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Opinion

Venezuela 2021: Las razones que obligan al chavismo y a la oposición a negociar

El gobierno tiene dilemas más pronunciados que la oposición sobre acceder a una negociación

Caracas/Por Jesús Seguías: ¿Nicolás Maduro, después de derrotar a Trump, tiene interés y razones para negociar? Sin duda hay nuevos escenarios para la negociación ¿Pero cuál es el incentivo para Maduro? ¿A qué le teme realmente Maduro? En todo caso, es aconsejable que no se confundan con Biden.

Lea también: Cabello asegura que maduro no presentaba su Memoria y Cuenta en la AN «porque estaba en desacato»

Las razones que obligan al gobierno a negociar.

En anterior análisis, reprodujimos una frase lapidaria de Elliot Abrams, el enviado de la casa Blanca para el caso Venezuela: “Esto va a terminar en una mesa de negociación… y se va a negociar con los que están allí, no con los que uno quiera”.

Muchos opositores venezolanos, quizás la mayoría, piensa que el gobierno de Nicolás Maduro no tiene ningún interés en negociar y que, de hacerlo, se burlará una vez más de la oposición. Por supuesto, hay una experiencia acumulada que sirve de soporte para este razonamiento.

Sin embargo, sostengo que las condiciones actuales no se parecen a las anteriores. Dos razones lo evidencian: La primera. La crisis del país adquirió una dimensión colosal que no se asemeja ni siquiera a la de hace un año. La pandemia del Covid 19 llevó el caos a un nivel más profundo, y este año será peor de no haber un viraje radical lo antes posible. Y ese viraje implica resolver muchos cuellos de botella respecto a los inversionistas que deben acudir al rescate de Venezuela, y eso pasa por negociaciones que trascienden el ámbito empresarial.

La segunda razón. En este momento, a diferencia de Santo Domingo y Barbados, para que sea exitosa una negociación ésta debe contar como garantes de los acuerdos a las 4 grandes potencias del mundo: China, Rusia, Europa y Estados Unidos, lo cual haría muy difícil la violación de los acuerdos. En santo Domingo, los garantes eran pequeños países. En Barbados, los noruegos estaban casi solos.

Sin embargo, existe otro razonamiento de alto calibre para quienes perdieron las esperanzas en una salida negociada. Dicen: “¿Cuál es el incentivo que tiene Nicolás Maduro para negociar, tomando en cuenta que salió victorioso ante Trump y los opositores en su empeño por sacarlo del poder, y que aun sigue contando con el apoyo de China y Rusia?” Sin duda Maduro se siente en ventaja. De hecho, Trump salió primero del poder que Maduro.

¿Entonces cuál es la razón que podría tener Nicolás Maduro para negociar, y cuál es el enemigo al cual pudiera temerle? Está muy claro: son las 7 mega crisis que venimos mencionando, especialmente la económica. Son ellas las que amenazan realmente su estabilidad y permanencia en el poder ¿Significa entonces que “si el sistema se hunde, hay que hacer peso para que se hunda más rápido”? Pues no es tan así de sencillo.

Es posible que la agudización de esas mega crisis podrían conducir a una implosión del mismo gobierno. Pero las consecuencias no serían a beneficio de las fuerzas opositoras, cuyos poderes de coacción en Venezuela son prácticamente inexistentes como para incidir de manera determinante en un desenlace de este tipo. Lo que podría ocurrir a continuación sería proceso de auto disolución de la nación, dividiéndose en tantas parcelas como grupos de poder armado existan.

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Sería lo más parecido al infierno, y donde sólo una intervención de tropas internacionales podrían convertirse en una hipotética solución. Pero para que algunos países, o las Naciones Unidas, se motiven a intervenir militarmente en plena crisis de Pandemia tiene que ocurrir una catástrofe superior a la de Siria, con decenas de miles de muertos en las calles. Aun los sirios están esperando esa intervención tras varios años de conflicto sangriento, con más de 60 mil muertos a cuestas.

Obvio, en este escenario de implosión y posiblemente desmembramiento del territorio nacional no está contemplado en absoluto entregarle el poder a la oposición (empezando porque habría que definir quiénes son los representantes de la oposición, y a cuáles reconocerían como tales los actores que dominan el conflicto). Para decirlo en términos coloquiales, éste sería un pleito entre chavistas y donde la oposición no tiene velas en ese entierro.

