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“Hoy vivimos una oleada ridícula de cinismo promovida por seudopolíticos y politicuchos”

Carlos Raúl Hernández

Caracas, 26 de noviembre.- Sistemáticamente se advirtió al activismo opositor el riesgo de llamar a desórdenes callejeros, porque eran la justificación perfecta que usaba la voluntad totalitaria para desmontar el andamiaje democrático. Que la política consistía en acumular capital para lograr el cambio, el regreso a la ley y el orden, y esa acumulación avanzaba satisfactoriamente. Fue incomprensible que en 2014 por ingenuidad, ignorancia y terquedad, se produjera el intento misterioso, esotérico, de sacar al gobierno con una insurrección de adolescentes desarmados. Quienes la encabezaron no habían aprendido de su terrible etapa de chascos con acciones parecidas hasta 2006. Resultado trágico: cientos de heridos y detenidos, Machado fuera de la Asamblea, López y Ledezma presos, fuera de juego, y pérdida de alcaldías, entre ellas la Metropolitana. La alianza opositora no puso orden a tiempo a tales arranques.

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Los dejó hacer aunque mantuvo un sordo malestar y de vez en cuando enviaba recordatorios. Luego del fracaso y de 30 muertes, nadie les enrostró su falta de responsabilidad mínima para dirigir una fuerza política, menos un país, y la Unidad quedó golpeada pero en pie. Algunos querían expulsarlos, pero privó la moderación y los trataron como a compañeros equivocados. Lo ocurrido se atribuyó a una “conciencia ingenua” que el debate podría cambiar, buena fe que les permitiría entender sus errores a partir del descalabro. A diferencia de tales expectativas, en 2016 la enajenación recibida contagia a otros libres del virus y vienen dos años deleznables. 130 muchachos muertos, seis alcaldes fugitivos o presos, dos gobernadores destituidos e inhabilitados, cientos de arrestos y heridos, y una constituyente, cosas que pudieron prever los estrategos porque ese es su trabajo, y es descabellado culpar a Zapatero.

Maestro inmortal

La cadena de acciones incalificables, los actos de insensatez han sido en estos 19 años una auténtica desgracia. Pero las consecuencias del fracaso hoy son distintas porque los artífices, ante su hundimiento, su nuevo y rotundo cataclismo, reaccionan con violencia fría y como hienas se lanzan al cuello de quienes los dejaron hacer, no los enfrentaron como debían y más bien pecaron por omisión. Llovieron monstruosidades, calumnias, suciedades, mentiras, canalladas sobre Manuel Rosales, -que ahora tiene que defender al Zulia-, Henry Ramos y Henri Falcón, por no haber militado en la idea de lanzar la gente a la calle a ver qué les pasaba. Viven en el peor de los mundos pues siempre engañan y también siempre están engañados. En Crítica de la razón cínica, Peter Sloterdijk afirma que cualquier debate o propósito de intercambio intelectual con la razón cínica es inoperante porque “…ellos saben lo que hacen y por eso lo hacen”.

No pueden entender lo más elemental, ni por eso discutir de política y ante la incapacidad para procesar planteamientos, como inquisidores se refugian en la comedia moralista, en las purgas “…usan la honestidad como ejercicio de la más sofisticada falta de honradez”. Son prepolíticos y como tales no tienen adversarios ni competidores sino enemigos, a quienes deben purgar. La biografía del cínico es la descripción del esfuerzo por cerrar la contradicción entre la práctica deshonesta y el discurso honestófilo. Son la “…falsa conciencia consciente” que engaña porque… “tiene por objetivo la destrucción con fines particulares, oscuros, turbios, con un lenguaje que exalta la ética y el patriotismo”. Son revolucionarios de izquierda o de derecha, y por aquí lo practican los dos, producto de la enseñanza de Chávez su gran maestro subliminal común.

Autogoles

En los mitos de la cultura, sus arquetipos -Caín, Don Juan Tenorio o Yago- son los que hacen daño a mansalva con objetivos torvos, se encubren tras engaños y grandilocuencia, y reciben los castigos terribles. Aquí ferozmente cubrieron de anatemas y calumnias a quienes propusieron “el diálogo” para buscar salida a la crisis. De pronto dicen que están de acuerdo con él, y como si tal cosa hacen suyas las mismas proposiciones por las que encanallaron a otros. Así derrumbaron la oposición que muy posiblemente no vuelva a ser como se la ha conocido. Sloterdijk propone diferenciar el cinismo de su contrario, el kynismo, la reacción popular que desacraliza y se burla de los cabecillas irresponsables con anécdotas, rumores y chistes (ahora memes). Evidencia baja estima por la retórica hueca, las simulaciones éticas y las alocuciones destempladas.

Hoy vivimos una oleada ridícula de cinismo promovida por seudopolíticos y politicuchos menores con agallas pero sin votos ni talento, con juicio de peluquería unisex. Un circo de tesejotas y gobiernos en el exilio, la mujer barbuda y el tragafuego, proyectos de gabinete o clubes políticos cuyas nóminas harían temblar de pavor al padre Lankester Merrin, que enfrentó al maligno Pazuzu en El Exorcista. Incendiaron la esperanza para quedarse con los escombros, y tal vez terminen entre los escombros. Luego del remolino la oposición real es la que tiene partidos, gobernadores y alcaldes. Compraron todos los números de una eventual intervención externa, cuesta arriba porque carecen de fuerza, de criterio y solo tienen capacidad para calumniar. Carecen de aptitud hasta para llevar un carrito de heladero, que chocarían en el acto. Lo que la Unidad les dio, lo perdieron, porque se les cae la pelota o se meten autogoles.

Texto publicado originalmente por El Universal.

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