de qué y con cuan rapidez. Si no hay nada tangible que logre del trato y si toma mucho tiempo, pasa a una siguiente agenda. Si puede lograr el mismo objetivo a bajo impacto o bajo costo, el camino menos impactante y menos costoso será el triunfante. En su campaña electoral en 2016, ya Trump destacaba su poco apego a los valores. Categorizar a todas las personas de cierta nacionalidad como violadores o a ciertos géneros como débiles y presas sexuales, apuntaba en esa dirección.

En funciones de poder, haber promovido expulsiones masivas de personas inocentes que habían migrado a Estados Unidos y haber separado familias de inmigrantes y encarcelado a menores, amén del apoyo de protestas de grupos racistas, dejaba más evidente que su leit motiv no es valores, sino pura y simplemente intereses, en particular los suyos. Cuando es posible que una decisión aparezca bajo el paraguas de una razón de valores, se hace, pero solo si el interés está satisfecho. En ese continuum, el Sr. Trump ha sabido manejar la tendencia humana al “pensamiento grupal”. Cuando asume la bandera de los evangélicos y les otorga algo a cambio, como lo relativo al control de natalidad, fomenta su emocionalidad y logra un apoyo irrestricto, a pesar de que in pectore e incluso pública y abiertamente,el Sr. Trump es una persona muy alejada de lo que el manual religioso cristiano postula (vgr, tres matrimonios, escándalos sexuales, divisorio, vengativo, vulgar, mentiroso, etc).

Este estándar puede usarse para medir muchas realidades actuales de la política internacional, desde los más complejos hasta los más pueriles. En algún lugar de esa gama debe estar Venezuela. Si Trump es una persona transaccional que se mueve solo por interés y no por valores, ¿cuál es su interés en el país sudamericano? Un lugar común es decir que su interés es el petróleo. Pero eso es solo eso: un lugar común. Estados Unidos de América tiene ahora tres circunstancias que no tenía antes: 1. Exporta petróleo. Como consecuencia de las tecnologías de fracking, Estados Unidos de América está en condiciones de autoabastecerse y de exportar petróleo. 2. Reemplazo energético. Por diferentes razones, tecnológicas, económicas, climáticas, han surgido cada vez más alternativas energéticas limpias que no requieren de petróleo, como se puede evidenciar de cualquier paseo por cualquier ciudad: carros eléctricos, planchas solares, etc. Eso incluso ha generado la caída de las capitalizaciones de mercado de compañías emblemáticas como EXXON, que en días recientes salió después de más de noventa (90) años del índice bursátil de DOW JONES. 3. Los precios del petróleo. En lugar de aumentar, los precios del petróleo han tendido a disminuir.

En el mundo de antes, el interés de Estados Unidos de América hubiera podido ser por el petróleo, para usarlo y para disminuir el precio. Hoy no. Por el contrario, en un mundo donde Estados Unidos de América exporta petróleo y donde el negocio petrolero cada vez más parece tener cerca la fecha de expiración, el interés pareciera ser por menos oferta petrolera.  Menos oferta petrolera hace que los precios se mantengan en un punto de relativa ganancia para el nuevo exportador, mientras la industria petrolera aún es rentable. Dicho en palabras más drásticas, el interés de Estados Unidos de América con el petróleo de Venezuela en el momento histórico actual es otro: que Venezuela no exporte más petróleo.  Paradójicamente, ese también es el interés de otro exportador de petróleo que pareciera estar en lados opuestos de la política venezolana: Rusia.  En un estado mental de teoría de conspiración quizá se podría aseverar con posibles rasgos de exageración que la crisis de Venezuela beneficia a las empresas petroleras multinacionales, incluyendo por supuesto las americanas. Otro lugar común sobre el interés de Estados Unidos de América en Venezuela es que es parte de su patio trasero. Sin embargo, en el esquema transaccional donde el objetivo estratégico es lograr que Estados Unidos de América (de manera históricamente equivocada llamada América) esté de primero, la administración ha abandonado explícita e implícitamente “patios” que no generaban ningún beneficio en la transacción. Como ejemplos: la retirada del Tratado de la Alianza Transpacífica (TPP), la retirada de tropas de Alemania, la retirada del apoyo a los Kurdos.  La llamada alianza oriental Otro lugar común sobre el interés de Estados Unidos de América en Venezuela es que es parte de su patio trasero. Sin embargo, en el esquema transaccional donde el objetivo estratégico es lograr que Estados Unidos de América (de manera históricamente equivocada llamada América) esté de primero, la administración ha abandonado explícita e implícitamente “patios” que no generaban ningún beneficio en la transacción. Como ejemplos: la retirada del Tratado de la Alianza Transpacífica (TPP), la retirada de tropas de Alemania, la retirada del apoyo a los Kurdos.  La llamada alianza oriental, compuesta inicialmente por China y Rusia y luego también por Irán y Turquía ha ocupado espacios en lo que eran zonas de influencias en Estados Unidos de América, como en Siria, Hong Kong, Yemen, Crimea, Bielorrusia y quizá próximamente en Chipre. Estados Unidos de América ha perdido esos “patios”, y no ha hecho intentos de recuperarlos con invasiones.

