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Venezolana enferma en España: “El Gobierno de Nicolás Maduro me condenó a muerte”

El Cooperante | 15 noviembre, 2018

Caracas.- Beatriz Nicolás, es una venezolana que, como muchos, han tenido que emigrar del país en búsqueda de conseguir el tratamiento y la atención necesaria para su enfermedad.

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El sistema de salud en Venezuela sufre un gran deterioro, pues en la actualidad escasean los medicamentos y los insumos médicos para tratar cualquier patología, hasta la más sencilla, una crisis que aunque el Gobierno de Nicolás Maduro trate de ocultar y negar, causa la muerte de venezolanos a diario.

El diario El País reseña la historia de Beatriz Nicolás, quien sufre una fibrosis pulmonar y se encuentra viviendo en el albergue para personas sin techo Puerta Abierta, ubicado al sur de Madrid junto a la autopista M-40, pero en el 2017 abandonó todo en Venezuela para buscar en España el nuevo pulmón que le permitiría vivir. Sin embargo, hasta los momentos no ha podido lograrlo, sino que ha terminado en un lugar que tiene que compartir con toxicómanos y personas con problemas mentales.

“No quiero regresar a un lugar tan tétrico. Ya el Gobierno venezolano me condenó a muerte, pero, por favor, déjenme morir dignamente, se lamenta Beatriz.


La venezolana dejó el país el pasado 6 de julio de 2017 junto a 32 personas que también se encontraban en silla de rueda en el aeropuerto internacional de Maiquetía. Al recordar el día en que abordó un avión de Air Europa con destino Barajas aseguró que ese día “éramos un hospital volando”.

En ese entonces, Nicolás tenía 51 años y había ejercido como profesora de Historia de la Arquitectura y empresaria de Bisturí. Aquel día llevaba su pasaporte francés, nacionalidad que heredó de su padre, y todos sus ahorros tras vender su casa en Barquisimeto. Tenía el propósito de que la examinara el doctor Ferrán Morell en su consulta de Barcelona, después de que su neumóloga venezolana le advirtiera que se iba del país o moría.

Hace 15 años, contrajo un asma bronquial que le hizo toser hasta sangrar y que no pudo tratar por la falta de medicinas. Con el transcurso de los años fue diagnostica con fibrosis pulmonar, que solo puede ser curada con un trasplante de pulmón, una operación imposible en Venezuela por el precario sistema de salud.

Durante su viaje a España, se le vaciaron de aire los pulmones debido a la presión atmosférica y tuvo que ser atendida con una de las bombas de oxígeno para emergencia que tenía el avión. Al aterrizar una ambulancia la esperaba para pasar un mes en un hospital, aquejada de un neumotórax, una filtración de aire entre el pulmón y la caja torácica.

Cuando por fin tuvo el alta pudo instalarse en el apartamento de Sanchinarro de un antiguo compañero de la universidad, Jonathan Betancur, pero perdió su cita con el doctor Morell en Barcelona, además del dinero del tren AVE.

En ese momento, se percató de que sus ahorros habían menguado drásticamente ante el alto costo de las medicinas y el gasto en electricidad de unos 500 euros al mes de la máquina de oxígeno. Logró vivir un año en la casa de su amigo, pero este también lo perdió todo por una deuda y tuvo que irse a vivir hace dos meses y medio fuera de Madrid con un familiar.

Beatriz, quien estudió tres carreras: arquitectura, informática técnica y publicidad, se dedicó los últimos 20 años a cuidar a sus padres enfermos, quienes murieron por falta de medicinas en Venezuela. Su madre en 2011 por falta de calmante para una enfermedad del hígado y su padre en 2014 por falta de suero fisiológico para recibir medicación intravenosa.

La venezolana explica que pasa miedo y que ha sufrido agresiones por parte de algunos residentes. En el momento que sale de su dormitorio compartido se asfixia con el humo que circula por el ambiente, ya sea por el cuarto de baño o el que entra al lobby desde la puerta del centro, donde se reúnen varios residentes a fumar.

Entrada al albergue madrileño Puerta Abierta, donde Beatriz Nicolás ha sido derivada por los servicios de atención a los sin techo del Ayuntamiento de Madrid. VICTOR SAINZ

 

Además, se queja de que los trabajadores la obligar a seguir el mismo régimen que el resto de los residentes, pese a encontrarse enferma, incluso, ha sido “castigada” por no acatarlas reglas. Nicolás no debería moverse porque pierde oxígeno, pero le exigen salir del cuarto a las diez de la mañana cada día durante el horario de limpieza. Mientras la dirección del albergue asegura que el aislamiento no la ayuda y que está más segura en un área común vigilada.

Como otros venezolanos en albergues de Madrid, Beatriz siente remordimiento a la hora de ser crítica con la ayuda que ha recibido, pues piensa que el sistema benefactor español es “extremadamente generoso”, a pesar de todo: “Aquí tengo comida, techo y calefacción. En Venezuela estuviera muerta hace rato”.

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