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La Lupa

¿Y si votamos por un animal?

El gobierno mete a la oposición en su trampa perfecta, pero si el PSUV "gana" la Asamblea Nacional, se le devolverá la trampa porque nadie la va a reconocer. Ni los organismos financieros ni los países serios se dejarán meter gato por liebre. ¿Qué hacer?, como diría Lenin, ¿Votar por un alacrán?

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Caracas.- Otra vez el gobierno de Nicolas Maduro repite lo único que mejor sabe hacer, la herencia perfecta que le dejó Hugo Chávez para mantenerse en el poder aun con todo el país en su contra: construir sofisticadas trampas electorales a los venezolanos de modo que, hagamos lo que hagamos, siempre saldremos perdiendo y el chavismo ganando.

Basta recordar aquella vieja práctica de Hugo cuando, con menos votos, el PSUV obtuvo más escaños en la Asamblea Nacional, para entender las nuevas y groseras maniobras de Maduro y su combo, quienes además de inhabilitar partidos y dirigentes de la oposición, robarse las siglas y los bienes de los que quedaron en pie, logró finalmente imponer un Consejo Nacional Electoral a su medida, habitado por varias réplicas de Tibisay Lucena en cargos fundamentales, con el único objetivo de impedir que cualquier rector o rectora repita el gesto aquel de Sandra Oblitas en 2015, cuando se pasó el dedo por el cuello para avisar que los habían raspado en la gesta electoral.

Para que no salgamos a votar han hecho todo y más. Cualquier abuso y maniobra han sido calculados milimétricamente para sembrar en la oposición, que es la mayoría del país, la certeza de que ir a votar es perder el tiempo, que cualquier voto será convertido en un voto para el PSUV y , lo peor de todo, que salir en masa frente a los centros electorales sólo serviría para consolidar esa trampa donde los miles de votantes en las colas pasaríamos a ser extras gratuitos de la gran superproducción que aspira estrenar Miraflores en diciembre.

Pase lo que pase y tal como ocurrió en mayo del 2018, saldrá la réplica de Tibisay a anunciar los resultados, todos inflados, casi todos mentira, que le darán una mayoría absoluta al gobierno. Hasta aquí, todo es previsible y por tanto, ante el dilema de votar o no votar con las actuales condiciones, ganaría el no salir a votar.

Pero en la acera de enfrente hay una pancarta con el gran dilema: no salir a votar será, como ha sido, una gran nada en términos de cosecha política. Que hasta la Conferencia Episcopal Venezolana nos ha animado a salir en masa para derrotar a punta de matemáticas a un gobierno empequeñecido y sin agarre popular. Que si nos quedaremos en las casas, como hasta ahora, el gobierno volverá a ganar.

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Pero se volverá a repetir el fracaso oficial anunciado: la comunidad internacional, la OEA, el Grupo de Lima y demás etcéteras, no reconocerán los resultados y esa AN pesuvista será el correlativo perfecto de Nicolas Maduro, un poder legislativo sin legitimidad que no va a generar la confianza necesaria para los auxilios financieros que el gobierno necesita con urgencia.

De modo que si bien Maduro hizo lo imposible por deslegitimar a la actual AN y buscó convertirla en algo invisible, armando una ANC que ahora diluye de un plumazo, a partir de enero se tendrá que tomar su propia medicina porque esa AN elegida con trampa sufrirá también el rigor del poder planetario y no habrá Fondo Monetario Internacional ni BID que les haga caso ni les preste un céntimo. Y todo esto sin descontar que aún no sabemos en qué estado estará la pandemia de aquí a diciembre o- no hay enemigo pequeño-, qué tanto daño le podría hacer al régimen la aparición de ese nuevo bloque de izquierda, armado con el PCV y el PPT, que podría acaparar las simpatías de obreros, chavistas arrepentidos y funcionarios públicos con un discurso robado al chavismo - la victimización de los olvidados de la tierra-, siempre tan empático en un país donde la pobreza ya asciende a más de 80%.

En este berenjenal y tu tic tac ascendiente a medida que se acerca diciembre, quizás valdría repetir la historia de Estados Unidos o Brasil, donde en alguna oportunidad lanzaron a un burro y a un cochino como candidatos, solo para dejar por sentado que las elecciones eran una burla. De manera que si el gobierno continúa en su estrategia de meternos gato por liebre, quizás algún grupo político legalizado debería lanzar una gallina o el burro aquel que pasearon por una estación de bomberos. O mejor aún, un alacrán, un grupo electoral de lo más conocido al interior de la AN y que, hasta ahora, logró su primer cometido político arrasando con algunos de PJ y VP.

A estas alturas, Venezuela sería capaz de votar por quien sea distinto a Maduro y los suyos, esos que destruyeron el país y lo siguen destruyendo pero la única salida posible que vislumbran es continuar en Miraflores.



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