Todo lleva a algo más específico: las elecciones. En el sistema electoral de Estados Unidos de América cada vez más se nota el llamado “excepcionalismo” del país, pero en sentido negativo. (antes se utilizaba la referencia “excepcionalismo” para destacar como frente al caos y oscuridad en el mundo, Estados Unidos de América, era el orden y el brillo). En democracia asume la jefatura quien tenga la mayoría de apoyo. Allí está la excepcionalidad. En Estados Unidos de América no es así. En los últimos veinte (20) años ha asumido la presidencia una persona que no ha tenido la mayoría de los votos, en dos (2) ocasiones. La última fue en el año 2016, cuando Donald Trump fue superado por tres (3) millones de votos populares. Sin embargo, la figura de los colegios electorales, consagrada en la Constitución con una motivación histórica ya inexistente, permitió que dentro del marco legal asumiera la presidencia. Donald Trump logró de esa forma asumir la presidencia con el apoyo de cuarenta y cinco (45%) de la población. Que en la historia de la humanidad se ha visto una y otra vez que el gobierno de la minoría sobre la mayoría nunca termina bien, puede ser un oxímoron. Pero no solo es eso lo que sucedió en 2016, es eso lo que ocurre actualmente cuando el Presidente Trump no hace amagos de inclusión al otro cincuenta (50%) por ciento electoral, y es posible que ya probado el experimento, sea lo que suceda en 2020. No importa si el otro candidato supera a Trump por veinte (20) millones de votos populares. No importa si Trump no obtiene ningún voto de California, Oregón, Nueva York o Massachusetts, siempre que gane más de doscientos setenta (270) votos electorales. Si luego, en el escenario de confrontación y protestas actuales, la mayoría de votos populares se rebela y ocurre lo que siempre ha ocurrido en la historia cuando la minoría gobierna a la mayoría, es un tema para otra entrega.

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De esta forma pareciera que lo de Venezuela no es por valores, por la democracia, por los derechos humanos, por combatir la corrupción, por ser misericordioso con un pueblo sufriente. Pareciera que es por interés. Pero no los que se pensaban. Pareciera que es porque no haya más oferta que baje los precios de petróleo y haga desaparecer una industria que además es una de las que hace lobby de manera más eficiente en la política de Estados Unidos de América. Pareciera que el interés es por obtener los votos en un condado de uno de los Estados que puede generar los doscientos setenta (270) votos de colegios electorales, Florida.  Con veinte nueve (29) votos en el colegio electoral, Florida es uno de los esenciales para ganar. En las elecciones del año 2000, la disputa por los votos de Florida llevó la elección ente Bush y Gore a la Corte Suprema de Justicia con una dilación del resultado electoral de casi dos (2) meses. Hoy, Trump necesita cada voto de ese Estado. También necesita el “lobo” de un ejemplo socialista fracasado. Mientras mantenga vivo al experimento sudamericano puede jugar al “branding” del contrincante endilgando la etiqueta de Venezuela a toda la propuesta progresista del ala izquierda del partido demócrata y con ello emocionar por reacción a su base e intentar mover a los indecisos, si existen. Pero en la mentalidad transaccional de Trump, ¿amerita una invasión militar el logro de esos objetivos? ¿se pueden conseguir de una manera más eficiente, más fácil, más rápida y menos costosa? ¿Puede Trump manipular, así como ha manipulado a los evangélicos, a los campesinos, a los conservadores haciéndoles creer que es uno de los suyos? ¿Le seguirá importando a Trump el tema venezolano después de las elecciones, si gana? Mientras se mantenga la imagen de interés por Venezuela, donde cada uno asume que el interés es el que le sea relevante, casi todos ganan. Trump habría ganado el apoyo de los votos latinoamericanos de Florida ansiosos de medidas drásticas en contra de los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Habría logrado mantener el “lobo” para antagonizando con el ala izquierdista del partido demócrata, convencer a los votos Mientras se mantenga la imagen de interés por Venezuela, donde cada uno asume que el interés es el que le sea relevante, casi todos ganan. Trump habría ganado el apoyo de los votos latinoamericanos de Florida ansiosos de medidas drásticas en contra de los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Habría logrado mantener el “lobo” para antagonizando con el ala izquierdista del partido demócrata, convencer a los votos indecisos. Las empresas petroleras norteamericanas, debido a una menor oferta, habrían logrado evitar un colapso de los precios de petróleo y así poder mantener rentable una industria que, ante la aceleración de la competencia de la energía limpia, ya comienza a ver que el fin se aproxima. Los lobistas de esas industrias podrían mostrar un proyecto exitoso. Y los venezolanos…

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