Uno de los mitos que han creado algunos opositores es que “solos no podemos derrotar al chavismo, por tanto es necesaria la intervención militar internacional”. Esa conclusión tan simplista para un político conduce a otra interpretación más simplista aún: si no hay intervención militar internacional (como evidentemente no la habrá) tácitamente estos “líderes” lo que están es informando de su claudicación y renuncia como políticos, abandonando a su suerte a los venezolanos que han creído en ellos.

Pero el anterior mito (prohibido para políticos verdaderos) se complementa con otro mito más: el chavismo gobernante es un cuerpo perfecto, todopoderoso, nadie los puede derrotar, son homogéneos, nunca dejan fisuras, ni brechas, ni rendijas. En fin, los chavistas deben ser extraterrestres. Nada parecido a la imperfecta y pasionaria especie humana.

Por supuesto, esta es una garrafal lectura acerca del adversario. Los chavistas que están en el gobierno tienen, además de las mismas virtudes, las mismas contradicciones y miserias humanas que tienen los opositores, las misma ambiciones de poder, las mismas protestas internas, las mismas incompetencias, las mismas zancadillas, chismes, picardía, mentiras, los mismos conflictos éticos, y las mismas ganas de cortarle la cabeza al que está más arriba. Ambos son muy venezolanos en tiempos de confusión y zozobra.

Pero hay tres diferencias sustanciales entre la dirigencia chavista y la dirigencia opositora: La primera es que una está al mando del poder real, y la otra lleva más de 20 años tratando de conquistarlo infructuosamente. La segunda es que los chavistas, en medio de sus imperfecciones, han sido más inteligentes en las batallas que los opositores, pues buscan pelear en el terreno donde son más fuertes (principio fundamental del poder) y lograron el milagro de hacer que los opositores también peleen en el terreno del gobierno, abandonando los escenarios donde son fuertes (insólito pero verdadero). Y la tercera es que los chavistas tienen tantos problemas internos como la oposición, pero -a diferencia de los opositores- han sido más inteligentes en canalizar sus fisuras, y han respetado el otro principio del poder: ante la amenaza externa, unidad interna.

Entonces los chavistas son tan imperfectos como los opositores, por tanto no son todopoderosos, están enfrentando graves problemas como gobierno y como partido, y siempre están mostrando fisuras, rendijas que la oposición debe aprovechar con mucha inteligencia política, y un poco de sentido común.

Ahora bien, Maduro no es Kim Jon Un (el dictador norcoreano) como para tener un control absoluto y férreo del poder (y estimo que no lo será jamás por varias razones). El chavismo son muchos intereses creados, y cuya homogeneidad actual está amalgamada sólo por las amenazas externas del momento.

Hasta ahora Nicolás Maduro conserva el mayor liderazgo, sin duda, y sigue creciendo su influencia y poder en lo interno del chavismo. Pero que el presidente de la nueva AN (la electa el 6D) haya sido Jorge Rodríguez y no Diosdado Cabello es revelador de cómo se está moviendo el tablero en lo interno del chavismo. Más aun, ya hay dos tendencias claramente visibles.

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La primera es la tendencia definida como la “moderada” o, para decirlo en los términos de la otra tendencia, la que “traicionó al proyecto originario de Chávez”. Esta tendencia es dirigida por Maduro, los hermanos Rodríguez y los militares encabezados por Vladimir Padrino. Esta tendencia está buscando llevar a Venezuela al modelo chino (“Una nación, dos sistemas”). Es decir, una economía abiertamente capitalista conviviendo con un estado socialista. China lo logró ¿podrá lograrlo Maduro?

La otra tendencia es la definida como la del “4-F”, es decir, la del chavismo originario de Chávez, o para decirlo en los términos de la otra tendencia, son la “izquierda trasnochada”, los “radicales”. Esta la dirige Diosdado Cabello, Iris Valera, y posiblemente haya entendimiento con Rafael Ramirez y Elías Jaua (estos fueron los primeros defenestrados por Maduro). Cabello ha venido perdiendo poder poco a poco. Todos los militares de la promoción de Cabello fueron pasados a retiro, y ahora le quitaron su último poder personal: el control del parlamento.

Ahora bien, si el propósito del gobierno es aplicar el modelo chino en Venezuela para superar la crisis, eso será muy difícil de concretar mientras prevalezcan las sanciones y el rechazo de 60 países clave de la comunidad internacional. Los chinos lograron su éxito gracias al buen entendimiento que hubo con la comunidad capitalista internacional, lo cual condujo a grandes inversiones occidentales en China. De no haber sido por la audacia y determinación de Deng Xiaoping hace 40 años, jamás China hubiese logrado el éxito que luce hoy día. Maduro aun no cuenta con ese apoyo clave.

Sin duda, el nuevo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, cambiará la torpe estrategia de Trump respecto a Venezuela. Se prevé una gran sinergia entre los Estados Unidos, Europa, el Vaticano, y todo el Grupo de Lima para negociar una salida electoral en Venezuela, quedando descartada la expulsión previa de Maduro del poder como condición para negociar. El “Cese de la Usurpación” feneció, lo cual libera el juego atascado. Las realidades se impusieron.

Pero es aconsejable que el gobierno de Maduro no se confunda con Biden. La suspensión de muchas sanciones sólo será a cambio de concesiones tangibles e importantes. Trump y Biden tienen profundas diferencias políticas, pero hay algo en lo que ambos coinciden plenamente, al igual que los demócratas y republicanos: en Venezuela debe existir un juego democrático transparente. Así que no queda otra alternativa que sentarse a negociar.

Las razones que obligan a la oposición a negociar.Si ya no hay espacio para un cambio de gobierno a través de insurrecciones civiles y militares, ni para una intervención militar internacional, y si, por el contrario, toda la comunidad internacional (la mayor fortaleza con que cuentan quienes quieren un cambio en Venezuela) está exigiendo negociaciones para ir directo a un desenlace electoral (pasando la página del "Cese a la Usurpación”), entonces ya no le queda más salida a la oposición que asumir las realidades y proceder en consecuencia. Nada más que decir al respecto. Los buenos entendedores no requieren muchas palabras.

Ocho puntos clave para la negociación. A simple vista, estarán sobre la mesa de negociaciones 8 elementos clave para solucionar la crisis política de Venezuela a través de elecciones:

  • Conformar un nuevo organismo electoral que sea equilibrado, por tanto confiable.
  • Un cronograma electoral consensuado. (Este será uno de los puntos más álgidos, pues el gobierno exigirá respeto a los procesos electorales ya realizados, y la oposición exigirá repetir elecciones presidenciales y parlamentarias).
  • Observación internacional en todos los procesos electorales convocados hasta 2024.
  • Respeto absoluto de los resultados por parte de los actores. (En este punto quedan incluidos temas como el de los “Protectores del Pueblo”, la equidad en la distribución de recursos para gobernaciones y alcaldías, y otros).
  • Libertad de los presos políticos (civiles y militares).
  • Restitución de las garantías de los partidos políticos intervenidos por el Tribunal Supremo de Justicia.
  • Nadie, ni el gobierno ni la oposición, actuará al margen de la Constitución Nacional. Los abusos de poder y violación de derechos humanos, así como las opciones insurreccionales para producir cambios de gobierno deben quedar proscritos.
  • Suspensión o cese definitivo de las sanciones internacionales.

Debe existir 5 garantes internacionales de los acuerdos: China, Rusia, Comunidad Europea, Estados Unidos y el Vaticano. Estamos frente a potencias mundiales con alto poder vinculante, de manera que no será fácil para ninguno de los actores venezolanos violar los acuerdos.

Este es el nuevo tablero. El gobierno tiene dilemas más pronunciados que la oposición sobre si le conviene negociar o no. Confío que se impondrá la inteligencia política y el amor por Venezuela. Sin duda, el chavismo tiene más juego para resistir que la oposición. Pero ambos factores están en deuda con la nación y están obligados a entenderse para poner a funcionar de nuevo al país. Los venezolanos quieren soluciones de inmediato, y no están dispuestos a esperar que los políticos se pongan de acuerdo. Cada quien es arquitecto de su destino.

Mañana: Nuevos actores tomarán la iniciativa

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